
Ramón Martínez García – Docente de preparatoria
Cuando hablamos de las matemáticas, suelen surgir innumerables opiniones. Algunas personas recuerdan con agrado los conceptos que aprendieron; otras, en cambio, conservan experiencias poco afortunadas. Todo depende, en gran medida, de la relación que cada quien haya construido con esta disciplina a lo largo de su vida.
Seguramente todos guardamos alguna anécdota relacionada con las matemáticas desde nuestra infancia. ¿Quién no recuerda las primeras lecciones de aritmética aprendidas en casa o en la escuela? Quienes hoy superamos los cincuenta años recordamos aquella etapa que llamábamos párvulos; después vino el kínder y, actualmente, el preescolar. Más tarde llegaron la primaria y las primeras operaciones que poco a poco nos introdujeron en el fascinante mundo de los números.
Siguiendo el camino de las matemáticas
¿Cómo no recordar las experiencias vividas con nuestras maestras y maestros? En lo personal, algunas de ellas no fueron del todo agradables. Con el tiempo entendí que no se debía necesariamente a la dificultad de los conceptos, sino a la manera en que fueron enseñados. No culpo a mis profesores; probablemente seguían los métodos y estrategias pedagógicas propios de su época.
Afortunadamente, también tuve excelentes docentes que lograron transmitir los conceptos matemáticos de manera clara y accesible. Más allá de simplificar los contenidos, nos brindaban la confianza necesaria para comprenderlos y nos contagian su entusiasmo por aprender. Esa pasión con la que impartían sus clases marcó una diferencia significativa.
Posteriormente llega la secundaria, una etapa llena de cambios y emociones propias de la adolescencia, pero también de nuevos retos académicos. Aparecen conceptos que en su momento pueden parecer extraños: álgebra, trigonometría, ecuaciones… ¿Qué significa todo eso? Sin embargo, con el tiempo descubrimos que esos conocimientos constituyen la base de gran parte de las matemáticas que seguiremos estudiando en etapas posteriores.
Más adelante, en la preparatoria, esos conceptos se fortalecen y adquieren nuevas aplicaciones. Para quienes optan por una carrera relacionada con las ingenierías o las ciencias exactas, las matemáticas se convierten en una herramienta fundamental.
Sin embargo, también es en esta etapa cuando surgen cuestionamientos más profundos. Entre las inquietudes propias de la adolescencia y las decisiones sobre el futuro profesional, aparece una pregunta inevitable: ¿qué carrera voy a estudiar? Al elegir un área de especialización —químico-biológica, económico-administrativa, humanidades o físico-matemática— muchos se preguntan por qué alguien decidiría seguir estudiando matemáticas de manera intensiva. Para algunos parece una elección difícil; para otros, representa una verdadera pasión o una necesidad vinculada a la profesión que desean ejercer.
La pregunta clave
Después de varios años impartiendo clases de matemáticas en el nivel medio superior, puedo afirmar que existe una pregunta que aparece generación tras generación:
¿Y las matemáticas para qué me van a servir?
Muchos estudiantes consideran que solo serán útiles para quienes estudian alguna ingeniería o carrera científica. Seguramente quienes impartimos esta materia hemos escuchado ese cuestionamiento en numerosas ocasiones.
Entonces surge un nuevo reto para el docente: ¿qué responder? ¿Cómo ayudar a los estudiantes a comprender la importancia de las matemáticas en la vida cotidiana?
¿Qué responderles?
Una primera respuesta podría parecer provocadora: para nada. Pero no en el sentido literal. Mientras no comprendamos la presencia de las matemáticas en el mundo que nos rodea, difícilmente podremos apreciar su utilidad y sus múltiples aplicaciones.
Una respuesta más completa sería señalar que las matemáticas están presentes prácticamente en todo. Se encuentran en la naturaleza, en los fenómenos físicos, en la tecnología y en gran parte de los avances científicos que han transformado nuestra sociedad.
Gracias al lenguaje matemático, el ser humano ha logrado describir y comprender numerosos fenómenos naturales. Las leyes físicas que explican el movimiento de los cuerpos, la propagación de la luz o el comportamiento de los fluidos pueden representarse mediante modelos matemáticos que nos permiten analizarlos y predecirlos.
Pensemos, por ejemplo, en un avión comercial como el Boeing 747. ¿Cómo es posible que una estructura de semejantes dimensiones pueda elevarse y mantenerse en el aire? La respuesta involucra principios físicos y cálculos matemáticos complejos que los ingenieros utilizan para diseñar, construir y operar estas aeronaves de manera segura.
Una reflexión
Sin embargo, más allá de que nuestros estudiantes comprendan todos los conceptos matemáticos o desarrollen un gusto especial por esta disciplina —algo que no siempre ocurrirá, pues los intereses son diversos— existe un beneficio que todos pueden obtener de su estudio.
Las matemáticas favorecen el desarrollo del razonamiento lógico y analítico. Ayudan a organizar el pensamiento, evaluar alternativas, resolver problemas y tomar decisiones con mayor fundamento. En otras palabras, contribuyen a formar una manera distinta de observar y comprender la realidad.
A medida que ejercitamos la mente mediante el análisis matemático, fortalecemos habilidades que resultan valiosas en cualquier ámbito de la vida. Poco a poco desarrollamos una capacidad mayor para argumentar, interpretar información y enfrentar situaciones complejas de manera racional.
Reflexión final
Quiero concluir retomando una frase del matemático español Eduardo Sáenz de Cabezón:
“Las matemáticas nos hacen más libres y menos manipulables”.
En efecto, cuanto más desarrollamos nuestra capacidad de razonamiento, análisis y pensamiento crítico, menos vulnerables somos a la desinformación y a la manipulación. Las matemáticas no solo nos ayudan a resolver ecuaciones; también nos enseñan a pensar con mayor claridad y autonomía.
Quizá ahí radique una de sus contribuciones más importantes: formar personas capaces de comprender mejor el mundo y de tomar decisiones más conscientes y responsables.