¡Qué fácil es señalar los errores de los demás! ¡Qué fácil es reconocer las fragilidades de los otros! Pero qué difícil es ser humildes y reconocer nuestros propios errores, nuestras propias flaquezas. Nuestro Señor utiliza una palabra muy fuerte: «¡Hipócritas!», para referirse a esa doble moral de señalar sin saber señalarnos primero.
Que nuestra intención esta semana sea reconocernos limitados y, desde esa convicción, comprender que todos somos frágiles y perfectibles, fomentando una convivencia fraterna y caritativa entre todos.
El Evangelio del día de hoy nos dice: «No juzguen y no serán juzgados; porque, así como juzguen, los juzgarán, y con la medida que midan, los medirán». Se trata de una llamada fuerte a guardarnos de la crítica destructiva hacia los demás, porque hay que reconocer algo: no es lo mismo juzgar desde la crítica que puntualizar desde la corrección fraterna. La gran diferencia entre ambas radica principalmente en el motivo del que surgen. Si el deseo nace de un corazón que busca ver crecer, superarse y trascender al otro, es una clara señal de corrección fraterna; en cambio, si surge de un corazón corrompido por la envidia, el deseo del mal o incluso por un impulso narcisista, es una señal manifiesta de una crítica que seguramente tenderá hacia la destrucción.
Querida comunidad UNIVA, los invito a que esta semana revisemos la manera en que buscamos corregir a nuestros compañeros de trabajo, amigos y familiares, de modo que, al analizar nuestras correcciones, podamos darnos cuenta con quiénes hemos sido realmente fraternos y con quiénes hemos faltado a la caridad. Así, en futuras ocasiones, cuando necesitemos hacer una corrección, podamos hacerlo con una particular muestra de afecto y cariño o, cuando menos, respetando la dignidad que toda persona merece y que todo cristiano está llamado a reconocer.
Que el Señor nos asista y nos mueva a amar con un amor sincero, alejando de nosotros toda envidia y toda mancha de descortesía en nuestro trato con los demás.


