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Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

Para gobernar con acierto y honestidad a la ciudadanía el político debe carecer de compromisos particulares. Los compromisos particulares son aquellos que se adquieren con personas o grupos que, a cambio de apoyar una candidatura o un ejercicio de gobierno, exigen cuotas de poder o de dinero, o ambas.

Las cuotas de poder se traducen en reparto de funciones a un listado de personas recomendadas tengan o no las cualidades que el cargo requiere, desde luego se trata de una maniobra corrupta. Las cuotas de dinero se pagan facilitando permisos, modificando usos de suelo en favor del favorecedor, cerrando los ojos ante omisiones, usurpaciones, allanamientos o violaciones de leyes y reglamentos del tipo que sean. Cualquier objeción que el gobernante pudiera plantear es inmediatamente desechada por el compromiso previamente adquirido.

De esta manera el medio ambiente de Guadalajara fue destruido, se hicieron fraccionamientos donde todos los profesionales advirtieron que no debían hacerse jamás, colonias sin parques ni espacios abiertos, altas torres en áreas conflictivas, pozos y tomas de agua fuera de norma, desecho de residuos tóxicos a pesar de cualquier estatuto, una línea tres a increíble sobreprecio, endeudamientos colosales e imparables, opacidad a la hora de transparentar el uso de los recursos, y lo que usted quiera y guste, porque las autoridades en turno tenían muchos compromisos.

Por lo mismo, un gobierno acertado y honesto no debería estar sujeto al interés personal de dinero y poder, el poder a costa de lo que sea, y el dinero a como dé lugar y en abundancia. Es verdad que todo ser humano tiene el legítimo deseo de prosperar y hacer fortuna, pero ese deseo es totalmente ilícito cuando se pretende satisfacerlo por medio del dinero público y del tráfico de influencias del espacio político.

Justamente la enorme diferencia que se da entre un político oportunista y un estadista, es que el estadista se pone por encima de todo compromiso, y pone el bien de la sociedad por encima de sus intereses personales, lamentablemente la sociedad mexicana en doscientos años con trabajo dio un destacado estadista en la persona de Porfirio Díaz, y algunos buenos burócratas durante los sexenios del “milagro mexicano”, los demás han sido líderes acorralados por su propia ideología, mercadólogos del triunfo que no supieron gobernar, idealistas capaces de cautivar pero que fracasaron en la administración pública, como Madero, o vividores de la calaña del general  Santana.

Nuestro tiempo no es mejor, y en algunos aspectos sí que es mucho peor desde el momento en que constatamos el crecido número de profesionistas y jóvenes empresarios pasmosamente enajenados de la vida pública, ellos están dedicados a lo suyo, vaya, ni siquiera les importa el uso que el gobierno hace de los impuestos que pagan, se acomodan a la cultura de la inseguridad como si se tratara de algo natural, y no les pasa por la cabeza que se podría construir un ambiente de vida mucho más sano y manejable;  con que logren esos fines en sus reducidos espacios de trabajo, ahí donde tienen su computadora, su oficina en casa, y el acceso a las redes sociales, con eso les basta, lo que ocurra fuera no es su asunto, a menos que cierren los antros.

 

 

Publicado en El Informador del domingo 22 de agosto de 2021

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