Arquitectura para corazones rotos

Joel Ponce Barreto – Coordinación de Proyectos y Adaptaciones del Sistema UNIVA

Últimamente, cuando camino por el centro de Guadalajara, siento que la ciudad me habla. No en voz alta, sino en susurros que se quedan atrapados en las paredes viejas, como si cada edificio esperara —paciente, melancólico— a que alguien lo escuchara de verdad. Entre esos silencios urbanos hay estructuras que me detienen, que me miran como diciendo: “Yo fui algo… todavía puedo serlo”.

Puede sonar dramático, pero hay algo profundamente romántico en lo abandonado. Quizá sea la nostalgia, o esa estética decadente parecida a un videoclip de Lana del Rey grabado en 35 mm: luz tibia, polvo flotando, un glamour triste que solo existe en lo que está a punto de perderse. O tal vez es esa especie de cariño que brota cuando reconstruyes, que le devuelve vida a aquello que parecía ya muerto.

No he ido, pero la historia de Bérgamo, aquella fábrica abandonada convertida en templo cultural del techno en Berlín, siempre me persigue. Me inspira la idea de que alguien haya visto belleza donde otros solo veían ruinas. Y me hace creer que mi propia ciudad puede tener ese mismo destino si la miramos con atención.

En mis recorridos —especialmente en el trayecto rutinario al gimnasio— me encuentro con edificios que aún laten, aunque sea bajito.

 

Corona 389 — La Casona Verde

En Av. Corona 389, la llamada Casona Verde, construida a principios del siglo XX, es uno de esos ejemplos donde la arquitectura permanece incluso cuando todo lo demás se ha desdibujado. Su traza casi triangular responde con ingenio a la geometría irregular de la manzana. Dos patios interiores, colocados estratégicamente, alivian el inmenso calor cuando fueron concebidos.

A pesar de los comercios que cubren su fachada con lonas, cables y estructuras improvisadas, sigue siendo legible su vocabulario formal: balcones balaustrados, columnas jónicas, frisos geométricos y una balaustrada de barro que suaviza las esquinas. No es ruina ni museo; es un edificio vivo atrapado entre dos tiempos. Su valor está en reconocer que todavía respira y que puede reincorporarse a la ciudad sin borrar su memoria.

 

Av. Juárez 578 — Edificio Mosler

Un poco más adelante, en Av. Juárez 578, está el Edificio Mosler, construido hacia la década de 1930. Fue uno de los primeros intentos de Guadalajara por coquetear con la verticalidad moderna, un gesto arquitectónico que aspiraba a una ciudad más cosmopolita. Hoy, aunque gastado, mantiene una presencia casi cinematográfica: proporciones sobrias, estructura clara y un clasicismo tardío que remata en una cornisa que aún impone respeto. Es un edificio que fue “futuro” en su momento, pensado para una Guadalajara que apenas comenzaba a imaginarse hacia arriba.

 

Conclusión

Quizá por eso sigo mirando estos edificios con una mezcla de cariño y obstinación: porque en su desgaste encuentro posibilidades. La Casona Verea, el Mosler y el Edificio de las Costureras no son reliquias; son futuros pausados. Guadalajara no necesita borrar su pasado para avanzar. Necesita escucharlo.

Porque, al final, la arquitectura también es para corazones rotos: estructuras que se dañaron, que resistieron, que siguen ahí esperando que alguien las mire con la paciencia suficiente para devolverles sentido. Y quizás —como en una canción lenta indie— lo verdaderamente bello está en esa capacidad de renacer sin olvidar lo vivido.

Bibliografía:

Revisiones GDL. (2018, 12 de agosto). Ficha: 16 de Septiembre 174 – Edificio Mosler. https://revisionesgdl.com/2018/08/12/ficha-16-de-septiembre-174-edificio-mosler/

Revisiones GDL. (2013, 2 de mayo). Ficha: Juárez 685 – Edificio de las Costureras. https://revisionesgdl.com/2013/05/02/ficha-edificio-de-las-costureras-av-vallarta-865/

Revisiones GDL. (2018, 30 de noviembre). Ficha: Corona 389 – Casona Verea. https://revisionesgdl.com/2018/11/30/ficha-corona-389/

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