
Mtro. Francisco Navarrete Báez · Docente investigador
A partir de 2017, cada 27 de junio se celebra el Día Mundial de las Pequeñas y Medianas Empresas (PYME). Esta conmemoración fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) después de muchos debates y propuestas, con la intención de reconocer la importancia de las PYME en el desarrollo económico, social y ambiental a nivel mundial, al ser un motor clave del desarrollo sostenible global.
Como en cada Día Mundial instaurado por la ONU, su declaración tiene el objetivo de crear conciencia sobre la gran contribución de las PYME en la dinámica global, tales como la generación de empleo, el crecimiento económico, la creación de nuevas oportunidades laborales y su importante aporte al Producto Interno Bruto (PIB) de cada nación. Además, contribuyen de forma esencial a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos por la ONU en 2015, especialmente al ODS 8, que se enfoca en el trabajo decente y el crecimiento económico, y al ODS 9, relacionado con la industria, la innovación y la infraestructura.
Pero ¿cómo y por qué surgió la idea de instaurar un día internacional para las PYME? Al igual que otros días que se conmemoran mundialmente —como el Día Internacional del Migrante o el Día Mundial contra el Cáncer—, todo comenzó después de la reunión anual del International Council for Small Business (ICSB), que se celebra año con año alrededor del mundo. El ICSB es el organismo internacional sin fines de lucro más importante y trascendente dedicado al estudio profundo de las PYME, a través de sus distintas expresiones en todos los países del mundo.
En su congreso internacional número 61, celebrado en la ciudad de Nueva York —sede mundial de la ONU— en 2017, el entonces expresidente del ICSB, el argentino Mariano Mayer, presentó ante la ONU la petición formal de otorgar a las PYME el reconocimiento internacional que merecen.
La ONU, interesada en esta propuesta, invitó a los Estados miembros a unirse a la celebración del Día de las PYME, promoviendo que compartieran investigaciones sobre su situación en cada país. También propuso debates sobre políticas públicas, talleres con profesionales y testimonios de empresarios, en colaboración con organizaciones del sector público y privado. Fue así como se dimensionó el impacto y el alcance de las PYME en todas las regiones del mundo. Todos los miembros aceptaron su relevancia y, de esta forma, se instauró formalmente este día conmemorativo.
En el caso particular de México, no podemos pasar por alto la importancia y el impacto que tienen las PYME, no solo en la economía nacional, sino también en aspectos sociales y ambientales, con una penetración, alcance y límites tan amplios que pocos podrían imaginar.
Anteriormente, en este mismo espacio, ya había hablado sobre la importancia de las PYME, pero es fundamental —y necesario— recordarlo: las PYME, que incluyen también a las microempresas (entidades económicas con diez empleados o menos), representan el 99.5 % de todas las empresas —formales o informales— establecidas en nuestro país. Generan el 52 % del PIB y son responsables del 70 % del empleo, así como del 80 % del nuevo empleo. Son las portadoras del equilibrio en las economías más vulnerables del país: desde empresas de comida, puestos en tianguis, comercios informales, recolectores, hasta servicios no financieros personalizados como herrería, plomería o albañilería, que de otro modo no estarían al alcance de la mayoría de los habitantes de México.
Sin embargo, también generan el 60 % de los desperdicios industriales, el 70 % de los contaminantes y reciclan menos del 10 % de sus residuos. Además, son altamente vulnerables: la mayoría de las nuevas PYME no superan los dos años de vida. Tienen poco acceso a crédito bancario, lo que limita su capacidad de innovación. Operan en entornos con alta inseguridad y riesgo, y sus propietarios, en muchos casos, tienen escasa formación administrativa y financiera. Alrededor del 83 % de estas empresas adquieren una figura familiar y más del 50 % de sus empleados son informales, es decir, no cuentan con acceso a la seguridad social y, en su mayoría, no pagan impuestos.
A pesar de estas limitaciones, lo verdaderamente sorprendente y admirable de las PYME es que la mayoría sigue adelante, se mantiene firme ante las adversidades y continúa siendo el motor económico y social de muchas familias mexicanas.
Por todo esto, está más que justificada la existencia de un día internacional, respaldado por la ONU, para conmemorar su labor. Es deber de todos —desde todos los sectores— trabajar más por ellas, para que se consoliden mejor. No debemos subestimarlas, sino reconocer su trascendencia histórica en cada rincón del planeta.