
Fabián Acosta Rico – Docente investigador
La sociedad mexicana, al igual que muchas otras que gravitan en torno al espíritu progresista, tiende a una polarización que va más allá del clásico antagonismo entre proletariado y capital. Hoy emerge un nuevo tipo de lucha de clases que atribuye la culpa de las injusticias y desigualdades a ese ente casi metafísico, sistémico y, para algunos, estructural, denominado patriarcado.
Sin proponérselo, la sociedad se encuentra inmersa en una guerra de sexos abierta, en la que diversos sectores feministas han tomado la ofensiva. “Quien golpea primero, golpea dos veces”. Mujeres emancipadas, empoderadas y libres se enfrentan a hombres caracterizados como opresores, violentos y abusadores. Desde ciertos sectores feministas se afirma: “queremos igualdad”; mientras que algunas contrapartes masculinas responden que lo que se busca son privilegios y hegemonía. Lo expresa incluso la presidenta como consigna política: “es tiempo de mujeres; yo llegué y conmigo llegaron todas”.
Las trincheras en esta batalla cultural están bien definidas, tanto en los espacios físicos como en los virtuales. Cada 8 de marzo, grupos feministas marchan protestando contra los feminicidios, el techo de cristal y la opresión masculina. Por otro lado, del 17 al 19 de abril se celebró en el Santuario de los Mártires Mexicanos, en la zona metropolitana de Guadalajara, el Fearless Congress, promocionado como el congreso de masculinidad más grande de Latinoamérica.
En el ámbito digital, los movimientos feministas han creado un ecosistema sólido para difundir sus posturas y hacer proselitismo. Paralelamente, existe otra esfera en internet, muy frecuentada por usuarios varones, conformada por creadores de contenido que responden y cuestionan los postulados del progresismo. En este espacio destacan figuras como el politólogo y escritor Agustín Laje y Emmanuel Danann (nombre artístico de
Manuel Jorge Gorostiaga), creador de contenido y defensor de ideas libertarias, conocido también por sus controversias con miembros de la comunidad LGBTQ+.
Dentro de este entorno digital existe además un submundo previamente identificado: la manosfera. Este espacio está encabezado por creadores que adoptan una postura crítica frente al discurso feminista y woke, defendiendo el modelo tradicional de varón y reivindicando su valor histórico, económico, político y cultural. Se configura así una narrativa de hombres heterosexuales que defienden su identidad frente a lo que consideran la deconstrucción promovida por el progresismo.
Lo que resulta llamativo es que, así como existen hombres que buscan validación dentro del discurso feminista, también hay mujeres activas en redes sociales que critican abiertamente al feminismo y expresan su apoyo a los hombres ante lo que perciben como una creciente desvalorización. A estas mujeres, desde ciertos sectores, se les denomina despectivamente pick me girls.
Estas creadoras han sido agrupadas bajo el concepto de womanosfera (también llamada femiesfera), una categoría que describe a influencers que promueven modelos tradicionales de género, especialmente en el mundo anglosajón.
En países como Estados Unidos, esta tendencia se vincula con el movimiento TradWife (traditional wife), dirigido principalmente a mujeres jóvenes, a quienes se busca convencer de los beneficios de adoptar un estilo de vida centrado en el hogar, la familia y el rol tradicional de esposa.
Sin embargo, por razones socioculturales y socioeconómicas, este modelo no ha tenido el mismo arraigo en México ni en gran parte de Latinoamérica. La idea de un modelo familiar sostenido por un único proveedor resulta, en muchos casos, poco viable en el contexto actual.
Aun así, en los países de habla hispana existe una womanosfera activa cuya finalidad es cuestionar al feminismo más radical y reivindicar un ideal tradicional de masculinidad: fuerte, responsable y protector.
El proselitismo de estas figuras es diverso: algunas confrontan directamente a mujeres que consideran influenciadas por el feminismo; otras se presentan como terapeutas de masculinidades y feminidades “dañadas”; y algunas más denuncian lo que perciben como discriminación institucional hacia los varones.
En conclusión, la womanosfera presenta distintas expresiones en el continente americano. Mientras que en el ámbito anglosajón se centra en reconfigurar la feminidad tradicional, en Latinoamérica amplía su discurso hacia una crítica general del progresismo cultural. En este contexto de polarización, la batalla cultural se expresa con claridad: hombres defendiendo el feminismo y mujeres reivindicando modelos tradicionales de género.