
Francisco R. Gómez Puente Colomina – Ensayista
A pesar de toda esta vorágine en contra del rock, este longevo género musical con más de 70 años de vida, ha podido evolucionar constantemente, mostrando su fortaleza, al tener la enorme capacidad de fusionarse con una gran variedad de corrientes musicales, en donde algunas de ellas incluso pudieran parecerle totalmente ajenas y que, sin embargo, como pocos, lo han podido asimilar con un gran éxito, incorporando otros estilos que le han permitido crear así un gran abanico de subgéneros.
Para una mayor precisión recomiendo leer en la parte final de este ensayo el anexo: Glosario de Subgéneros del Rock.
Estas ramificaciones del rock, proporcionan múltiples alternativas para todos aquellos que son seguidores de este género, mostrando además su versatilidad para el gusto de casi cualquier persona que se deleita con la música, existiendo así por ejemplo el rock pop, representado por grupos como ABBA, contando también con el soul rock, que tiene a su propio Rey y este es por supuesto, James Brown; no puede dejarse de lado al blues rock, con figuras de la talla del músico inglés John Mayall; también está el subgénero del rock electrónico, con figuras como uno de sus iniciadores, el norteamericano Walter Carlos; también están las fusiones del rock con otros géneros como el jazz, para dar nacimiento a lo que se conoce como rock fusión; para quienes gustan de sonidos menos eléctricos, existe el folk rock, en donde sobresale el dúo de cantautores Simon & Garfunkel; igualmente existen subgéneros de lo que muchos llaman rock pesado, y que se encuentra ramificado a su vez en manifestaciones diversas como el speed, el thrash, el heavy y el punk; existen otros subgéneros más, pero sin duda, en mi opinión una de las máximas expresiones del rock, es el denominado rock progresivo, un subgénero que evoluciona constantemente, con madurez en cuanto a su técnica, estilos, tiempos, conceptos y sonidos, fusionándose con otros géneros musicales como la llamada música clásica o música culta, el jazz y el blues.
En adelante, expondré los datos que permitan fundamentar la premisa de que el rock, como un subgénero musical ha mostrado evidencia de los lazos que lo unen con manifestaciones culturales de diversa índole y gran nivel, identificándolo como una manifestación artística englobada en el ámbito de la cultura universal.
Con la advertencia de que no pretendo de ninguna forma ser exhaustivo, es importante señalar que las obras citadas a continuación son apenas una pequeña muestra del gran universo que forma parte de los registros de la música rock.
El rock y la música culta (el rock va a la academia)
Antes de abordar el tema de la relación que existe entre el rock y la música culta es conveniente hacer algunas precisiones; por un lado, distinguir aquellos otros proyectos encabezados por músicos del género rock que se han lanzado a la aventura de componer música culta, ejecutada precisamente por una orquesta, ya sea está sinfónica o filarmónica, pero sin incluir una pizca de rock, como es el caso del Liverpool Oratorio, compuesto por Paul McCartney en 1991, en el cual, a través de dos muy largos discos, se hace un relato lacrimógeno de su propia vida, este proyecto que debió haberse llamado Oda al Ego, pasó sin pena ni gloria, y en lo particular me pareció más bien un capricho del exbeatle, calificado por la crítica como un proyecto insustancial, y no es precisamente un disco que habría que utilizar como un frisbee, pero se quedó a la mitad del camino; existen también otros proyectos como el Celebrating Jon Lord, The Composer, en donde un grupo de amigos y viejos rocanroleros con nada más que buenas intenciones, deciden en 2014 grabar un disco de música culta con la Orion Orchestra, integrada por jóvenes músicos, como un homenaje a Jon Lord, el fallecido tecladista del legendario grupo de hard rock, Deep Purple, resultando un disco más bien insípido, en donde se extrañó la presencia de sus viejos -en verdad viejos- compañeros de Deep Purple, además del evidente bajo rendimiento de los rocanroleros convocantes, entre quienes se encontraba el talentoso Rick Wakeman, quienes se limitaron únicamente a emular a una especie de prima donnas.
