Por un futuro justo y esperanzador

Alicia Aizuri Minakata Viramontes – Estudiante del Doctorado en Ciencias del Desarrollo Humano

Actualmente, en la Nueva Escuela Mexicana (NEM) aparecen conceptos como agente de cambio, justicia social, educación emocional y aprendizaje experiencial, entre otros. Hace algunos años se criticó este modelo bajo el argumento de que buscaba adoctrinar a docentes y estudiantes mediante los libros de texto, incorporando ideas provenientes de las llamadas pedagogías del sur. Pero ¿realmente esto es tan negativo? ¿Es conveniente seguir aspirando e imitando modelos que no necesariamente representan nuestra realidad? ¿Debe existir un único modelo educativo universal y eurocéntrico que se reproduzca a través de la educación? 

Veamos qué nos plantea la filósofa Martha Nussbaum respecto a la democracia, la diversidad, la equidad y la educación. 

 Para Nussbaum, la educación es una herramienta fundamental para transformar a los estudiantes en agentes de cambio dentro de sus comunidades. Para lograrlo, es necesario desarrollar el pensamiento crítico, la compasión y el conocimiento de quienes integran la sociedad. La filósofa propone el denominado “enfoque de las capacidades” (Nussbaum, citada por Pinedo y Yáñez, 2023, p. 81), según el cual el ejercicio de la libertad requiere que las personas partan de condiciones mínimamente equitativas. Existen individuos que nacen en contextos privilegiados y otros que no; aunque esta situación no debería determinar sus posibilidades futuras, en la práctica suele hacerlo. A mayores privilegios, generalmente corresponden mayores niveles de agencia y poder. 

 Cada acción humana está impregnada de emociones. La política, la educación, la libertad y la justicia no son la excepción. Los ciudadanos podemos actuar desde la benevolencia, la confianza y la compasión, o bien desde el asco, la repulsión y el miedo. En el primer caso estaremos cultivando una “ciudadanía compasiva” (Pinedo y Yáñez, 2023, p. 84); en el segundo, estaremos promoviendo dinámicas de exclusión hacia quienes no encajan en nuestros parámetros o en los de la cultura dominante. 

 La idea rectora de estos planteamientos es que las emociones pueden impulsarnos a materializar la justicia o, por el contrario, conducirnos a quebrantarla mediante la subordinación de grupos sociales y el desarrollo de políticas de exclusión (Pinedo y Yáñez, 2023, p. 81). 

 Así, la democracia solo podrá consolidarse plenamente si los ciudadanos desarrollan emociones morales como la compasión: 

 «…es la vía más adecuada para consolidar procesos de deliberación en donde los ciudadanos se sientan motivados a tener conductas de benevolencia y preocupación por la suerte de aquellas otras vidas con las que se comparte un espacio público común» (Pinedo y Yáñez, 2023, p. 87). 

 Desde la perspectiva del pedagogo brasileño Paulo Freire, los sistemas educativos no son neutrales. Toda práctica educativa contribuye a despertar conciencias o, por el contrario, a reproducir estructuras de dominación sin promover el pensamiento crítico. 

 La educación y la política están profundamente relacionadas, por lo que resulta indispensable que los docentes tomemos conciencia de para quiénes y con qué finalidad estamos educando. Como señala Freire: 

 “La dominación también se expresa mediante la manera en que el poder, la tecnología y la ideología se unen para producir formas de conocimiento, relaciones sociales y otras formas culturales concretas que operan para silenciar activamente a las personas” (Freire, 1990, pp. 20-21). 

 Las desigualdades entre países y entre grupos sociales son cada vez más evidentes. El terreno sobre el que se desarrollan las personas es cada vez más desigual, y esta situación resulta profundamente injusta. Las diferencias entre grupos dominantes y grupos subordinados se vuelven más notorias, mientras que las formas de ejercicio del poder suelen manifestarse de manera agresiva y, en ocasiones, cínica: intervenciones bélicas, sometimiento de poblaciones vulnerables, exclusión, represión o abandono. 

Muchas de estas acciones están alimentadas por emociones como el miedo o el rechazo al otro. De ahí la importancia de redirigir nuestros esfuerzos hacia una auténtica pedagogía de la esperanza. 

