Bad Bunny y la rebeldía permitida

Regina Solis – Estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación

Últimamente parece que todas las celebridades quieren cambiar el mundo. Pero ¿puede alguien realmente desafiar al sistema desde dentro del mismo sistema que lo hace millonario?

Navegando por Instagram me encontré con una publicación de @somos.buscaminas, que plantea “la paradoja de los rebeldes”. Se refiere a cuando las celebridades usan su fama para desafiar al sistema, pero en realidad terminan beneficiándolo.

“Es la ‘rebeldía permitida’: puedes insultar al sistema, siempre y cuando generes los niveles de audiencia que el sistema necesita para sobrevivir y mantenerse relevante con los más jóvenes”. (Instagram, @somos.buscaminas, 4 de febrero de 2026).

Entonces, ¿hoy en día una celebridad rica puede ser realmente “rebelde”? ¿No será que el sistema ya aprendió a capitalizar incluso la rebeldía?

Porque, como ya sabemos, no existen millonarios éticos —ni siquiera las celebridades que amamos— y todo lo que han logrado ha sido, en mayor o menor medida, a costa de otras personas menos privilegiadas dentro de un sistema que las explota.

Entonces, ¿no hay forma de ser ético en esta sociedad capitalista? ¿Será que el sistema nos obliga a priorizar el dinero sobre la dignidad humana? ¿Será que, en esta era de digitalización y de sociedad líquida, importa más lo que aparentamos que lo que realmente somos?

Pero ¿acaso no es mejor un activismo performativo que nada?

El sistema aparece abierto —aunque no necesariamente lo sea— al permitir libertad de expresión en sus plataformas. Sin embargo, esto puede ser al menos un comienzo. Se puede empezar dando visibilidad y representación en medios masivos.

¿A nosotros nos escucharán como escuchan a las celebridades? Tal vez la pregunta entonces no gira tanto en torno al papel de las celebridades, sino a por qué nosotros, como sociedad, hemos decidido otorgarles tanto peso.

La reciente participación de Bad Bunny en el Super Bowl es un ejemplo claro de esta paradoja.

Últimamente ha sido conocido por incluir en sus canciones mensajes políticos contra el colonialismo y el racismo. Durante el show envió un mensaje de unidad y orgullo latino que, como hemos visto, ha motivado a miles de latinos y latinas alrededor del mundo.

Claro que él no va a encargarse de emancipar a Puerto Rico, ni le corresponde. Esa es responsabilidad de los gobernantes. Pero también existe una cierta hipocresía en el discurso de las celebridades: poseen una acumulación enorme de riqueza y, aun así, son alabadas por la mayoría de nosotros.

Esto no significa que debamos dejar de ser fanáticos de nadie. También es importante encontrar comunidades y el sentido de pertenencia que puede brindar un fandom. Pero eso no implica renunciar al pensamiento crítico frente a lo que consumimos.

Aquí resulta pertinente recordar el axioma de Marshall McLuhan: “el medio es el mensaje”. Con esta idea señala que el canal de comunicación, en muchos sentidos, termina siendo

parte del contenido, independientemente de lo que se diga a través de él.

Entonces, aun con toda la representación y belleza del performance de Benito en el medio tiempo, debemos preguntarnos por qué ese canal permitiría transmitir ese mensaje.

No necesariamente porque esté de acuerdo con su postura crítica hacia el gobierno nacionalista y de derecha de los Estados Unidos, sino porque hoy en día se capitaliza absolutamente todo: incluso los movimientos sociales y las rebeliones. Por paradójico que parezca, la producción de capital suele colocarse por encima de la ideología.

Al final, no deja de ser una manera de generar rating y miles de dólares para los organizadores del evento e incluso para el propio gobierno estadounidense; mientras que, al mismo tiempo, pueden presentarse como los “buenos” ante audiencias jóvenes y ante quienes se oponen a políticas migratorias como las impulsadas por Donald Trump.

Por otra parte, su mensaje sigue siendo poderoso. El arte es político. ¿Es contradictorio? Sí. Pero eso no significa que no genere un impacto cultural.

Tampoco podemos polarizar las opiniones y desestimar lo que significa que, por primera vez, un artista latino haya encabezado de manera solitaria el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, completamente en español, dando visibilidad a la cultura latina.

Ambas cosas no son excluyentes. Puede ser contradictorio participar en un macroevento consumista estadounidense y, al mismo tiempo, utilizarlo como una plataforma para visibilizar la cultura ante personas cuyo único acercamiento a la política quizá sea a través de la cultura pop —que, en mi opinión, es importantísima—.

Entonces, ¿con qué podemos quedarnos?

No solo con los miles de videos viralizándose en redes sociales ni con el performance que nos regaló. Podemos quedarnos con el sentimiento de orgullo que generó su presentación y trasladarlo a nuestra vida cotidiana.

Abrir conversaciones con nuestros amigos y amigas. Fomentar el pensamiento crítico frente a los mensajes que recibimos día a día. Y, sobre todo, dejar de esperar que alguien más nos diga qué está pasando en el mundo y cómo deberíamos sentirnos al respecto.

La tarea es generar nuestro propio criterio y no dejarlo en manos de los demás.

Comunicación Sistema UNIVA

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