Es importante también, clarificar aquellos otros proyectos -que no son objeto de este análisis-, en donde concurren simultáneamente grupos de rock y orquestas de música culta, esto es, hay rock y también hay elementos de música culta, como es el caso del disco de la banda citada anteriormente, el grupo inglés Deep Purple y la Royal Philharmonic Orchestra, llamado In Live Concert, grabado en 1969, con la presencia de un excelente grupo de rock y una excelsa orquesta de música culta, y que en México fue titulado, por cierto con muy buen tino, como concierto para grupo y orquesta, porque efectivamente a lo largo de la grabación, no hubo conjunción, tocaba el grupo y luego tocaba la orquesta, compitiendo para ver quién era el telonero de quién. Sin embargo, también existieron en este mismo estilo de proyectos, algunos otros exitosos como el del grupo inglés de rock progresivo Procol Harum, quienes en 1971, realizan la grabación de un concierto con la Edmonton Symphony Orchestra, en Alberta, Canadá, con un acoplamiento perfecto, con canciones de la autoría de este grupo de rock extraordinariamente arregladas, un disco casi perfecto, al cual solo le encuentro un defecto, no haber incluido su clásica “A Whiter Shade of Pale”.

Portada del disco “Live” de Procol Harum
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Brillante sin duda la obra «Caravan & The New Symphonia» grabada en 1974, con la banda inglesa de rock progresivo Caravan, junto con la New Symphonia
Orchestra, con unos excelentes arreglos orquestales en combinación con esta increíble banda de la región de Canterbury.
Portada del disco “Caravan & The New Symphonia” de Caravan
Imposible también, dejar de mencionar la grabación, que en opinión de la crítica especializada, es el disco fundacional del rock progresivo, el disco Days of Future Passed de la banda inglesa Moody Blues, acompañados de la London Festival Orchestra, y lanzado en 1967; ciertamente la grabación está constituida por interludios musicales entre la banda de rock y la orquesta, salvo en la canción “Nights in White Satin (The Night)”, en donde actúan de manera conjunta. El disco es considerado conceptual, debido a que cuenta con los temas unificados, a través de una narrativa que explora el paso del tiempo, considerando el pasado, el presente y el futuro.
Portada del disco “Days of Future Passed” de The Moody Blues
Cabe mencionar que, entre la gran variedad de música popular, también existen intérpretes de géneros distintos al rock, que han experimentado ese guiño a la música culta; me limitaré a citar dos ejemplos, uno es el caso del grupo cubano de jazz Irakere, quienes en 1979 realizan lo que me parece una interesante y aprobatoria fusión del Concierto para Flauta y Adagio de Mozart con un agradable sabor jazzístico – caribeño, y el otro es el menos afortunado y más cercano a nosotros, el caso de Rigo Tovar, “El Ídolo de las Multitudes”, quien con su grupo Costa Azul realiza en 1976 un intento de fusión de la música culta con la cumbia mexicana y una pizquita de música disco, esto es, algo así como digamos un híbrido guapachoso-disco, al grabar su versión de En las Estepas del Asia Central, del compositor ruso Aleksandr Borodin, quien dedicó esta obra al compositor austro húngaro Franz Liszt.
Pero, entrando en materia, en cuanto a lo que llamamos tributos a la música culta por parte de bandas de rock, que prácticamente han saltado al vacío sin red, y situándonos en la lejana década de los 60, ya existían en esa época coqueteos de algunas bandas de rock con la música culta, incorporando en sus composiciones instrumentos musicales que no les eran propios, así fueran de la sección de cuerdas, con violines y contrabajos, de la sección de vientos o maderas con flautas, clarinetes y oboes, y por supuesto de la sección de metales, con trompetas y cornos. En los inicios del rock estos coqueteos con la música culta eran tímidos, apenas insinuantes, como si se tratara de un oasis en medio de sonidos más bien terrenales, tal es el caso, por ejemplo, de algunas canciones de los Beatles que los situaban ya como una banda en franco camino a la madurez, con piezas como “Eleanor Rigby”, con ciertas pinceladas de influencia de Las Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi, o “Because”, esta con influencias de Moonlight Serenade de L. V. Beethoven, o la apocalíptica y extraordinaria obra maestra “A Day in the Life”, acompañada de crescendos orquestales con influjos del músico polaco Witold Lutoslwaski, abanderado del movimiento Solidaridad en la década de los 80. Y sin demeritar a los acérrimos rivales de los Beatles, los Rolling Stones, quienes también dan lucimiento a algunas de sus creaciones, con el influjo de la música culta, como es el caso de la bella y melancólica canción “She´s a Rainbow”, claro, Con una pequeña ayuda de su amigo, Nicky Hopkins al piano.
