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Antiguas costumbres

Armando González Escoto · Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

Durante algunas centurias la celebración cristiana de la fiesta de la Pascua se adelantaba al sábado que por esa razón llamaban “Sábado de Gloria”, adelantarse significa que “la gloría se abría” a las diez de la mañana de ese día con el repique general de campanas en todos los templos del mundo católico, con abundancia de flores, cirios y agua bendita.

Concluida la celebración litúrgica se procedía a un famosos y concurrido festival popular que tenía lugar en las plazas y jardines públicos: la “quema de judas”, así en plural, pues, aunque de los doce apóstoles solamente Judas Iscariote participó en la conjura para capturar a Jesús, al hablar de quemar a los “judas”, se refería la gente, a los muchos vecinos que hubiesen actuado de manera similar en un sinfín de asuntos.

Esos judas eran monigotes montados sobre estructuras de carrizo y cuyos rostros o vestimentas representaban a personajes de la vida real de pueblos y ciudades que, según la opinión pública, merecían tal “ajusticiamiento” en efigie. Los judas, al igual que los “toritos”, llevaban cableados de pólvora que los hacían moverse y sacudirse, echando chispas por todos lados para contento de los espectadores.

En su origen era solamente la figura simbolizada de un solo Judas, pero pronto a esa figura se le comenzaron a poner rasgos o vestuarios de paisanos bien conocidos, y dados los muchos que calificaban para tan deshonroso título, pues no se quemaba un solo judas, sino de una vez a muchos en una sola exhibición. En cierto modo se trataba de un ejercicio público de la judicatura, de un escrutinio popular, por el cual la gente expresaba su sentir sobre tales o cuales personas, en especial, funcionarios públicos, pero también comerciantes abusivos, agiotistas, acaparadores, cantineros descorteses, o cualquier conducta que afectara de algún modo a la comunidad.

Hoy los “judas” se queman todo el año y casi en todo el planeta, basta ver lo que ocurre en marchas y manifestaciones, donde se llevan efigies de personajes actuales que luego son destruidas o arrastradas, como hemos observado en las manifestaciones ecologistas europeas, o en el escenario de todo tipo de protestas contra todo tipo de situaciones, particularmente ahora que Putin se convirtió en el “judas” 2022, y su efigie ha sido ridiculizada, demonizada y desde luego, quemada por todos lados, excepto en Rusia y en sus países aliados. La figura del presidente Trump corrió por cuatro años una suerte semejante hasta en Estados Unidos.

Sospecho que más de algún amable lector estará mentalmente haciendo su propia lista de candidatos, sea en su ámbito privado que, en el público, y sin mucho esfuerzo, por la abundancia de prototipos que hoy pululan en el México actual, pero ante el riesgo de que nosotros mismos figuremos en el elenco de otros maliciosos observadores, lo mejor será ser más juiciosos a la hora de juzgar al prójimo, y menos proclives a los fáciles linchamientos. Dejar de criticar y condenar a los demás es sin duda la mejor manera de vivir la fiesta de la Pascua, lo cual no excluye un renovado compromiso por la renovación, reforma y depuración de nuestra sociedad y de sus complejas estructuras.

 

Publicado en El Informador del viernes, 17 de abril de 2022.

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