
Francisco R. Gómez Puente Colomina – Ensayista
Hace mucho tiempo, en la controvertida Ciudad de México, durante la década de los sesenta del siglo pasado, cuando los hombres regresaban de su trabajo, adquirían el periódico del día, lo enrollaban, y lo colocaban bajo su brazo a modo de espada, leyéndolo apenas de manera superficial. Sin embargo, también los utilizaban entre otras cosas, para poder espantar a los furiosos perros que merodeaban por su camino. Recuerdo que en el caso de mi padre, él no seguía esa misma rutina: él solamente compraba el periódico los domingos, lo cual no era óbice para estar siempre al tanto de los principales acontecimientos tanto nacionales como internacionales y expresar con mesura su punto de vista acerca de cada uno de ellos, apoyándose en la lectura de los libros de su pequeña, pero selecta biblioteca, que desafortunadamente solo él consultaba, ante la falta de interés de mi parte… y también la de mis hermanos.
Su elección por el periódico, era invariablemente por uno de los más antiguos de la Ciudad de México, el famoso diario Excélsior, que en su edición dominical incluía un suplemento con tiras cómicas a todo color, esto es, se trataba de una secuencia de viñetas que contaban una historia y que mis hermanos y yo conocíamos de forma familiar como “los monitos”; este anexo del periódico estaba formado por 16 páginas con dichas tiras cómicas, la mayoría de ellas de firmas norteamericanas como la King Features Sindycate o United Feature Syndicate; dichas tiras cómicas eran traducidas al español y conocidas en México, como: El Príncipe Valiente, Mandrake el Mago, Educando a Papá, Mutt y Jeff, Lorenzo y Pepita, Maldades de dos Pilluelos y unas muy simpáticas tituladas Nunca Falta Alguien Así; recuerdo afectuosamente, que también contenía una tira cómica llamada Chicharrín y el Sargento Pistolas, creada por el mexicano Armando Guerrero Edwards.
1 N.B. Las historietas adoptan diversas denominaciones alrededor del mundo, en México fueron conocidas como Cuentos, en España como Tebeos, en Colombia como Monitos, en Francia y Bélgica como Bande Dessinee, en Italia como Fumetti, y en Estados Unidos e Hispanoamérica como Cómic, siendo esta última la acepción más aceptada a nivel mundial.
Esta práctica de incluir de manera regular un suplemento dominical con tiras cómicas, es muy antigua y muy “norteamericana”, tal y como Rick Marschall lo afirma en su libro Los grandes dibujantes de tiras cómicas de Estados Unidos, siendo reconocido como la autoridad más importante de América en la cultura pop: “existen dos formas auténticamente norteamericanas en la historia del arte, el Jazz y las tiras cómicas”.
La historia de las tiras cómicas se remonta a finales del siglo XIX, en los Estados Unidos, en medio de la pugna entre dos empresarios de la industria periodística: William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer.2

Ambos magnates son considerados los pioneros en la inclusión de las tiras de humor o de corte familiar en sus diarios, reconociéndose a The Yellow Kid (1896) de Richard F. Outcault, como la primera tira cómi
ca en la historia, la cual aparece inicialmente en el periódico de Pulitzer, y posteriormente en el de Hearst, quien se hizo de los servicios del creador de The Yellow Kid, ofreciéndole una mayor suma de dinero. Esta tira se presentó inicialmente en blanco y negro, y posteriormente se le añadió el color amarillo, a la camisa que portaba el chico protagonista de esta tira, un inmigrante irlandés llamado Mickey Dugan, siendo también esta tira la pionera en el uso de los llamados globos o bocadillos, para incorporar los diálogos entre los personajes, quienes convivían en un barrio bajo, comunicándose de manera por demás simpática, a través de un lenguaje informal conocido como slang. Además, fue la primera tira en una página completa en el suplemento dominical de un periódico. Curiosamente a esa feroz competencia de Joseph Pulitzer y William R. Hearst, en la cual se ve inmersa esta tira cómica, se le denominó posteriormente como “prensa amarilla”.
Little Nemo in Slumberland.- otra de las grandes tiras cómicas clásicas, data de 1905, y fue publicada hasta 1911 en el New York Herald, para pasar posteriormente al New York American, propiedad de William R. Hearst. Creada por el genio de Winsor Mc Cay, pionero del cine de animación, que influyó en otros creativos de la industria como Walt Disney; Little Nemo es una tira muy exitosa que utiliza por primera vez el color de manera profusa, presentando a un niño llamado Nemo, quien tiene en ocasiones unos maravillosos sueños, y en otras unas terribles pesadillas, y es precisamente por esta carga onírica que se le encuadra en un anticipado surrealismo, con trazos en su escenografía inspirados en el art nouveau, muy en boga en esa época. En la trama, Nemo interactúa con personajes como el rey Morfeo y Flip, quien era el encargado de despertarlo de sus sueños, concluyendo así cada tira, siempre rodeados de una fascinación con temas románticos y de fantasía. Una auténtica obra maestra.
2 N.B. A William R. Hearst se le recuerda, además, por el escándalo en torno a su nieta, la actriz Patty Hearst, quien fue secuestrada en 1974 por el grupo Ejército Simbionés de Liberación, y en donde la nieta desarrolla un vínculo afectivo con sus captores, en algo que se conoce como el “Síndrome de Estocolmo”; y por otro lado, a Joseph Pulitzer, quien fue inmortalizado en cumplimiento a lo que dispuso en su testamento, al crear un fondo para reconocer los logros en el periodismo impreso: el famoso Premio Pulitzer.
