Después de la multiplicación de los panes, los discípulos olvidaron llevar pan para el camino (Mc. 8, 14-21), lo que provocó una discusión sobre cómo resolver el problema. Jesús, aprovechando la ocasión, les ofrece una enseñanza.
Al igual que los discípulos, podemos caer en preocupaciones demasiado materiales, centrados únicamente en satisfacer nuestras necesidades, y olvidarnos de nuestra relación de confianza con el Señor. La «levadura de los fariseos» consiste en anteponer mis propios intereses de manera egoísta, sin considerar a los demás.
Cuando ponemos a Dios en primer lugar, somos conscientes de que todo lo que somos y tenemos proviene de Él. Este reconocimiento elimina el egoísmo de nuestro corazón y da paso a la gratitud. Los discípulos se preocupaban por no tener pan, pero olvidaban que estaban con Aquel que había multiplicado los panes y alimentado a más de cinco mil hombres.
Nunca olvides que, cuando Dios está contigo, antes de preocuparte, piensa que Él te proveerá todo lo que necesitas. Aprendamos a confiar en su divina providencia.
Señor, concédeme la gracia de aprender a abandonar todas mis preocupaciones en tu infinito amor.