Pertenecer, necesidad del ser humano.

Ana Zazil Velasco Velarde – Coordinadora de Tutorías en Bachillerato

En mi labor como psicóloga educativa, he tenido la oportunidad de acompañar a muchas generaciones de adolescentes y puedo decir que cada generación tiene su sello, que los adultos no siempre entendemos.

Cada agosto, en UNIVA recibimos nuevos estudiantes y es para nosotros un reto importante lograr que puedan incorporarse a una nueva comunidad educativa de la manera más amigable posible. Sabemos que comenzar el bachillerato es un momento de incertidumbre.

Por eso diseñamos el taller «Ya eres ocelote», con el objetivo de que quienes llegan se sientan en comunidad y sepan que forman parte de algo más grande que un salón de clases. Para lograrlo, invitamos a estudiantes de grados superiores a participar en el diseño del taller, y es aquí donde comienza la historia que quiero contar.

Este año apareció la propuesta de que la mascota oficial entrara realizando los movimientos del famoso «six-seven». La reacción de «cringe» fue inmediata y se decidió descartarla. Y ahí estaba, en la misma mesa, una pequeña muestra de lo complejo que es trabajar con adolescentes: lo que para unos podía ser divertido, para otros era completamente pasado de moda.

Pero ¿cuál fue mi sorpresa cuando esta nueva generación organizó su batalla de aura con el «six-seven» a toda velocidad? Confieso que tuve que investigar qué significaba y, sobre todo, si había algo de lo que debía preocuparme. Entendí que los códigos entre adolescentes pueden cambiar con tan solo un año de diferencia, y eso es un reto para los adultos que los acompañamos.

Es importante que no pretendamos simpatizar con cada tendencia, pero sí que comprendamos la esencia de lo que manifiesta. Maslow colocó la pertenencia dentro de las necesidades fundamentales de la persona: «Necesitamos relacionarnos, sentirnos aceptados y formar parte de algo que dé sentido a nuestra experiencia». Quizá por eso vale la pena que los adultos recordemos nuestra propia adolescencia. Porque antes del «six-seven» estuvo nuestra propia colección de momentos que hoy podrían parecernos bastante ridículos.

Quizá no los llamábamos «trends». No teníamos TikTok ni hablábamos de «farmear aura». Pero también buscábamos algo: ¡pertenecer!

Cuando observamos desde fuera las conductas adolescentes, quizá valdría la pena que, antes de juzgar, conectemos con ellos, porque no estamos viendo solamente una moda: estamos viendo a un joven atreverse a ser notado, una forma contemporánea de construir comunidad.

Como padres o docentes, tenemos una responsabilidad importante: no romantizar todo lo que hacen los adolescentes, pero tampoco descalificar aquello que no entendemos.

Podríamos comenzar preguntándoles: «¿Qué significa esto para ustedes?». Esta pregunta abre una puerta para conocer su mundo sin tener que convertirnos nuevamente en adolescentes; nos puede permitir establecer límites sin romper el vínculo.

Seguramente, en algunos años, cuando alguien les pregunte por esta etapa, ellos también se reirán de algunas de las cosas que hicieron, pero estoy cierta de que reconocerán lo importante: los amigos que encontraron en el camino mientras lo hacían. Y lo sé porque fui adolescente y gané +500 de aura cantando «Mis ojos lloran por ti» y +1000 por bailar «El granito de mostaza», pero así formé amistades que hasta la fecha conservo.

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