En la propuesta pedagógica de Freire ocupa un lugar central la idea de una humanidad liberada. Esta visión se fundamenta en el respeto a la vida y en el reconocimiento de que la esperanza no busca únicamente consolar a quienes sufren la opresión, sino promover formas permanentes de crítica y transformación social: 

 «La naturaleza de esta concepción está basada en el respeto por la vida y en el reconocimiento de que la esperanza y la visión de futuro que la inspiran no apuntan tanto a brindar consuelo a los oprimidos como a promover formas permanentes de crítica y lucha contra las fuerzas objetivas de la opresión» (Freire, 1990, citado por Giroux, p. 18). 

Se trata de una humanidad que dialoga y busca conocer al otro como parte de una comunidad compartida. Una sociedad donde las diferencias no se perciban como amenazas, sino como oportunidades para encontrar puntos de encuentro y desarrollar la compasión necesaria para colaborar en proyectos de inclusión social. 

 Existen quienes consideran la vulnerabilidad como una debilidad y sostienen que debe prevalecer la ley del más fuerte. Precisamente por ello resulta indispensable transformar este paradigma y contribuir, desde la educación, a fortalecer formas de comunicación horizontales que permitan construir acuerdos mediante el diálogo y los vínculos humanos. 

 Los vínculos y las relaciones sociales se constituyen a partir de la solidaridad, la cooperación y el afecto. El altruismo, la benevolencia y la compasión forman parte de aquellas relaciones humanas que anteceden incluso a las normas explícitas de convivencia (Pinedo y Yáñez, 2023, p. 77). 

 El modelo de la NEM se encuentra todavía en construcción y, como toda propuesta educativa, es perfectible. Sin embargo, cuenta con fundamentos teóricos reconocidos internacionalmente, sustentados en las pedagogías del sur, los enfoques de equidad y los estudios sobre inteligencia emocional que buscan desarrollar la compasión social a la que se refieren Martha Nussbaum y Amartya Sen. 

 A quienes critican este modelo, cabría preguntarles: ¿cómo pueden contribuir a mejorarlo en lugar de fomentar la polarización o el miedo mediante críticas excesivamente radicalizadas o, en ocasiones, poco constructivas? 

 Del mismo modo que la NEM es perfectible, aún existen numerosos desafíos para lograr condiciones más equitativas y ofrecer oportunidades reales a los grupos históricamente vulnerados. No obstante, mientras algunos trabajamos por la igualdad de género, el respeto entre las naciones, el derecho a la salud y el acceso a la educación, pareciera que ciertos grupos hegemónicos intentan descalificar cualquier propuesta que cuestione sus formas tradicionales de comprender el mundo. 

 

Como señalan Pinedo y Yáñez: 

 “Con hambre y sin educación las posibilidades de desarrollar todas las potencialidades humanas —intelectuales, biológicas, sociales, comunicativas o estéticas— se ven seriamente amenazadas” (2023, p. 82). 

 Por su parte, Edgar Morin propone el desarrollo de un pensamiento complejo, interdisciplinario, sistémico y dialógico. Para ello, es necesario aprender a escuchar perspectivas distintas y transformarnos mutuamente a través del encuentro con los demás. 

En Educar en la era planetaria (2002), Morin sostiene que la educación constituye uno de los medios fundamentales para que la humanidad se humanice y evite su autodestrucción. Asimismo, afirma que el ser humano posee una dualidad permanente: la del Homo sapiens y la del Homo demens. En esta obra también presenta sus “seis principios de esperanza en la desesperanza”, entre los cuales destaca el denominado principio de salvataje: 

 «…es la conciencia del peligro que, según Hölderlin, sabe que ‘donde crece el peligro, crece también lo que salva'» (Morin, 2002, p. 98). 

 ¿Por qué relacionar esta idea con los planteamientos anteriores? Porque tanto Nussbaum como Morin, aun proveniendo de contextos históricamente asociados a sociedades dominantes, proponen formas alternativas de comprender la convivencia humana. Sus planteamientos coinciden en diversos aspectos con las propuestas de Paulo Freire y encuentran puntos de convergencia con algunos principios de la Nueva Escuela Mexicana. 

Como docentes, vale la pena preguntarnos: ¿estamos fomentando la esperanza o estamos contribuyendo, mediante nuestras prácticas cotidianas, a la exclusión y la autodestrucción? 

 

REFERENCIAS  

Giroux, H. Introducción. En Freire, P. (1990). La naturaleza política de la educación.  Paidós. 

 Pinedo Cantillo, I. A. y Yañez Canal, J. (2023). De la justicia social a la justicia compasiva: los aportes de Martha Nussbaum a la filosofía política. Discusiones filosóficas, 22(40), 59-91. 10.17151/difil.2022.23.40.4 

 Morin, E. et al. (2002). Educar en la era planetaria. Gedisa. 

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