
Jimena Velázquez · Cofundadora de Mat Crianza A.C., asociación para la maternidad, crianza y neurodiversidad
La práctica de dormir con bebés y niños pequeños en la cama con nosotros los padres, es conocida como colecho, y sí, esto ha sido objeto de mucho debate a través del tiempo, pero, permíteme contarte mi experiencia.
He dormido con mis hijos más noches de las que puedo contar, sin duda es más fácil hacerlo en temporadas de clima fresco que ahora, mientras el “domo de calor” infernal se posa sobre nuestro cielo.
Pero, aun así, seguimos, en un momento más te cuento por qué, pero mientras, déjame darte contexto… mi hija mayor tiene 6 años, y con ella hemos pasado por todos los procesos, dormir en su cuna, en mi cuarto, pasó a mi cama entre su papá y yo en el primer invierno que le tocó vivir para mantener el calor en su cuerpo.
Luego se fue a su cuarto, cama al piso, alfombra de pasto y gateaba arriba y abajo de ella, me acostaba en su cama para que se durmiera y luego me iba a mi cuarto, en ocasiones me quedaba dormida a su lado y así amanecimos muchas veces.
Claro que más noches de las que puedo recordar llegaba esta sombra despeinada a un lado de mi cama y me pedía dormir con nosotros en la cama, entre papá y mamá.
Al llegar su hermano, ella ya dormía en su habitación, tenía casi 3 y logramos tener esa “rutina” afianzada… pero es difícil mantener a un hijo en su habitación mientras todos los esfuerzos de mantener la cordura con un nuevo hermanito (que además llegó a instalarse en el cuarto de papá y mamá) y procurando que no se sienta desplazada, al menos así fue para mí.
Tuvimos retrocesos, entre otras cosas, ella volvió a tener despertares nocturnos, y eso fue lo más difícil, estar acostada en un cuarto amamantando al bebé, mientras tu otra hija tiene un mal sueño, despierta y llora desconsoladamente llamándote para que vayas.
¿Será mejor que durmamos en el mismo cuarto? Me pregunté, lo aplacé lo más que pude porque yo sabía que eso tendría consecuencias, en especial en la relación de esposos, pero era muy desgastante yo hacía la rutina de noche sola por los horarios de papá y me rompía el alma tener que correr de un cuarto a otro, tenerlos separados, además de angustiante para mí, me planteé destetar al bebé, porque no podía pensar en otra forma de dividirme en las habitaciones separadas, incluso, se volvió peligroso, porque sí, el bebé se cayó varias veces mientras yo estaba tratando de dormir a su hermana.
Y entonces la “cama familiar” volvió en una nueva y remasterizada versión, ahora había que meter a 4 personas en ella. Una vez que nos instalamos el estrés y el “peligro de accidentes” bajó logré eliminar la idea de destetar al bebé. Y me entregué a la idea de que era lo mejor, al menos hasta que pasaran los despertares de mi hija y el bebé creciera un poco.
Voy a dejar la historia hasta aquí porque, antes de que crees más opiniones al respecto, necesito darte algunos puntos sobre el colecho y sus beneficios.
* Para muchos padres, tener a sus bebés cerca durante la noche proporciona una sensación de seguridad y tranquilidad tanto para ellos como para el niño. La cercanía permite a los padres responder rápidamente a las necesidades del bebé, ya sea hambre, cambio de pañal o consuelo. Esta respuesta rápida puede ayudar a reducir el estrés del bebé y fomentar un ambiente de calma y seguridad.
* El colecho puede fortalecer el vínculo emocional entre padres e hijos. El contacto físico constante durante la noche, como abrazos y caricias, ayuda a desarrollar una conexión emocional profunda. Este vínculo afectivo puede influir positivamente en el desarrollo emocional y social del niño, proporcionándole una base sólida de amor y confianza.
* Para las madres que amamantan, el colecho puede hacer que la lactancia nocturna sea más fácil y menos disruptiva. La proximidad permite que la madre amamante al bebé sin tener que levantarse de la cama, lo que facilita una alimentación más frecuente y cómoda. Esto no solo puede mejorar la calidad del sueño de la madre, sino también apoyar la producción de leche y el bienestar del bebé.
* Los estudios sugieren que los bebés que duermen cerca de sus padres pueden tener patrones de sueño más regulados. La sincronización de los ciclos de sueño de los padres y el bebé puede resultar en despertares menos abruptos y una mayor sensación de descanso. Además, la presencia de los padres puede ayudar a los bebés a aprender a calmarse y volver a dormir más fácilmente después de despertarse.
* En muchas culturas alrededor del mundo, el colecho es una práctica común y valorada. Las tradiciones culturales a menudo influyen en las prácticas de cuidado infantil, y el colecho puede ser visto como una extensión natural del cuidado cercano y la comunidad familiar. Esta práctica también puede transmitir valores de interdependencia y apoyo mutuo dentro de la familia.
Ahora bien, la decisión de practicar el colecho es profundamente personal y debe basarse en las necesidades y circunstancias específicas de cada familia. En mi caso, después de 6 años, parece que estamos llegando al final, mi bebé ya no es bebé, tiene 3 años y él y su hermana duermen en su cuarto, ella toda la noche y él hasta por allá de las 6 a.m., que se despierta para hacer pipí y llega a mi cuarto, solito se sube a mi cama y se acomoda entre las cobijas.
Es importante que, como papás, antes de decidir hacer colecho o no, lleguen a acuerdos, y se informen sobre las prácticas seguras de este, para minimizar riesgos y maximizar beneficios. Que reflexionen sobre las razones y beneficios del colecho seguro les ayudará a tomar una decisión consciente y amorosa sobre el sueño de sus hijos.
En conclusión, el colecho puede ofrecer numerosos beneficios tanto para nuestros bebés como para nosotros como padres. Desde la seguridad y el fortalecimiento del vínculo afectivo hasta la facilitación de la lactancia y la regulación del sueño, esta práctica puede ser una opción valiosa para muchas familias.