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Las 50 sombras del Estafador de Tinder

Dr. Fabián Acosta Rico · Docente – Investigador UNIVA Guadalajara

 

 

Domingo por la tarde, al salir de misa; alrededor del kiosco pueblerino dos círculos concéntricos giran encontradamente: el primero formado por muchachas, el segundo integrado por jóvenes; todos los participantes en edad casadera (mayores de quince años). Los jóvenes llevan una rosa y en el inocente galanteo la entregan, esperanzadamente, a la muchacha de su agrado; si la cortejada la acepta, salen ambos de sus círculos para sentarse en una banca de la plaza a platicar y a comerse una nieve o un elote.

Ahorremos y contengamos suspiros, los felices años del romanticismo provinciano ya quedaron atrás. Las exigencias de la vida moderna, con su acelerado y demandante trajín, hacen muy difícil que dos personas afines en lo afectivo puedan coincidir para conocerse y enamorarse. La opción para darle oportunidad a Cupido de revolotear es la vida de antro y de bares; pero si se busca intimar más o sí se quiere dar con una relación seria hay que explorarle por otros lados. Es aquí que viene en nuestro rescate la tecnología. Hay en Internet gran cantidad de sitios de citas virtuales como Badoo, Ashley Madison, be2, Solteros con nivel… y la que está en este momento en boca de todos gracias al documental de Netflix: El estafador de Tinder.

En estos sitios de citas por Internet, tal como lo señala Zygmunt Bauman en su célebre obra Amor líquido, hay una especie de mercantilización del amor; entiéndase en ellos se despliega un catálogo de tentativas parejas como si de productos en líneas se tratara. Uno entra en el juego de las citas virtuales con un capital que versa sobre aspectos personales varios: la edad, el poder adquisitivo, la apariencia, el grado de estudios… con un buen o apetecible perfil debe el usuario calcular cómo hacerlo rendir lo más posible; igual que en las tracciones comerciales procurará obtener más por menos. Saber escoger los mejores partidos y esperar también ser seleccionado por las cotizadas opciones, así es el juego de las tracciones amorosas por Internet que, dicho sea de paso, pueden incluso llegar a tener un precio por el uso de estas plataformas, si deseas tener una membresía plus que te garantice óptimos resultados. Nada es gratis, todo es negocio en la postmodernidad

Hay muchos “peces en el mar por eso apremia tener la mejor red para atrapar a los más prometedores”. Tinder se ha sabido promocionar como una aplicación de citas de alcances globales que permite a sus suscriptores, como se dice coloquialmente, ligar con personas de todo el mundo. Ahora en nuestra cacería de pareja le podemos dar la vuelta no al kiosco, sino al globo terráqueo con la esperanza de encontrar a nuestra media naranja. Pero estas facilidades no están exentas de riesgos y para sopesarlas no hay como echarle una mirada al documental El estafador de Tinder. El israelí Shimon Hayut con un perfil falso se presentaba en la aplicación con el nombre de Simón Leviev: el supuesto hijo de un adinerado traficante de diamantes. Este Christian Grey de mentiras sabía venderse en la aplicación mostrando un sinfín de fotografías que lo hacían lucir como el partido perfecto: atractivo, joven, hombre de mundo y por sobre todo millonario. En una sociedad de consumo como la nuestra, el amor suele estar condicionado al dinero; en un alto porcentaje las pajeras fracasan matrimonialmente hasta decidir divorciarse por problemas económicos. Así que en efecto un hombre con grandes recursos se convierte en un gran partido.

Hayut, nuestro Don Juan y timador de la aplicación, como se explica en el documental de Netflix, sabía seducir a sus víctimas. Una vez que las contactaba les mostraba por algunos meses el paraíso aquí en la tierra: viajaban con él en jet privado, las llevaba a restaurantes caros en Ámsterdam, Londres, Oslo… paseaba con ellas en costosos autos, es decir, les daba la vida de lujos que toda mujer, en búsqueda de su príncipe azul, puede desear. Pero el príncipe azul era en realidad un montaje, una treta… este habilidoso timador, ganada la confianza de sus víctimas, las estafaba y así lo hizo con decenas de mujeres cuyos corazones supo robarse con engaños. Se estima que nuestro embaucador obtuvo de sus amores de Internet un aproximado de 10 millones de dólares. Tal parece como lo muestra el documental, todo este dinero lo supo derrochar con generosidad dándose una vida de magnate; pues es un hombre de gustos caros, por ejemplo, viste únicamente ropa de marca o de diseñador.

El documental expone un problema que como humanidad estamos padeciendo y que sobre todo aqueja a las sociedades híper-capitalistas como la coreana, la japonesa, la europea… y es la severa desatención emocional a la que estamos expuestos agravada por una cada vez más dilatada soltería. El ser humano sin importar su procedencia cultural, educación, nacionalidad, religión… está necesitado de cariño y a cierta edad se vuelve casi imperioso encontrar a esa persona capaz de acompañarlos afectivamente por la vida; las aplicaciones como Badoo y no se diga Tinder tienen gran éxito por esa necesidad emocional insatisfecha. No obstante, no todos los usuarios de estas aplicaciones son necesariamente menesteroso afectivos; en el océano de las citas por Internet también abundan los “tiburones”, de todos los géneros, que lo único que quieren es encontrar a alguien con quien compartir intimidad sin compromiso y en su haber de cita van rompiendo su record de encuentros amorosos (a esta fiebre pasional de promiscuidad y a veces también de adulterios, es lo que Bauman llama amor líquido; un amor de úsese y deséchese después).

Estafadores y también estafadoras saben aprovecharse de estas aplicaciones de citas por Internet para lucrar con el amor y el deseo ajenos. Como en la serie Los años maravillosos, quizás lo más seguro sea encontrar al amor de tu vida en tu propio vecindario y escuelas, y que tengas por ende toda la seguridad de conocer de años a la persona; pero, si de algo sabe la modernidad es de soledad. Vivimos cada vez más aislados y a la vez estamos avanzando rumbo a un tipo de sociedad de analfabetos sociales y emocionales que no saben convivir sin la mediación de algún dispositivo electrónico; de mantenerse esta tendencia los sitios de citas por Internet irán ganando cada vez más usuarios y tipos como Hayut seguirán sacando provechos de ellos en lo monetario y sexual.

El estafador de Tinder finalmente rindió cuentas ante la ley, pero se puede decir que cumplió una condena bastante indulgente: se le sentenció a quince meses de prisión, de los cuales sólo necesito cumplir cinco. Impune sigue libre y hasta reabrió sus redes sociales empezando por Instagram donde, con cierta impudicia moral, presume que sigue dándose la gran vida en compañía de sus nuevas parejas… Sus víctimas reescribieron el cuento de la bella durmiente. El falso príncipe sí llegó; pero, al despertar este como todo un bribón, se llevó todas sus tarjetas de crédito, les vació las cuentas de banco y las dejó endeudas y a punto de hipotecar la casa… y todo por un fingido y falso beso.         

 

 

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