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Insigne huella de la mujer en la cultura latinoamericana

Cristina González Martínez · Alumni de la Licenciatura en Filosofía UNIVA Online

 

Hoy en día son muy numerosas las mujeres que van dejando huella en los diversos campos del entramado social, sin embargo, antes no era así, en el siglo XVII y en un continente apenas descubierto, destaca la figura de Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, quien habiendo nacido en un pequeño lugar de nombre San Miguel de Nepantla, Nueva España, el 12 de noviembre de 1651 -según se dice-, llegó a convertirse en insigne figura femenina dentro de la cultura latinoamericana y allende las fronteras de la América que la vio nacer.

Su padre fue Pedro Manuel de Asbaje y Machuca, su madre Isabel Ramírez de Santillana de Cantillana, ellos no estuvieron unidos en legítimo matrimonio, los críticos de Sor Juan no se han pronunciado en cuanto a lo que le afectó el hecho de saberse hija ilegítima, de lo que sí se tiene conocimiento, es que trataba de ocultarlo cuando había oportunidad de ello, lo que dada la época resulta comprensible.

Vivió gran parte de su infancia en Panoayan, hacienda de su abuelo materno, quien tenía una notable biblioteca a la que Sor Juana tuvo acceso, se considera que ese fue el espacio donde surgió su gran gusto por la lectura, así como su sed de conocimientos.

Destacó por su gran capacidad intelectual, cuentan que a los tres años ya sabía leer y escribir, a los ocho habría compuesto su primera loa al Santísimo Sacramento.

Entre los años 1663 y 1665 fue admirada por sus dotes literarias, inteligencia y amplios conocimientos, lo que le permitió ingresar en la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, Marqués de Mancera, y de su esposa, la virreina Leonor de Carreto, quien se convirtió en su mecenas, hecho que le permitió desarrollar mucho más sus capacidades literarias escribiendo sonetos, poemas, villancicos, prosas y un gran número de obras religiosas.

Su obra en general, sus poemas en particular, presentan una importante influencia de la literatura barroca española, que bien supo enriquecer y acompañar con toda la cultura adquirida a lo largo de su vida, de allí la presencia de figuras literarias, referencias mitológicas, personajes históricos, etc.

Sor Juana eligió llevar una vida religiosa en lugar de formar un matrimonio, todo parece indicar que consideraba que dentro de un convento podría seguir gozando de la posibilidad de aprender y ampliar sus conocimientos sin mayores limitaciones.

En 1667 decide ingresar en el convento de las Carmelitas, mismo que pronto abandonó por problemas de salud. Tiempo después, ingresó en la Orden de San Jerónimo de manera definitiva, donde vivió en una celda individual, con cómodo espacio para su importante biblioteca y sirvientes.

En esta orden ella tuvo la posibilidad de continuar sus estudios, investigaciones científicas, escribir diversos textos, componer canciones, escribir obras de teatro, recibir visitas de amigos y realizar tertulias con otros intelectuales y poetas, así como realizar diversas actividades.

Entre sus visitantes, Sor Juana menciona a Carlos de Sigüenza de Góngora, pariente de Luis de Góngora, razón por la cual en muchos de sus escritos se nota la influencia de este poeta y dramaturgo.

Durante sus últimos años dejó al descubierto esa cualidad femenina del cuidado del otro, abandona la escritura para dedicarse de lleno a la vida religiosa, prestando colaboración a sus compañeras del convento, con el fin de ayudar a quienes se habían enfermado a causa de la epidemia de cólera.

Sor Juana Inés de la Cruz falleció el 17 de abril de 1695, con tan solo 43 años de edad y a causa de la epidemia que azotaba la región. Fue enterrada el mismo día y la oración fúnebre fue orada por su amigo Carlos de Sigüenza y Góngora.

En un ambiente novohispano del siglo XVII, en plena época barroca, Sor Juana reunió una notable erudición filosófica y teológica, la que manifiesta en su poesía, tanto lírica como dramática. La antigüedad, la escolástica, el hermetismo y aún la modernidad, le dejan una huella; fue atenta a todos esos movimientos de pensamiento, los supo recibir y transmitir.

Es importante destacar la abundancia del saber filosófico de Sor Juana, lo cual no era usual en las religiosas de ese tiempo. Ella exhibe un pensamiento filosófico que plasma en sus poesías y demás producciones literarias, pero adquirido por un estudio prolongado y profundo.

Dada la situación de la mujer en esa época, la escritora novohispana pone énfasis en su obra en el tema de la reivindicación de la dignidad y los derechos de las mujeres de todos los tiempos, responsabiliza por igual al hombre y a la mujer de los hechos de las relaciones interpersonales, censurando la visión masculina utilitarista, la que considera a la mujer una propiedad para la satisfacción de los intereses del varón, lo que expresa ampliamente en Redondillas.

Una clara manifestación de la inteligencia preclara de Sor Juana, es la jerarquía de las facultades superiores que refiere en Dime vencedor rapaz, de una forma clara, amena y bellamente poética, deja sentada la primacía de la razón que ha de dirigir la voluntad y ordenar sentimientos y pasiones.

Sea su ejemplo ideal de cultura para las mujeres de las nuevas generaciones.

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