
Francisco Martín Flores Sandoval – Maestro de CELE
El consumo per cápita de vino en México se sitúa actualmente entre 1.3 y 1.5 litros anuales, experimentando un crecimiento sostenido y significativo en las últimas dos décadas, pasando de menos de 250 mililitros hace algunos años a los niveles actuales.
¿Cómo es posible que, teniendo la casa vinícola más antigua del continente, México represente sólo el 1 % de la producción mundial?
En efecto, Casa Madero es la vinícola más antigua de América. Ubicada en Parras, Coahuila, fue fundada en 1597, cuando el entonces gobernador de la Nueva Vizcaya otorgó a Lorenzo García el permiso oficial para producir vino en la zona.
Pero, a inicios del siglo XVII, el rey Felipe II de España prohibió la producción de vino en la Nueva España, temiendo que compitiera con el comercio peninsular. Don Lorenzo viajó a la madre patria y solicitó un permiso del rey para producir vino con fines eclesiásticos, es decir, para la misa

Imagen de archivo, de la orden del rey para la plantación de vides en Nueva España.
Con el tiempo, el viñedo sobrevivió a estas restricciones, a la Independencia de México y a las múltiples transformaciones políticas y económicas del país. Hoy, Casa Madero es un símbolo de resistencia y continuidad.
Tras la Independencia y la Revolución mexicana, las vides apenas sobrevivieron a los conflictos y transformaciones del país. Fue hasta finales del siglo XIX, durante el Porfiriato, cuando familias europeas fueron invitadas a México para el cultivo de la vid. A principios del siglo XX, gracias a la migración de familias como los Lacetto, el cultivo de la vid tomó auge en el Valle de Guadalupe. En 1905 llegaron inmigrantes rusos —los molokanes—
perseguidos por la Iglesia ortodoxa rusa. Don Francisco I. Madero les dio refugio y trabajo en Baja California.
A finales de la década de 1970 llegó a México Freixenet. Contrario a lo que pensaban las autoridades, decidieron establecerse en Querétaro, cerca de la Peña de Bernal. Actualmente, la región cuenta con la famosa Ruta del Queso y el Vino. Querétaro se perfila como la primera Indicación Geográfica Protegida (IGP) del país en 2025, lo que representa el primer paso hacia una denominación de origen.
México es un laboratorio vivo donde la pasión y la diversidad se mezclan.
En México existen pocas regulaciones sobre el vino. Apenas cuenta con el Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV), lo que permite mezclas de cepas poco comunes que, en territorio mexicano, ofrecen resultados interesantes. Las uvas más cultivadas son de origen francés, español e italiano. Destacan variedades como Cabernet Sauvignon, Merlot y Shiraz, de origen francés; Tempranillo, Garnacha y Cariñena, de origen español; así como Nebbiolo, Sangiovese y Barbera, de tradición italiana.

Dinos y vinos

Ruta turística etnológica y paleontológica que combina dinosaurios y viñedos.
Actualmente, 17 de los 32 estados de la República producen vino. Entre los más destacados se encuentran Coahuila, con la famosa Ruta de Dinos y Vinos; las Bajas Californias, con el reconocido Valle de Guadalupe; y Querétaro, que se perfila como la primera IGP del país.
Jalisco también ha ganado notoriedad gracias a su llamado vino naranja; actualmente, en la región de Los Altos de Jalisco se elaboran vinos de gran calidad. Asimismo, estados como Guanajuato, Zacatecas y Puebla continúan fortaleciendo la producción vitivinícola nacional.

Los vinos mexicanos, si bien representan sólo el 1 % de la producción a nivel internacional, le apuestan más a la calidad que a la cantidad. Compiten no por precio, sino por pasión; sin embargo, en un mercado donde se pagan altos impuestos, difícilmente pueden ser competitivos en costos.
Los vacíos legales también permiten una mayor innovación, dando lugar a una amplia variedad de blends y viñedos que saben perfectamente lo que hacen. No es raro que un vino mexicano obtenga premios en certámenes como el Concurso Mundial de Bruselas; aunque la producción sea menor, la calidad puede llegar a ser excepcional.