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Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien

Muchas veces podemos pensar que tenemos todo resuelto, que no nos falta nada y, justo ahí, cuando estamos en la cúspide, el mundo se expande y nos pide más, de modo que el suelo se vuelve lejano y la humilde sencillez se nos escapa, hasta que algo nos hace volver a tocar tierra. Hoy el Señor nos hace ver que la grandeza no es la complejidad que el mundo pide, sino aquella que se obtiene con la sencillez de la humildad, que nos hace verdaderamente hombres y mujeres libres.

La grandeza del hombre redunda en la libertad que Dios nos ha dado, esa capacidad de poder elegir y asumir responsablemente esas elecciones que nos acercan a Dios o nos alejan de Él, ya que, mientras más elegimos lo bueno y lo bello, más nos acercamos a esa configuración con Jesucristo, «el hombre perfecto», al cual estamos llamados a imitar en todo sentido. ¿Por qué nosotros no podemos imitar esa grandeza que nace desde lo sencillo?

«Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien». Esas son las palabras de Jesucristo al expresar su gratitud al Padre por revelar los grandes misterios de la humanidad a la gente sencilla, a la gente que no se complica la existencia queriendo agradar a otros, sino solo a Aquel por quien vale la pena darlo todo. Gracias, Padre, por abrir tu grandeza a todos cuantos así lo desean, porque lo que tú das no se obtiene a fuerza de grandes cosas, sino de la sencillez de tu creación y de tu revelación.

Querida comunidad UNIVA, Dios nos abre las puertas de su amor y de su conocimiento, esa puerta que es estrecha, pero que no deja de estar abierta para todos aquellos que buscan, con sincero corazón, la gracia de Dios; esa gracia que se encuentra desde lo sencillo. Dios se hizo hombre en la sencillez de una pobre familia de Nazaret y, desde una realidad frágil a los ojos del mundo, después de dos mil años sigue cambiando vidas, sigue sanando y sigue transformando. La sencillez es, sin duda, el grito que muchos callan y que el mundo tanto necesita.

Que el Señor nos asista con su gracia para poder cultivar nuestra sencillez y humildad; que nos conceda su auxilio para no desistir en esta lucha contra la soberbia, contra la avaricia, contra tantas cosas que el mundo toma como buenas y que, en realidad, no lo son para el hombre. ¡Solo Dios basta! Que el mundo no nos seduzca para intentar llenar aquello que solo Dios puede llenar.

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