Ciertamente, no son pocos los músicos de rock que han realizado sentidos tributos a los grandes compositores de la música culta, ya sea a través del uso de la grabación de extractos de la obra de alguno de los grandes compositores, utilizados ex profeso como una introducción para sus conciertos, aunado al hecho de que se trata de obras que son del dominio público y que finalmente quedaron registrados para la posteridad en audio e imagen, lo cual se agradece por supuesto, y que sin tratar de hacer un recorrido total, citaré algunos casos como el realizado por el grupo inglés de rock neoprogresivo Marillion, quienes en su serie de conciertos The Thieving Magpie de 1988, incluyeron como su firma introductoria la obertura de la ópera La Gazza Ladra del compositor italiano Gioacchino Rossini, o el caso del músico neoyorkino, pianista y compositor Billy Joel, el “Piano man”, quien incluyó como apertura de su gira de conciertos 2000 Years, The Millennium Concert, el Cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de L. V. Beethoven, o bien el guiño que el grupo de rock progresivo italiano, Premiata Forneria Marconi, grupo con nombre de premio de pastelería, hace en su épica pieza de más de 15 minutos “Alta Loma Five Till Nine” con un arreglo propio a la magistral obertura de la ópera William Tell, que en mi añorada juventud identificábamos como el tema del programa de televisión “El Llanero Solitario”, de su compatriota Gioacchino Rossini, en su tour por Estados Unidos de América en 1974, o como el que realiza Ray Manzarek, tecladista de The Doors, en la canción “Hyacinth House” del álbum L. A. Woman de 1971, con un solo de su rancio órgano Vox Continental, en el que se incluyen extractos de la Polonesa en La Bemol Mayor, Op. 53 de uno de los mayores representantes del romanticismo musical, el compositor polaco Frédéric Chopin.
Empero, también existen adaptaciones de obras íntegras de los grandes compositores, como es el caso de la efectuada por el arriba citado, el talentoso tecladista norteamericano Ray Manzarek en su faceta de solista, libre de las restricciones de The Doors impuestas por el poeta y cantante Jim Morrison, incorporando al rock en 1983, la obra inmortal Carmina Burana del compositor alemán Carl Orff, en una emotiva versión en donde recrea hasta el éxtasis las letras redescubiertas por el compositor alemán en 1935, en esta novedosa adaptación, con una explosión de armonías plenamente identificadas con la música rock y que son, sin duda una efectiva inyección de entusiasmo.
Portada del disco “Carmina Burana” de Ray Manzarek
Otras grandes obras, como la conocida popularmente como Obertura 1812 del compositor ruso del romanticismo Piotr Illich Chaikovski, que ha sido sampleada en repetidas ocasiones por grupos de rock, como es el caso de la banda canadiense de metal progresivo Rush, en su “Suite 2112”, o el grupo inglés Move, en su canción “Night of Fear”, pero ninguna en particular me provoca una emoción tan profunda como la versión del baterista inglés Cozy Powell, en su pieza “Over the Top”, de 1979, en donde se hace acompañar de la Philadelphia Orchestra y el Mormon Tabernacle Choir, para lograr una versión en rock insuperable que incluye por supuesto los famosos y pirotécnicos 16 cañonazos de la obra original.
También se grabó en el subgénero del rock progresivo, la versión íntegra con la historia del travieso pastor de Peter and the Wolf del compositor ucraniano Serguei Prokofiev; con una pléyade de músicos rock, un auténtico dream team, de la talla de Phil Collins, Bill Bruford, Cozy Powell, Gary Moore, Gary Brooker, Manfred Mann y Brian Eno. Absolutamente recomendable tomarse el tiempo de buscar esta magnífica obra muy difícil de conseguir, un disco que, dicho sea de paso, hace tiempo alguien hábilmente lo sustrajo de mi colección.
En 1970, el grupo inglés Curved Air, uno de esos pocos grupos de rock progresivo, en donde una mujer funge como vocalista, lanzó su disco Air Conditioning en el cual realiza un tributo al gran compositor veneciano Antonio Vivaldi, con la pieza llamada precisamente Vivaldi, concierto efluvio a Las Cuatro Estaciones, y dos años después la reválida en su álbum Phantasmagoria, con el título de “Ultra Vivaldi”, sin embargo, aquella versión de 1970 me parece superior, destacándose la ejecución del violinista Darryl Way, muy por encima de la adaptación de 1972, con una mediana ejecución del tecladista Francis Monkman.
