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17 de los 40 años de Historia.

José Carlos García Álvarez - Coordinador Académico de Ciencias Comerciales

Este año estamos de fiesta, de manteles largos. Nuestra querida universidad cumple 40 años de haber llegado a esta región; 40 años formando piedadenses; 40 años siendo referente en sus alrededores, siendo cobijo para aquellos que en su momento salir del terruño no fue una opción; 40 años en los que se ha convertido en la mejor universidad de la región, con una oferta educativa vasta, con vinculación entre los sectores público y privado como pocas, preocupada por la internacionalización, ocupada en que sus alumnos conozcan el mundo, lo descubran y tengan una visión más amplia.

De esos 40 años de historia, es para mí un honor formar parte de los últimos 17: tres como estudiante de la Licenciatura en Comercio Internacional, sin duda una carrera apasionante donde pude convivir con grandes compañeros y excelentes profesores. Una etapa que siempre queda en la memoria: una vida universitaria alegre, de mucha exigencia, pero también de grandes amigos. ¿Cómo olvidar las participaciones como grupo en los Rallys de Semana UNIVA? ¿O en los concursos de fonomímica que reunían alumnos, egresados, familias y población en general, abarrotando la antigua cancha de futbol rápido? ¿Cómo olvidar las cátedras del profesor Isidro Castillo, economista que, con plumón en mano, explicaba la realidad económica de aquel entonces, sin necesidad de diapositivas ni tecnología? O aquella icónica frase del maestro Horacio al terminar sus clases: “¿Dudas, preguntas o acaloradas discusiones?”. Profesores que forjaron el carácter de muchos, que nos mostraron que la vida laboral no era sencilla y que nos prepararon para ella, mostrándonos, como decía el Mtro. Luis Alberto Saldaña, que “el mundo no termina en Santa Ana, Pacueco”, impulsándonos siempre a ir por más.

Si bien es cierto que mi historia formal con la universidad inicia en 2008, esta tiene mucha más historia. Años atrás, cuando un niño salía de entrenar futbol y tomaba el transporte público con ilusión para llegar al trabajo de su padre, visitar la universidad era uno de mis pasatiempos favoritos, más si llegaba en horario en que pudiera degustar unas ricas enchiladas suizas de doña Esme, en la cafetería. Sí, mi historia con UNIVA tiene bastantes años, desde que don José García León, después de una vida al servicio de la educación pública en sus diferentes niveles, decidió incursionar en la educación privada y dar un nuevo rumbo a su vida profesional. ¿Quién iba a pensar que esa decisión marcaría a toda una familia? ¿Quién iba a pensar que muchos años después hoy yo estaría escribiendo estas letras para felicitar a mi querida universidad por sus 40 años de vida en La Piedad? ¿Quién pensaría que de esos 40, he vivido de cerca 17?

La historia fue creciendo. Después de ser mi padre el que nos acercó a la universidad, continuó mi hermana Rosa Irma, quien cursó la Licenciatura en Mercadotecnia y formó un futuro profesional en una universidad que le permitió laborar y estudiar al mismo tiempo, y que le abrió las puertas para ganarse un lugar en la empresa en la que colabora desde hace bastantes años.

Después vinieron los cursos de verano para los hijos de empleados, gran estrategia para que supiéramos lo que hacían nuestros padres, para compartir un poco de tiempo con ellos y para empezar a amar a esta gran universidad. Más tarde, los cursos de inglés en sábado, que además eran dignos de presumir entre mis compañeros de escuela: ¿quién más iba a UNIVA?

Llegó la etapa de licenciatura. Después de un año de aprendizajes enormes, de salir de casa y enfrentar solo un mundo desconocido, regresar se convirtió en un deseo y un anhelo por comenzar una nueva historia. Y así fue: en septiembre de 2008 ingresé de manera formal a aquella universidad que ya conocía, aquel lugar donde aún trabajaba mi padre y donde, en alguna clase, tuve el privilegio de compartir aula con él como profesor. Pronto supe que dedicarme sólo a estudiar me dejaría mucho tiempo libre y decidí buscar un espacio en el que pudiera ocupar mi tiempo haciendo algo productivo. En ese momento apareció Paulo César Cisneros Neri, encargado de Tecnologías de la Información, de quien me convertí en su becario. A partir del tercer cuatrimestre, mi día era estar en la universidad: cuatro horas estudiando y cuatro horas apoyando en ese departamento, del que después formé parte.

Las actividades fueron variadas; como becario me tocó hacer un poco de todo, y lo disfruté mucho. Aprendí de buenos maestros; supe que el esfuerzo tenía recompensas; aprendí que, cuando algo se solicitaba, debías llegar con opciones, nunca con las manos vacías; aprendí que apoyar en algo que “no te toca” te hace conocer el valor de esa labor, ser empático y consciente del trabajo de todos y del aporte que este tiene al objetivo final. Por mi puesto pude relacionarme con mucha gente: profesores, alumnos, administrativos, personal de mantenimiento que en muchas ocasiones me invitaban a comer cuando el trabajo apretaba. Gracias a ellos, que siempre estuvieron atentos aun sin ser su obligación.

En poco tiempo ya era estudiante, becario, incluso fui botarga en distintos eventos. La idea era participar y devolverle a la universidad un poco de todo lo que me estaba dando. Creo que eso no ha cambiado: sigo intentando devolver un poco de lo mucho que me da todos los días.

