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Natalia Meza Cruz – Estudiante de Bachillerato

El futuro es incierto; no sabemos lo que pasará incluso el día de mañana. Creo que esa es la razón por la que más le temo al futuro. Desde que tengo memoria, el futuro me ha parecido algo tenebroso. Sé que puede sonar exagerado, pero así es como me siento: me preocupa el hecho de no saber qué pasará, el no tener el control, el no saber si tendré éxito o no. Creo que es algo que todos, en algún punto, nos cuestionamos.

A mí, en lo personal, es algo que me preocupa. Con el tiempo he aprendido a no pensar tanto en el futuro, a intentar vivir el momento sin preocuparme por las cosas que vienen después. Es algo difícil, sinceramente; incluso aún pienso constantemente en él y en la persona que quiero ser.

En estos momentos soy tantas cosas, tantos valores, tantos sueños, inseguridades y aprendizajes. En mis valores tengo la honestidad, la responsabilidad y la empatía, los cuales vengo cargando desde pequeña gracias a mi familia. Tengo tantos sueños por cumplir; quiero ser tantas cosas que me da miedo no ser nada. Estoy repleta de inseguridades, algunas más insignificantes que otras, pero todas me han marcado en el transcurso de mi vida. Sin embargo, la vida también me ha dado muchas lecciones. He cometido una infinidad de errores, pero cada uno de ellos me ha dejado una enseñanza que me ha acompañado para formar a la persona que soy ahora.

Aún hay muchas cosas que me gustaría cambiar de mí, claro, todas para bien. Solo me pregunto si, en el futuro, habré logrado cambiar estas cosas. Espero que así sea, pero también deseo que, en ese proceso, no me pierda a mí misma, porque creo que perdernos a nosotros mismos es una de las peores cosas que pueden sucedernos en esta vida.

En estos momentos tengo muchas metas por cumplir, tanto a largo como a corto plazo. Algunas de mis metas son tener un buen promedio para poder obtener una beca en la universidad que deseo. Realmente no me sentía muy segura con la carrera que había pensado, pero últimamente lo he pensado bastante y sí es algo en lo que me veo trabajando en un futuro. A veces las personas optan por estudiar carreras impuestas por su familia o porque pagan muy bien, y el resto de su vida lo pasan en trabajos que genuinamente no les gustan, convirtiéndose su día en una rutina sin fin. Yo no quiero eso para mí. Esta carrera creo que podría llegar a ser agotadora, pero también creo que me llenaría el corazón de felicidad. Sé que debo

esforzarme y que no será sencillo, pero tan solo pensar en lo que obtendré es una motivación que me impulsa cada día.

También tengo metas que, una vez que logre, quiero conservar para toda la vida, por ejemplo, ser más organizada. Vivo en una pelea constante con mi mamá por el desorden que tengo en mi cuarto. A mí, genuinamente, no me incomoda verlo así; incluso creo que cuando está ordenado no tiene tanto esa esencia mía. Pero sé que debo ser un poco más organizada, tal vez no tener siempre todo en orden, pero sí intentar no tener cosas en el piso para poder encontrarlas más fácilmente. Sé que en el futuro lo lograré porque es algo en lo que ya estoy trabajando.

En ocasiones me pregunto cómo seré dentro de unos años. ¿Seré igual? ¿Qué tanto habré cambiado físicamente? ¿Qué personas se habrán quedado en mi vida? ¿A quiénes habré perdido? Estas preguntas inundan mi mente durante el día y la noche. Espero haber aprendido a ser más paciente, a no presionarme tanto y a comenzar a disfrutar lo lindo de la vida.

Aunque pensar en el futuro a veces me hace mal, también me ha ayudado a entender que cada cosa que pasa en mi vida me ha ayudado a ser quien soy ahora: esos momentos de vergüenza donde quería desaparecer, esos momentos de felicidad e incluso esos momentos de tristeza donde sentía que no podía respirar.

Solo hay algo que espero no perder nunca, y eso es mi “esencia”, eso que nos hace únicos. No olvidarme de quién soy. No hablo de ser siempre la misma, sino de que, en ese proceso de cambio, no me pierda a mí misma por intentar ser alguien que no soy o encajar en algún estándar. Porque ahí es cuando nos perdemos, y recuperarnos es difícil.

Durante mucho tiempo creí que cometer errores significaba fracasar, cuando no es así necesariamente. Como mencioné antes, fracasar nos deja una enseñanza de vida. Antes pensaba que, si algo no lo lograba a la primera, no valía la pena intentarlo otra vez. Ese pensamiento no es correcto. Para lograr algo, siempre debemos esforzarnos. No todo lo tendremos servido en bandeja de oro. Para lograr nuestros objetivos hay que tener dedicación; si cometemos un error, debemos aprender de él y seguir adelante, no estancarnos, porque ese es el peor camino que podemos escoger.

Solía pensar así respecto a la escuela. Creía que si fracasaba ahí me convertía en una inútil. Creo que eso se debe a que es algo muy poco hablado en las escuelas, y está relacionado con la salud mental. Fue un tema que se evadió durante mucho tiempo, pero después se le comenzó a dar visibilidad, lo cual me parece algo bueno. Durante toda nuestra vida nos han enseñado que incluso en los peores momentos debemos sonreír, aunque por dentro estemos completamente destrozados. Todos

cargamos con problemas que a veces es imposible evitar, cosas que callamos y no hablamos. Eso está mal. No deberíamos callar ese tipo de cosas porque es un peso difícil de cargar solos.

Pensar en mi yo del futuro me hace reflexionar en la infinidad de cosas que quiero mejorar, pero también en lo que he aprendido hoy. Todas esas enseñanzas que he recibido a lo largo de mi vida. Aprendí a no presionarme tanto en la escuela, a aprender de mis errores y a comenzar a disfrutar de los pequeños pero lindos momentos que nos regala la vida y que, en un futuro, atesoraré con toda mi alma.

Espero que, cuando llegue ese futuro, pueda mirar atrás y no sentir decepción por la persona que soy ahora, sino admirar lo que era y cómo logré cambiar poco a poco. Sentir orgullo de no haberme rendido, de no haberme perdido en ese proceso tan largo y maravilloso.

Por eso, yo del futuro, hoy te digo que me seguiré esforzando por nosotras cada día, para que voltees y me mires con orgullo. Te prometo no preocuparme tanto por el futuro porque “el ayer ya pasó, el hoy no es mañana y el hoy es incierto

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