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Mtro. Francisco Meza Estrada · Coordinador de la Licenciatura en Derecho UNIVA León

 

Los hechos recientes en el estadio La Corregidora de Querétaro nos siguen llevando a no perder de vista el problema de la violencia en México como uno de los principales desafíos de nuestra sociedad y naturalmente, de todos los niveles de gobierno.

Lo ocurrido el pasado 5 de marzo es una cara más de los altos niveles de violencia que vive nuestra sociedad y que lamentablemente hemos normalizado. Cuando suceden estos acontecimientos de grandes dimensiones, mucho nos conmociona y nos lleva darnos cuenta que los esfuerzos para modificar esta situación son débiles y aislados.

EL ANÁLISIS SOCIAL

Algunos de los análisis más serios que se intentan en torno al fenómeno de las barras y la violencia en los estadios, como es el caso del llevado a cabo por Darío Zepeda Galván, han señalado 4 elementos que siempre están presentes y que por igual se aplican a la violencia en la sociedad:

La construcción de líneas de división entre grupos: que hacen referencia a los elementos de identidad o sentirse perteneciente a un grupo y por consecuencia, a distinguirse de otros grupos a los que se les llega a considerar hasta como enemigos.

Presencia de catalizadores: son los potenciadores de las diferencias entre los grupos o de la violencia. Pueden ser líderes hasta el consumo de ciertas sustancias.

El incidente oportunista: ya tiene que ver más con las circunstancias concretas en las que se desarrolla la violencia, en el caso de lo sucedido en Querétaro con las barras y sus características principales, pero lo mismo podemos hablar de los cárteles o los feminicidas, por mencionar algunos.

La falta de elementos disuasorios: que se refiere a la autoridad que debe contener la violencia para que no se desborde.

Como podemos ver, no son difíciles de identificar estos elementos en los acontecimientos de La Corregidora ni en otros que han sucedido en México y el mundo.

LAS POSIBLES SOLUCIONES

En este análisis se asoma implícitamente algunas de las posibles soluciones a la violencia en nuestro país.

La primera de ellas, se refiere a fomentar una educación y cultura por la paz y la tolerancia. En esta solución están implicados la sociedad y las autoridades, en particular las educativas. De hecho, ya se lleva a cabo, pero termina siendo insuficiente porque hace falta una cobertura universal en educación y el compromiso de organizaciones y familias.

Solemos ser muy idealistas y románticos con la familia, pero es al interior de ellas donde se desarrollan las conductas violentas que posteriormente trastocan nuestra sociedad. En ese sentido, queda mucho camino por recorrer para conseguir vernos como una sociedad plural donde el que piensa distinto no es mi adversario o enemigo. De lo que se trataría es que aprendamos a compartir un espacio con el respeto necesario.

No es solamente una cuestión de slogans o hashtags sino de acciones que puedan estar presentes en todos los niveles de la sociedad, desde las más exclusivas hasta las más marginadas. El reto es enorme porque se trata de que cambiar la mentalidad de que un joven prefiera convivir en armonía a que forma parte de una barra violenta o que se convierta en un sicario.

La otra solución no es menos sencilla y cae en la responsabilidad de las autoridades pues se trata de mejorar en los elementos disuasorios basados en que es su principal responsabilidad y que tienen el monopolio de la fuerza.

En otras palabras, mejores corporaciones policiacas para la prevención del delito y erradicar la impunidad. No se trataría de ser autoritarios sino de ser eficientes en lo que les corresponde.

Ahí está la triste realidad, pero también algunas soluciones en las que mantenemos la esperanza de que esto puede mejorar.

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