En mis tiempos de estudiante también pude viajar: estuve en un seminario de administración en La Habana, también en el BID en Washington; pude hacer un intercambio de Vive México durante un mes en un festival de cine en Portugal, además de varios viajes nacionales con visitas empresariales y académicas.

Un poco antes de terminar la licenciatura, recuerdo muy bien: julio de 2011, un día por la tarde, en medio de un examen, fui citado a dirección. La cosa se puso seria. Al entrar estaban mi jefe de departamento y la directora del campus. Pronto supe que no había hecho nada malo: ese día marcó el inicio de una nueva historia y un

excelente regalo de cumpleaños. Ese día me ofrecieron formar parte del equipo administrativo de la universidad. Auxiliar de almacén: ese fue mi primer puesto. El décimo cuatrimestre lo compartí entre estudio y trabajo. Ya ganaba mi propio dinero, yo sentía que ya tenía más responsabilidades. Gracias a la universidad, nunca he pertenecido a la estadística de desempleo de este país.

Septiembre de 2011 marcó el inicio de mi etapa laboral. En ese tiempo aún pensaba que sería por pocos años, pero el panorama cambió. De pronto, en 2012 tuve la oportunidad de estudiar nuevamente, gracias a una beca de mi universidad, la Maestría en Administración. Poco a poco tuve nuevas oportunidades: seguí a cargo del almacén, pero también comencé a apoyar nuevamente en Tecnologías de la Información e Infraestructura. Preparar eventos, atender profesores, apoyar alumnos era el día a día.

Un hecho desafortunado abrió para mí la posibilidad de pasar a la Coordinación de Tecnologías de la Información: el fallecimiento de uno de mis compañeros y maestro, el Mtro. Vicente López, abrió la posibilidad de desempeñar ese puesto por varios años. Un trabajo que hice con pasión: manejar el sistema, asegurar su funcionamiento, atender personas, procurar excelentes condiciones en aulas y laboratorios fue algo que disfruté. Desde ahí, y gracias a las invitaciones del Mtro. Marco Antonio Fernández, pude participar en distintas ediciones del FOROMIC, evento organizado por el BID, al que CEPROA era invitado a colaborar. Tuve la fortuna de participar en Guadalajara, Ecuador y Jamaica, en la transmisión en vivo del evento. Eso reafirmó en mí la importancia del lugar donde estaba trabajando y la trascendencia que tiene.

La universidad también me dio una familia: aquí conocí a la que hoy es mi esposa, la Mtra. Yolanda Carolina Ruiz, que se volvió cómplice de aventuras, retos laborales, estudio y vida.

Después llegó la pandemia, otro gran reto: capacitar a toda la comunidad universitaria para pasar a una modalidad que nunca habíamos explorado. El trabajo virtual, al inicio, se volvió caótico: sin horarios, con mucha carga laboral, con estrés por el encierro. Todo esto con una pequeña de seis meses que iniciaba su vida y que requería atención, muchas veces más de la que sentía que podía ofrecerle. Pero todo fue tomando su rumbo: los usuarios iniciaron a utilizar las plataformas cada vez mejor; mis horarios de trabajo, muchos días, se mudaron a la madrugada, cuando esa pequeña ya dormía. Siempre intenté hacer mi mejor trabajo, sabía que en ese momento dar soporte era esencial para que los usuarios pudieran tener la mejor experiencia posible.

Una vez más llegó una llamada, en esta ocasión con el ofrecimiento de pasar al área académica, específicamente a la Coordinación de Ciencias Comerciales. Por inercia, mi respuesta fue sí. No sabía qué me deparaba, no sabía cuáles serían mis funciones. Siempre tuve contacto con los académicos, mi esposa ya era una de ellos, pero siempre guardé distancia con sus procesos. Sin duda, fue uno de los mejores “sí” que he dado. Pasar a esta área, de la cual hasta hoy formo parte, cambió mi forma de ver el trabajo: la cercanía con los jóvenes, la organización de

sus clases, cuatrimestres, docentes y actividades, sin duda, cambió la forma de ver la universidad. Un puesto que, desde el inicio, intenté desempeñar con la mayor responsabilidad posible y que hasta la fecha me ha dado muchas satisfacciones. Los logros de los jóvenes, los viajes, las actividades extraescolares, el procurar que su vida universitaria sea memorable, es uno de los mejores trabajos que alguien puede tener. Desde aquí pude llevar hasta la fecha a dos grupos a una gira académica por Panamá. Cambiar la vida de los jóvenes mediante un viaje es algo muy satisfactorio; apoyarlos en su desarrollo académico también lo es.

Y así, se resumen 17 años de ser UNIVA, de ser Ocelote y de pretender seguirlo siendo, creciendo y apoyando desde la trinchera que el destino tenga preparada para el futuro. Por eso hoy te celebro, por eso hoy te felicito, por eso hoy reconozco que esos 40 años han formado grandes profesionales, pero sobre todo excelentes personas. Por eso hoy puedo decir que es un orgullo formar parte de 17 de los 40 años de historia de este gran plantel: UNIVA La Piedad.

Felices 40… y que vengan más.

Comunicación Sistema UNIVA

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