Desafortunadamente esas primitivas historietas no llegaron a nuestro país; no obstante, y para mi consuelo, hubo otras tiras que sí se conocieron en México, como aquellas que formaban parte del suplemento dominical del periódico Excélsior que compraba mi padre. Algunas de ellas igual de exitosas, como Bringing Up Father, conocida en México como Educando a Papá y en otros países de habla hispana como Pancho y Ramona; creada en 1913 por el historietista norteamericano George McManus, en donde se presentan las imágenes cotidianas de una familia integrada por Jiggs y Maggie (Pancho y Ramona), unos inmigrantes irlandeses que se convierten en los nuevos ricos del suburbio, envueltos constantemente en agrias discusiones, por los enormes deseos de integración de Maggie (Ramona) a su nueva clase social, y la resistencia de Jiggs (Pancho) a abandonar a sus antiguos amigos y a sus costumbres “tipo barriada”, apostando por una vida más sencilla. El éxito de esta tira cómica fue tal que en Hollywood se creó una serie de cuatro películas de bajo presupuesto con estos personajes, entre los años 1946 y 1950.
Cabe mencionar que en 1927, en México, el periódico El Universal, convocó a un concurso para atraer a nuevos caricaturistas, resultando Hugo Tilghman y Jesús Acosta como ganadores, con una tira cómica llamada Mamerto y sus Conocencias, la cual estaba basada en esta tira Educando a Papá, con la diferencia de que los protagonistas, Mamerto Albondiguilla y su esposa Ninfa, se mudan de un pueblo llamado Chupícuaro a la ciudad de México, con los problemas de inadaptación, causando con ello múltiples situaciones humorísticas.
Otra de las grandes tiras cómicas es Blondie, conocida en México como Lorenzo y Pepita, y en algunos otros países hispanohablantes simplemente como Pepita. Creada por el historietista Chic Young en 1930. Esta tira presenta la vida doméstica del matrimonio, formado por Blondie
Boopadoop y Dagwood Bumstead (Pepita y Lorenzo Parachoques), en este caso, la historia es de alguna forma lo opuesto a la familia de Pancho y Ramona. En el inicio de esta tira, Lorenzo, hijo de un magnate industrial, es desheredado, debido a su obstinación por contraer matrimonio con Pepita, una mujer bella, esbelta y rubia (blondie), aunque despreocupada y de carácter “ligero”, que es definida como una joven desafiante de las normas sociales, identificadas en esa época como “flappers”.
A pesar de esos antecedentes, Lorenzo y Pepita se convierten en una familia convencional, de clase media, habitando en una zona suburbana de los Estados Unidos, encontrándose profundamente enamorados; procrean dos hijos, Cookie (Cuquita) y Alexander (Goyito), además de contar con su perrita “Daisy” y sus cinco cachorros. Lorenzo disfruta de las siestas en su sofá, de comer sándwiches con un gran apetito, pero también, padecer sonambulismo y tener discusiones frecuentes con su jefe Mr. Dithers (Julio González) y con su vecino Herb (Heriberto). El éxito de esta tira se ve reflejado con la aparición de algunas películas, además de un programa de radio, y unos cortos animados.
Imposible dejar de lado otras historias, de ese suplemento del periódico y que ahora me despiertan esa sensación de melancolía, como un refugio emocional, en donde se manifiesta el rostro de mi padre que sonreía con algo de complicidad, cuando me veía apostado en la puerta de la casa, esperándolo para recibir el suplemento del periódico Excélsior y poder así ser el primero de mis hermanos en leer esas tiras.
Cómo olvidar a Katsenjammer Kids, creada en 1897, por el inmigrante alemán Rudolph Dirks y conocida en México como Maldades de dos pilluelos, y en otros países de habla hispana como El Capitán y las Cebollitas, en la que los gemelos Hans y Fritz, quienes viven en una isla tropical, se rebelan contra toda autoridad, principalmente la representada por su mamá y por un sujeto conocido como “el capitán”, que no se sabe a ciencia cierta si es el papá, el hermano, un amigo o el pretendiente de su mamá, pero finalmente, en la mayoría de los casos los pilluelos se salían con la suya.
Otra de mis tiras preferidas era Mutt & Jeff, conocidos así en México, aún y cuando en algunos países de habla hispana se les llamó con dos nombres poco comunes, Benitín y Eneas; creada inicialmente por Bud Fisher, boxeador y caricaturista estadounidense, publicadas desde 1907 en el periódico San Francisco
Examiner de Randolph Hearst. La trama giraba en torno a las aventuras y desventuras de dos amigos, Mutt, un personaje alto, delgado y de gran nariz y Jeff, bajito, calvo y regordete. Mutt a través de trampas buscaba enriquecerse a la mayor rapidez y Jeff jugaba el papel de su compinche.
Mención especial merece la tira cómica de Chicharrín y el Sargento Pistolas, creada por el caricaturista mexicano Armando Guerrero Edwards, quien la publicó en el diario Excélsior durante más de 70 años, hasta su fallecimiento, a través de unos personajes dibujados con unas líneas desenfadadas; por un lado, Chicharrín, un muchacho de baja estatura, calvo y de grandes orejas, y por otro lado, el Sargento Pistolas, un militar, alto, delgado, abusivo y manipulador, quienes viven situaciones cómicas en un ambiente cotidiano.
Finalmente debo de reconocer, que yo gozaba mucho, con una tira de un solo “cuadro”, llamada Nunca Falta Alguien Así, del humorista norteamericano, Al Scaduto; en esta tira de la década de los sesenta del siglo pasado, se recreaban situaciones incómodas de manera chusca, originadas por comportamientos antisociales, ya fueran estos, por inconciencia, por deliberadas ínfulas de superioridad, o por una absoluta falta de empatía.
