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La vida no es fácil para ninguno de nosotros

Por 19 octubre, 2021Tendencias

Gabriel López Agredano • Alumni plantel Guadalajara

 

“Por favor que las mujeres no se dejen subyugar

Por esta clase de paparruchas electromagnéticas y

Que piensen que si la sociedad se ha de salvar

No es gracias al desarrollo de la electrónica japonesa

Sino volviendo a esa madre tierra que olvidamos

Y de la que ellas son sus genuinas manifestaciones”

Ernesto Sabato

 

El holocausto.

 

La selva de concreto es fría y los campos de concentración se matizan en redes electrónicas dividiendo al hombre y a la mujer en seres alienados de la paz mutua; los frentes son débiles y al ataque aéreo lo ha suplido uno cibernético en ambos bandos, las “balas” tendidas a mansalva no son más que argumentos tratando de demostrar qué “género inhumano” ha sido la víctima pura de la existencia social. Así de enrarecido (aunque quizá menos exagerado) siento esta problemática con base en la discursiva de los roles sociales y búsqueda de algún género empoderado.

En Latinoamérica y el mundo, los movimientos feministas han tomado notoriedad y fuerza mediante méritos propios, con exigencias interesantes en el rubro social, sin embargo, el extremar los puntos de vista como en el caso de Argentina donde el lenguaje incluyente, en lugar de derrumbar “el patriarcado”, pareciera buscar borrar de la historia el legado de lengua que utilizaron Sor Juana Inés de la Cruz, Gabriela Mistral o Alfonsina Storni, sin dejar de lado a personajes como Cervantes, Octavio Paz o Pablo Neruda.

Entre otros de los requerimientos de estos movimientos, tales la igualdad de condiciones laborales, penar el despido injustificado durante el embarazo y desde luego, la tipificación del feminicidio como un delito grave; y esto último es irrefutable, tanto como el asesinato de un niño, un anciano o un hombre. La violencia, el desgobierno y la impunidad en México han sido un cáncer con metástasis al corazón de la sociedad donde la macilenta ejecución de las leyes nos envuelve en un círculo vicioso de muerte sin discriminar género ni estatus social.

Los problemas de seguridad pública a los que estamos expuestos han generado un estatus de sospecha sobre la otredad, sin contar que existen muchos hombres con la boca conectada a sus instintos más básicos, sin embargo esto está generando una incapacidad del poder de interactuar con la sociedad y nuestro entorno; como decía Ernesto Sabato: “Trágicamente el hombre está perdiendo el dialogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida”, y esto incluso es lo que permite que la sociedad sea tan pasiva frente a las situaciones que gestan una inconformidad general por parte del estado. Ojo, no con esto se justifica la algarabía de cualquier pelafustán, pero si puede ser la sugerencia de que con base en la unión social podamos ponerle fin a esas situaciones.

Es impensable que el feminismo trate de emular a su contraparte “empoderada”, beligerante por naturaleza con defectos que se han acentuado a través de los siglos y que la mujer de manera orgánica busca por lo menos no destruir a algo o a alguien. Esta es la crisis de la lógica del hombre: “Si es que los generales de los Estados Unidos y de la Rusia Soviética (todos machos, según se sabe) no aprietan algún botón que desencadene la guerra atómica, con la típica inteligencia masculina”. Si esto fue dicho por Sabato en 1975, ¿por qué en el 2019 los grupos feministas (en su mayoría) buscan imitar esa lógica de poder?

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