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Educar en nuestro tiempo

Por 19 octubre, 2021Líderes de Opinión

Mtra. Jazmín Velasco Casas , Plantel Guadalajara

 

En la Antigua Grecia, la de Homero y Hesiodo, representantes de la educación eran los poetas, los músicos, los filósofos, los retóricos y los oradores. Todos ellos contribuyeron en el descubrimiento de leyes generales que determinan la esencia humana. Coincidieron en que el principio fundamental de ésta no era el individualismo, sino el humanismo, y por esta razón, la educación supuso para ellos enseñar de acuerdo con la forma humana, con su auténtico ser.

Para educar hoy, y para la autenticidad de cada ser, tenemos que reflexionar sobre nuestro tiempo. Diversos teóricos mencionan que nuestra condición humana actual está configurada por la aceleración, el culto al cuerpo, la incapacidad de contemplar, la masificación que impide que el sujeto sea él mismo, la falta de compromiso y ligereza en las relaciones interpersonales; la tensión por alcanzar la vida plena rica en vivencias experimentadas lo más pronto posible que el capitalismo marca, el letargo, el tedio, la falta de orientación, la incertidumbre constante…

¡Vaya configuración la nuestra! Es menester entonces, volver a pensar las relaciones entre la educación y lo social, entre la educación y la institucionalización, entre los contenidos, las estructuras y las concepciones que mantenemos sobre quiénes son los estudiantes de nuestra época, qué saben, cómo aprenden, qué les interesa y qué necesitan saber para su bien y el bien de su contexto. Asimismo necesitamos volver a pensar quiénes somos los que enseñamos y cuál es nuestro lugar en este tiempo.

La educación es un vínculo humano estrecho. Nos toca directo en la mente, en la identidad y en la interpretación que se tiene del mundo. Se vuelve imprescindible ser hábiles para detectar las vías que se abren entre los propósitos que buscamos en la educación y las pautas de nuestra sociedad; y, como en la caverna de Platón, a los educadores nos compete mostrar la forma de las sombras y desengañar, tal vez derrumbar ilusiones, pero también construir nuevas a través de una lectura histórica y crítica de nuestros días. Nos sigue competiendo ir en el camino de aprendizaje con el estudiante, no sólo en el intelectual, o en el de la técnica, sino en del ser.

Este acompañamiento para ser se puede alcanzar generando espacios donde el amor al conocimiento, el intercambio cultural, la creatividad, la apreciación artística y la interacción y el encuentro con el otro sean nuestro compromiso.

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