Y si de la música de Antonio Vivaldi se trata, es imposible dejar de mencionar el álbum Ciclos, que inicialmente se editó en dos discos de vinil, con la magna obra del grupo de rock progresivo español Canarios, realizada en 1974, hacia el final de la dictadura de Francisco Franco, como una adaptación basada en las Cuatro Estaciones del músico veneciano; sin duda una propuesta arriesgada pero exitosa de este grupo que curiosamente tuvo su origen en las Islas Canarias en 1964, con una propuesta musical de inicio bastante anodina, como una especie de Los Churumbeles de España, que se reestructura más tarde y una vez sublimado -gracias a Dios-, lanza esta grabación de la excelente e imprescindible obra, desafortunadamente a la fecha casi inconseguible, y que sin duda alguna incluiría en mi baúl de discos que llevaría a una isla desierta.
Portada del disco “Ciclos” de Canarios
https://www.scienceofnoise.net/canarios-ciclos/
Ciertamente fue muy difícil para los músicos de rock sustraerse a la influencia del gran compositor alemán Johann Sebastian Bach, así es que en 1967 el multicitado grupo inglés Procol Harum, lanza su inmortal canción “A Whiter Shade of Pale”, considerada como una de las más bellas piezas en la historia del rock, supercargadadenostalgiaydelagrimas para los contemporáneos de mi generación, pieza que está influida por los acordes de Aria para la cuerda del sol de este barroco compositor.
En la década de los 70 el rock progresivo se expande por toda Europa y de manera especial en Italia, a través de múltiples agrupaciones con innegables raíces en la música culta, en donde se pueden citar casos célebres como el del cuarteto romano Il Rovescio della Medaglia, con Contaminazione su obra fastuosa -así es como lo dice el diccionario-, lanzada en 1973 y basada en el Preludio y Fuga del Clavecin Bien Temperado del compositor alemán Johann Sebastian Bach, dentro de un subgénero más identificado con el rock sinfónico, destacándose para mi regocijo la pieza “Lei Sei Tu: Lei”, con el atinado contrapunteo progresivo de los teclados con la batería. Esta misma influencia existe en la pieza “Carnival Fugue” del grupo holandés Focus, encabezado por los geniales Thijs Van Leer y Jan Akerman, y que forma parte de su álbum Focus 3 de 1972.
El grupo inglés de rock progresivo Jethro Tull no podía hacerse de la vista gorda y dejar pasar un tributo a Bach, y es por ello que en su segundo álbum de 1970 Stand Up, incluyen la pieza “Bourée”, basada en el “Quinto Movimiento de la Suite en mi Menor para Laud, BWV 996 (BCL166)”, convirtiéndose en una de las piezas más exitosas del grupo, y que contribuye al lucimiento en los conciertos de su líder, el teatral compositor e introductor de la flauta en la música rock, el juglar Ian Anderson.
Memorable también la influencia de J. S. Bach en la extraordinaria pieza “The Only Way”, del álbum Tarkus de 1971, del trio inglés Emerson, Lake and Palmer, tomada de la “Tocata y Fuga en Fa Mayor para Órgano” de ese genial compositor alemán.
Y es precisamente este trío progresivo, el de los energéticos Keith Emerson, Greg Lake y Carl Palmer quienes se constituyen en uno de los grupos más representativos de la corriente progresiva, con una longeva actividad de más de cuatro décadas y algo más de 40 millones de álbumes vendidos, y que incluían una o dos versiones de música culta en cada uno de sus discos, a su muy peculiar estilo y que forman una gran lista, en donde destacan “The Barbarian” una adaptación de la pieza para piano “Allegro Barbaro” del compositor húngaro Bela Bartok, “Knife-Edge”, tomada de la “Sinfonietta” dedicada al hombre libre contemporáneo por el compositor checo Leos Janacek, una maravillosa versión de “Hoedown” del compositor norteamericano Aaron Copland, en su álbum de 1972 Trilogy, en donde también se puede escuchar una muy interesante adaptación del conocido “Bolero” del músico francés Maurice Ravel, intitulada en esta versión rock como “Abaddon´s Bolero”. Y por supuesto, el álbum íntegro Pictures at an Exhibition, en donde recrean en versión electrónica la obra homónima del compositor ruso Modest Mussorgski.
