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Armando González Escoto · Director de Publicaciones del Sistema UNIVAArmando González Escoto · Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

Rousseau escribió que la democracia era una aristocracia electiva; dado que la democracia real y directa solamente era posible en pequeñas sociedades, las grandes naciones no tenían otra opción que la democracia representativa, por medio de la cual la gente vota por candidatos que no eligió. Esta situación, en todas las democracias, ha puesto al electo ante dos tipos de sumisión, ante quien lo hizo candidato, y ante quien votó finalmente por él.

En la mentalidad de Rousseau, se trata de una aristocracia en el supuesto de que los candidatos son elegidos de entre los mejores, de manera que las campañas políticas se dan entre los mejores, y el voto se da justamente a los mejores. Cuando escasean “los mejores”, se echa mano de los más o menos, y cuando ni de estos se dan, pues de los que haya, gracias a lo cual la democracia representativa deja de ser aristocracia y se convierte en una necedad.

Al margen de la calidad de los elegidos, el problema inmediato es el de la servidumbre ¿a quién se debe agradecer el cargo, al partido o a la sociedad? Las posibilidades “políticas” son varias: a los dos, o a quién le puede dar una nueva promoción, o a ninguno si se carece de aspiraciones, o a uno y a otro, de verdad o en apariencia, a tenor de los intereses en juego. Desde luego que Rousseau pensaba en una democracia formada por personas honestas lo mismo entre los votantes que entre los votados, condición que ha sufrido siempre de enormes altibajos.

Más de doscientos años después el panorama de la democracia en el planeta es muy diverso, lo cierto es que, si en el siglo diecinueve a un país se le juzgaba por su nivel de pobreza, y en el veinte por su nivel educativo, en los tiempos que corren a una sociedad se le juzga por su calidad política, lo cual pone a México en una situación todavía muy mediocre.

Ahora bien ¿todas las sociedades, culturas y pueblos son aptos para la democracia? La realidad parece mostrarnos que hay sociedades que funcionan mejor con otro tipo de sistemas, que son prósperas, florecientes, y de elevado sentido político sin ser exactamente democracias, como por ejemplo Malasia, o los Emiratos Árabes.

Es igualmente un hecho que al presente no podemos identificar un sistema político puro, sino una mezcla de sistemas que pretende integrar lo mejor de cada cual en un proyecto adaptado a las condiciones de determinado país, desde monarquías parlamentarias hasta dictaduras socialistas que conservan alguna forma de parlamento y de representatividad democrática, navegando entre unas y otras un sinfín de democracias aspiracionales, débilmente miméticas o de mera tramoya.

La democracia por lo tanto no es ni será el único sistema político posible, muchos otros podrán ser inventados en el futuro y otros rescatados del pasado, lo que sí resulta evidente, es que para que un sistema democrático funcione se requiere de una sociedad con buen nivel educativo político, y de partidos políticos genuinos, lamentablemente no es todavía el caso de México, razón por la cual todo intento democratizador acaba siempre naufragando en el inmenso pantano de una sociedad tan cargada de carencias que la hace proclive al servilismo en los Tres Poderes y en los tres niveles de gobierno.

 

Publicado en El Informador del domingo 30 de octubre de 2022

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