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Mtra. Laura O. Robles Sahagún • Coordinadora de Alumni y Bolsa de Trabajo

 

Si bien es cierto que nadie nos preparó para estar en cuarentena y para aislarnos, así como para trasladar de un momento a otro las actividades presenciales a virtuales; en este momento la mente ya está empezando a pensar en el regreso a la vida normal o casi normal.

Han sido muchos días (para unos más, para otros menos), pero a todos se nos ha hecho un periodo muy largo en confinamiento. Ya hay quienes perdimos la cuenta de cuántos días son. Cuando menos lo pensamos, ya estábamos trabajando o estudiando desde casa, batallando con la tecnología, las plataformas que no acostumbrábamos utilizar o viendo cómo mantener activas las empresas.

Hay compañías que se han resistido a cerrar o a despedir a sus colaboradores, han hecho un esfuerzo muy fuerte para conservar intactas, no sólo las fuentes de trabajo, sino los salarios. Hay quienes ya entraron en la etapa de no poder soportar más esta situación y empezaron a hacer roles de descanso obligatorio.

Ahora, ya empiezo a saber de inquietudes para el regreso, preocupaciones por cómo le van a hacer para levantarse más temprano, acostumbrarse de nuevo a las rutinas que se tenían, los horarios de las comidas, el cumplir con las jornadas completas; a escuchar el miedo a salir y contagiarse, las dudas por cuáles serán las medidas de seguridad e higiene a implementar, cómo van a entrar los niños o en general los estudiantes a las aulas y hasta el pensar si de verdad podrán regresar a laborar y si seguirán contando con trabajo. Muchas preguntas sin respuestas certeras que sólo incrementan la incertidumbre.

Existe la posibilidad de que pronto podamos reiniciar de manera escalonada la actividad productiva. Pero están surgiendo sensaciones y sentimientos de miedo al contagio, al estrés, a lo rutinario. El regreso nos está dando la oportunidad de prepararnos y no la podemos desaprovechar. Por ello, es momento de analizar, ¿qué me va a costar más trabajo? Y empezar a hacerlo. La constancia y la disciplina son vitales para no perdernos en el caos del regreso. Recuperar las rutinas y hábitos de sueño, para iniciar actividades (y también concluirlas), para el desayuno, el ejercicio, el aseo y el arreglo personal; incluso sobre la ropa a utilizar. Comencemos a tener costumbres saludables y a unirlas con lo que aprendimos en este encuentro con la familia y con nosotros mismos para que no se pierda.

¿Podemos prepararnos nosotros solos? Si podemos, adelante, si no, es momento de buscar ayuda para lograrlo. Mi deseo es que el regreso a la vida social sea una mejor experiencia para todos.

 

Publicado en Crónica Jalisco del viernes, 8 de mayo de 2020