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Los precios suben por ascensor, los sueldos por escalera

Mtro. A. Gabriel Orihuela Escobedo · Docente UNIVA Guadalajara

 

Aunque no se haya estado atento a las noticias, las declaraciones del presidente o a los reportes del INEGI o del Banco de México, estoy seguro de que están muy conscientes de un fenómeno que tiene preocupados a los expertos: la inflación.

No es necesario ser un economista para darse cuenta de esto cada vez que vamos al supermercado, al tianguis, la gasolinera o la plaza comercial: los precios van subiendo a un ritmo mayor al de los últimos años.

Pero ¿qué es la inflación? Bueno, la definición técnica es que la inflación es el aumento sostenido y generalizado de los precios en un país. Esto implica que, para hablar de inflación, buena parte de los productos y servicios tendrían que estar subiendo, y que esta alza tiene que mantenerse por cierto periodo. No es algo temporal, como el aumento en las flores para el Día de las Madres o San Valentín.

Ahora bien, según el INEGI, si comparamos los precios de octubre de este año con los que había en octubre de 2020, la inflación ha avanzado 6.8 por ciento.

Esto es, para las autoridades mexicanas lo que en octubre del año pasado nos costaba 100 pesos, hace dos semanas nos costó 106 pesos y 80 centavos.

No parece mucho, pero, como en casi todo, el diablo está en los detalles.

Primero, esta alza ya superó hace rato la meta que el Banco de México tenía para este año, que ronda entre el 2 y el 4 por ciento.

Pero, además, y seguro ya están pensando en eso, este casi 7 por ciento de inflación no se parece a lo que vemos en la realidad.

Esto se debe a que, para medir la inflación, el INEGI monitorea una canasta de 283 productos y servicios que usualmente consumimos los mexicanos. Pero, debido a que no todos compramos esos productos o a que no todos los adquirimos en la misma proporción, la mayoría de las veces la inflación reportada no se parece a la que siente nuestro bolsillo.

Les pongo un ejemplo: de octubre de 2019, antes de la pandemia, al mes pasado, el INEGI reporta una inflación del 10.58 por ciento.

Sin embargo, cuando vemos el encarecimiento de productos específicos, notamos un avance mucho mayor: el peinecillo de res subió 23 por ciento; las tortillas, 25 por ciento; el pollo, 35 por ciento; por no hablar del 36 por ciento del boleto de camión, o del 43 por ciento del gas LP.

Como decía el economista austriaco Ludwig von Mises, uno de los defensores más apasionados del libre mercado: “cualquier ama de casa sabe más sobre las variaciones de los precios que afectan a su hogar que los informes estadísticos”.

Hay un montón de razones que explican la inflación. De hecho, es un fenómeno que no está ocurriendo solo en México, sino en todo el mundo, y que tiene que ver con que echar a andar la economía después del parón provocado por la COVID-19 nos está costando más trabajo que lo que pensábamos.

Hay una oferta menor de materias primas, menos gente dispuesta a trabajar por salarios tan bajos, poca disponibilidad de piezas y cuellos de botella en la cadena mundial de distribución. Todo esto aumenta los costos de producción y los empresarios trasladan esa alza a sus clientes.

Pero, aunque las razones sean mundiales, las repercusiones son locales. Somos nosotros los que dejamos de comprar cosas o quienes tenemos que trabajar más para seguir adquiriendo lo mismo a lo que estamos acostumbrados, y así se nos va la vida.

Y esta situación genera cada vez más descontento. Pues una cuestión es la ideología y otra es la necesidad. Si las autoridades no encuentran la manera de empujar el crecimiento económico, el aumento en el empleo y de controlar los precios, no sería extraño ver que los temas económicos permeen cada vez más en el discurso político.

Sobre todo, cuando analizamos que, a diferencia del salario mínimo, los ingresos de la mayoría de los mexicanos han crecido muy poco o, de plano, se han reducido.

Así que hay razones para el nerviosismo, pues hasta ahora, vemos una situación que ya había descrito el político y militar argentino Juan Domingo Perón: “Los precios suben por ascensor, los sueldos por escalera”.

 

Una versión de este comentario fue transmitida el 17 de noviembre de 2011 en el programa Política en Directo de Radio Metrópoli.

 

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