Y habría que destacar la obra que Keith Emerson, realizó antes de formar a ese poderoso trío, cuando acompañado de su grupo The Nice, graban en 1972 un álbum doble llamado simplemente Keith Emerson with The Nice, en donde se da vuelo, arreglando unas versiones en rock de música culta, que son de antología, iniciando con el Intermezzo “Karelia Suite” del mejor compositor culto finlandés, Jean Sibelius, así como el tercer movimiento de su dolorosamente melódica Sexta Sinfonía: conocida como La Patética, del apasionado compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski, así como la extraordinaria versión de América, de la obra para teatro West Side Story, del compositor decano de los compositores norteamericanos Leonard Bernstein, quien fallece en 1990, habiendo quedado registrado el edificio Dakota en Nueva York, como su lugar de fallecimiento, el mismo sitio en donde 10 años antes asesinaron a John Lennon.
Imposible dejar de mencionar a Ekseption, extraordinaria banda neerlandesa de jazz rock, muy reconocidos en Europa a principios de la década de los 70, quienes prácticamente basan casi todo su catálogo discográfico en lo que algunos han dado en llamar refritos clásicos, que van desde “The 5th” y “Rondo” de L. V. Beethoven, pasando por “Air”, “Italian Concerto” y “The Lamplighter” de J. S. Bach, sin dejar de lado “A la Turka” de W. A. Mozart, y algo más contemporáneo como “Rhapsody in Blue” del compositor norteamericano George Gershwin.
La banda inglesa YES, una de las bandas más exitosas y creativas del rock progresivo, curiosamente cuenta con un acercamiento muy limitado con la música culta, y son pocas las referencias, como aquella pieza que incluyen en su álbum Fragile de 1972, titulada “Cans and Brahms”, un peculiar extracto de la Sinfonía número 4 en mi menor, op. 98 del compositor alemán Johannes Brahms, así como un extracto de la “Firebird Suite” del compositor ruso Igor Stravinski, con su pieza “Opening” del álbum de 1975 Yessongs. Sin embargo, es justo reconocer que esta vena clásica es sobre todo obra de uno de los tecladistas del grupo, el británico Rick Wakeman, quien posteriormente en su faceta como solista, ha realizado una vastísima y ambiciosa creación de piezas con influencias entre otros, del compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski y el francés Claude Debussy, latentes en sus discos The Six Wives of Henry VIII, Journey to the Centre of the Earth y Rhapsodies, por solamente mencionar algunos.
Podría continuar enlistando a un sinnúmero de estos extraordinarios coqueteos que han hecho los músicos de rock con la música culta, sin embargo, me parece que merecen una mención especial en este análisis, aquellos músicos que aún y cuando no realizan un tributo propiamente dicho a la música culta y que se encuentra plenamente identificada con algún compositor, es un hecho que se han realizado obras que, parafraseando a José Agustín, se constituyen sin duda alguna en la nueva música culta, como la banda belga de rock pop Wallace Collection, quienes en 1969 y contando en sus filas con Raymond Vincent y a Jacques Namotte, procedentes de la Orquesta Sinfónica de Bélgica, y dentro de su escasa producción discográfica realizaron dos obras verdaderamente sublimes y nostálgicas como lo son “Daydream” y “Serenade”, y de manera muy especial destaca la obra del compositor y multinstrumentista inglés, Mike Oldfield, a quien descubrí en 1982, cuando escuchaba todos los días a través de las cortinillas musicales del inicio de transmisiones del aquel entonces canal 13 de televisión, una melodía que nunca más podré olvidar, mi elixir para la depresión (sí, por supuesto está en el primer lugar de los discos que llevaría a una isla desierta), aún y cuando al principio no me fue fácil identificarla. La pieza musical en cuestión forma parte de la obra épica Incantations, un álbum doble creado en 1978, una auténtica obra maestra, mágica, estremecedora y muy motivante, rock progresivo con raíces celtas, balanceándose entre atmósferas acústicas y eléctricas, un auténtico ENCANTAMIENTO. Este álbum Incantations forma parte de sus cuatro primeros discos conceptuales de este músico inglés, los otros son Tubular Bells (con el perturbador soundtrack de la película El Exorcista), Ommadawn y Hergest Ridge. Empero, en una entrevista Mike Oldfield reconoció alguna vez que su obra contaba con cierta influencia del compositor finlandés Jean Sibelius.
Portada del disco “Incantations” de Mike Oldfield
Pero, el rock también se solaza con la representación gráfica que existe en las portadas de sus discos, algunas de ellas tomadas de obras de arte pictórico, o con creaciones propias que compiten en belleza.