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Viviendo en tierras lejanas

Ana Karen Zajur Martínez • Alumna Licenciatura en Nutrición

 

“Cuándo realmente quieres que algo suceda, el Universo entero conspira para que tu deseo se vuelva realidad.” – Paulo Coelho, El Alquimista

Leí éste libro justo antes de partir a España, como si fuera coincidencia. La historia de cómo llegué a hacer mis intercambios es algo inusual y ni yo he podido explicar la suerte que tuve, simplemente puedo agradecer que sucedió.

Recuerdo con claridad la silueta de las dunas del desierto del Sahara tras el atardecer el día que llegamos al campamento en camello. Uno de los paisajes más hermosos que he visto en mi vida. La obscuridad del cielo del desierto tras el anochecer permitía apreciar la belleza de las estrellas y la magia del universo que me trajo aquí. Aunque ninguno de mis intercambios fue en Marruecos, el conocer otros países fue parte de la aventura.

“Quiero irme de intercambio” solía decirle a mi madre desde que comencé la carrera. Sabía que eso implicaría sacrificio y esfuerzo, pero sabía que valdría la pena. Ahora puedo decir que ha sido la mejor decisión de mi vida.

Canadá, España y Francia fueron los países que dejaron huella en mí, reflejado en las frases que aún repito en mi cabeza en francés, la organización para la obtención de objetivos del canadiense y la alegría y flexibilidad de pensamiento del español. Cada país con su personalidad distintiva. Y luego nos preguntamos porque el mexicano tiene fama de fiestero.

Del año y medio que estuve fuera aprendí de mí, de mis límites y mis capacidades. De ellos me llevo anécdotas muy graciosas y otras no tanto que me cambiaron para bien. Uno no puede imaginarse el crecimiento que se obtiene viviendo en otro país. Pero es verdad que cambia la perspectiva. De pronto dejas de ver un solo camino en la vida y se pintan mil caminos más. La vida tiene más color, más sentido, y te das cuenta de lo pequeño que eres en éste planeta. Tienes más historias que contar y tus conversaciones se vuelven interesantes. Quieres saber que hay en tu país, en tu ciudad y te dan ganas de conocerlo todo. Se avivan los sentidos en un intento de capturar la escena, ese preciso momento en el que te sientes tú mismo, tan bien, y que, en ese país lejano, hasta el sol tiene un matiz diferente. Aprendes un poquito de todo, gastronomía, modismos y datos culturales que de pronto relacionas a tus clases de historia o de idioma, ¡un placer exquisito al ver que lo que aprendiste en estas clases tuvo un sentido!

No puedo asegurar una buena experiencia para todos. Se necesita una mente y corazón abierto para aceptar ideas diferentes a las tuyas y personas que pueden convertirse en amistades de por vida. Implica dejar prejuicios, ideas y expectativas detrás para poder abrazar lo que venga. Sí, lo que venga es bueno. Fuera de tu país nada es tuyo. Te vas a encontrar con dificultades (¡pero muchas!) y tienes que desarrollar la capacidad de resolverlas, no hay de otra.

Los aprendizajes más valiosos que tuve son “confía en la vida, puede llenarte de sorpresas” y “cuándo realmente quieres algo creas la manera.”

Y recuerda, como dice el futbolista brasileño Neymar “mientras tenga un 1% de posibilidades, tendré un 99% de fe”, así que ¡adelante!

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