
Martina Carlos Arroyo - Jefatura de Calidad e Investigación Académica del Sistema
Quizá valga la pena decir después del título Integridad Institucional Situada, territorializada, no lo sé. Pero esta reflexión surge de mi participación reciente en diversos foros con presencia de la triple élice: gobierno, empresa e instituciones de educación, donde se ha compartido un interés colectivo sobre la ética en el uso de la muy de moda y todavía poco comprendida Inteligencia Artificial (IA), esto por la vulnerabilidad que provoca en la conciencia colectiva y sus repercusiones en el “no bien común”.
Sin embargo, sólo es el hilo conductor con la reflexión personal derivada de mi participación como portavoz en el 2nd International Conference on Social Sciences para compartir los resultados de una investigación realizada en el campus Guadalajara, lugar donde convivo tanto como parte del Corporativo, como parte del cuerpo del profesorado (en este momento) de Posgrados. Desde la visión del tercer orden (Keeney, 1994; Maturana & Varela, 1994; von Foerster, 1991), comparto que me observo, observando lo observado y, desde ahí rescato y me conmuevo ante la sensibilidad del Campus, para hacer un alto desde la conciencia ética y relacional para re-conocer la realidad estudiantil para luego incidir hacia el bien común.
El Campus ha mostrado el liderazgo de quienes tienen las responsabilidades de salvaguardar y hacer cumplir la misión institucional. No me refiero a la Dirección del campus solamente, quien tiene todo el crédito de coordinar y marcar el paso en el proyecto: “Nuevas Realidades” [agrego, de la Comunidad Educativa]; me refiero también a los liderazgos que de ahí se desprenden, Direcciones y Jefaturas de área, Coordinaciones que atendiendo el llamado, pusieron cabeza, corazón y manos para sumarse en el proyecto, yo como agregada cultural, solo tomé el teclado (antes la pluma), pero el verdadero trabajo se hizo con las personas de a pie, quienes tienen mi reconocimiento y respeto.
Recuerdo en este momento al Papa Francisco (Francisco, 2013, n. 20), cuando en uno de sus mensajes nos invitaba a Ser una iglesia fuera de los edificios, que no permanezca encerrada en sí misma, esa iglesia que conecta, sale, se vincula (…), pues ¿desde donde más se puede vivir como cristiano? Si tus acciones sólo se orientan a lo que tu consideras, sin tocar la realidad, sin escuchar y leer la realidad; no dejan de ser buenas obras, sin embargo, en términos de eficiencia y eficacia, no me atrevería a validar. Aquí, es justo donde rescato forma parafraseada a Adela Cortina, quien hace énfasis en que la ética de la IA no debe reducirse a un discurso de “ética para máquinas”, sino en una ética de humanos que usan máquinas, una ética que oriente las formas en que diseñamos, regulamos y distribuimos los beneficios de la IA, es decir; orientada al bien común y a la justicia social (Cortina, 2024, p. 72).
Lo anterior conecta directamente con el concepto de “Integridad”, entendida como la vivencia de la verdad articulada con valores, decisiones y acciones, es una forma de vida orientada a la justicia social. No podemos reducir la Integridad Institucional solo al discurso sin hacerlo vida, sin vivir en la verdad, quizá se muy cruda al expresar la reflexión individual como invitación a la vivencia colectiva, porque las buenas prácticas son para contagiarse, recrearse y enriquecerse. De este pequeño – gran proyecto, han surgido muchas más acciones articuladas a estrategias, mismas que pueden reportarse como indicadores, pero que en esencia se enfocan a la cultura del servicio, a la vivencia
de la Integridad Institucional y la transformación social… De a poco se anda lejos, cuenta la sabiduría del pueblo y yo estoy de acuerdo con ello.
En ese sentido, la Integridad Institucional no se trata de un concepto abstracto ni de una consigna administrativa, sino de una práctica viva que se co-construye en comunidad. Es la capacidad de reconocernos corresponsables de un mismo proyecto educativo y social, donde la verdad y la justicia orientan nuestras decisiones cotidianas. Desde UNIVA Guadalajara, la integridad se territorializa, se hace cuerpo en las acciones de quienes enseñan, aprenden, gestionan y sirven. Así, cada gesto ético, cada decisión informada por el bien común, se convierte en una forma concreta de evangelizar desde la educación, de hacer realidad esa Iglesia y esa Universidad “en salida”, comprometidas con la dignidad humana y con el porvenir compartido. Porque solo desde la coherencia entre lo que creemos, decimos y hacemos (esa forma más profunda de integridad), es posible seguir transformando el mundo con esperanza.
Referencias
Cortina, A. (2024). ¿Ética o ideología de la inteligencia artificial? Editorial Paidós.
Francisco, Papa. (2013). Evangelii Gaudium: exhortación apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Librería Editrice Vaticana.
Keeney, B. P. (1994). Estética del cambio. Editorial Paidós.
Maturana, H., & Varela, F. (1994). El árbol del conocimiento: Las bases biológicas del entendimiento humano (2.ª ed.). Editorial Debate.
von Foerster, H. (1991). Las semillas de la cibernética: Ensayos sobre la cibernética de segundo orden. Gedisa