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Armando González Escoto · Director de Publicaciones del Sistema UNIVAArmando González Escoto · Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

La República socialista de China acaba de cumplir 73 años de establecida, como consecuencia de una larga y sangrienta revolución que enfrentó a los comunistas de Mao, con los nacionalistas de Chiang Kai-shek. Si comparamos la situación de este país en 1949 con la que ahora tiene, como segunda potencia mundial, podríamos caer en la fácil conclusión de que es el resultado directo y sin fisuras del proceso revolucionario, las cosas nunca son tan simples.

Gloria de Mao fue arrebatar su país de las garras criminales de las potencias occidentales y, desde luego, de la invasión genocida japonesa. Por más de cien años unos y otros le habían apostado a la ruina y sumisión de esta gran nación si tomamos como referencia el año 1849. Pero la conducción maoísta tropezó con numerosos obstáculos, problemas muy arraigados, y aún, cometió costosos errores en términos de vidas y esperanzas.

En 1976, año del fallecimiento de Mao, China había sobrevivido a sí misma, sumergida en el marasmo interno de la revolución cultural, otro de los grandes errores del entorno gubernamental. Es entonces que emerge la figura de otro gran líder, Deng Xiaoping, el artífice que revolucionó la revolución.

Con Marx, supo cómo evitar una nueva ruptura radical, aunque para lograrlo, debiera, en aspectos sustanciales, prescindir de Marx… y de Mao. Mantuvo la mano dura de la dictadura del proletariado, pero inició una larga serie de adecuaciones y adaptaciones en el campo de la economía, del comercio, de la propiedad privada, de la productividad, de la apertura al exterior, que en cuarenta años dio como resultado la nueva China que medio mundo ha podido contemplar con sorpresa y hasta envidia, si dejamos de lado el carácter controlador del estado comunista.

Hoy día en China hay tantos millonarios como habitantes tiene México, es decir, 130 millones de chinos poseen, cada uno, más de un millón de dólares en su cuenta corriente, eso equivale casi al 10 por ciento de su población. En contraste, el número de millonarios en México apenas alcanza un 3 por ciento.

En los últimos decenios China ha logrado conquistar los primeros lugares mundiales en numerosos rubros como son: infraestructura carretera, redes ferroviarias de primer nivel, aeropuertos, puertos comerciales, extensión de Internet hasta las regiones de más difícil acceso, como sería la provincia de Yunan, freno ecológico a la expansión de los desiertos, etc.

A diferencia de países comunistas como Cuba o los que formaron la Unión Soviética, la sociedad china se ve y se palpa feliz, y es que por otro lado siguen siendo extraordinariamente laboriosos y abnegados, pareciera que su vocación histórica es vivir para trabajar y ser felices con ello, máxime si a diferencia de otros países como el nuestro, la prosperidad no es una promesa de permanente futuro, sino una realidad de la que cada año todos adquieren un poco, pero un poco que es real. Síntoma de esto es el modo en que ha ido cayendo la emigración al extranjero, sin que del todo desaparezca.

En materia de libertades tiene muchos pendientes y la misma propiedad privada sigue estando regulada de muchas maneras, existe libertad religiosa pero solamente para las cinco religiones oficialmente reconocidas por la constitución del país, una de ellas el cristianismo, presente en China por lo menos desde la dinastía Tang, pero esto no significa autonomía.

 

Publicado en El Informador del domingo 23 de octubre de 2022.

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