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Crónica: John Lennon

Daniel Meza Real · Coordinación de Calidad Académica del Corporativo UNIVA

 

El pequeño John se encontraba escondido detrás de una puerta, sus ojos temerosos observaban desde su escondite a sus padres discutir, su edad no le permitía entender por completo qué era lo que sucedía, el ambiente era confuso y justo cuando se preparaba para huir a un lugar más seguro y apartado de esa pesadilla, su padre lo alcanzó a ver, lo tomó del brazo y mirándolo directamente a los ojos mientras su voz se volvía un sonido casi gutural le preguntó, ¿con quién quieres estar con papá o con mamá?

John despertó sobresaltado y empapado en sudor, había tenido esta pesadilla una y otra vez desde aquél día, durante el funeral de su tío George, esposo de su tía y tutora “Mimí”, vio a lo lejos y casi escondida, la figura de una mujer que no conocía realmente. pero que su corazón le decía que era su madre, a quién sin poderse quitar la imagen de la cabeza decidió visitar y conocer un par de días después.

Ahora con su madre activamente en su vida, comenzaba la primavera del año de 1957, el ahora adolescente de 16 años, temblaba detrás del escenario de la iglesia Woolton Parish en el que se presentaría con su aun amateur banda “The Quarrymen”, sostenía con fuerza la guitarra que le había regalado Julia, su madre, y al mismo tiempo recordaba cómo había llegado emocionado a mostrársela a la tía Mimi para que solo le dijera:

-La guitarra está bien, pero jamás podrás vivir de ella.

Esto más que bajar su ánimo, quizá por ese espíritu rebelde que lo caracterizaba, lo motivó a subir al escenario y no dejar que una sola nota se le fuera por error.

Esa misma tarde, mientras guardaban los instrumentos, un delgado y pequeño joven con ojos ligeramente ojerosos y una pequeña melena que apenas alcanzaba a cubrir su frente se acercó al grupo dirigiéndose directamente con John, quien se mostraba como líder, y le dijo que le encantaba lo que hacían y que quería participar en la banda. John, con el gran ego que lo caracterizaba, le dijo simplemente que no, ya estaban completos y no necesitaban a un niño rico y que ni los instrumentos podía cargar; sin embargo, había algo en él que llamó su atención de inmediato, nunca supo qué era, pero tenía una especie de magnetismo que no podía pasar desapercibido.

-¿Cómo te llamas?

– Paul-. Dijo el joven sin soltar su guitarra.

John dio un paso hacia delante inflando su pecho como si tratara de mostrarse intimidante

-Y ¿sabes tocar?

Sin decir una sola palabra, el joven McCartney comenzó a tocar una melodía de rock´n roll con tal dificultad técnica que Lennon tardó unos segundos en recobrar el aliento antes de sacar un pequeño papel de su bolsillo y escribir una dirección en él y agregar:

-Ensayamos los martes, no llegues tarde.

Ese año fue decisivo para John, el contacto constante con su madre lo orilló a hacerse preguntas que nunca habían surgido antes; la más importante, ¿por qué fue criado por su tía? Aquel sueño en el que veía borrosamente a sus padres comenzó a hacerse más frecuente y real al mismo tiempo.

Una noche, justo después de su cumpleaños, tuvo una discusión con Julia que lo llevó a confrontarla con Mimí, en búsqueda de respuestas, y en ese momento fue que todo ese sueño se volvió realidad.

Lo cierto es que su padre no lo había abandonado como tal, justo como le habían dicho toda su vida en la “versión oficial”; aquel hombre de apellido Lennon decidió tomar al pequeño John para llevárselo fuera de la ciudad mientras la irreverente Julia pasaba sus días con un amante que tontamente creía desconocido para todos. Al darse cuenta su madre de lo que planeaba su aún esposo, lo enfrentó y después de una ardua discusión que parecía nunca terminar, aquel hombre decidió preguntar directamente al pequeño de 5 años con quién quería irse, a lo que contestó:

-Quiero ir con papá.

Ante el golpe certero al corazón, Julia se alejó lentamente de la casa con sus mejillas bañadas en lágrimas, pero no pasaron ni dos minutos antes de que el pequeño John sintiera la ausencia de su madre y saliera a perseguirla por la calle. A partir de ese momento, Alfred Lennon simplemente desapareció; sin embargo, toda esa escena no conmovió lo suficiente a Julia como para enmendar la infidelidad y su hermana Mimí fue la única opción que tuvo para ver crecer a su pequeño John en un ambiente realmente familiar.

Ahora John como todo un adulto, se enfrentaba por primera vez a un recuerdo que parecía borrado, sin embargo, a pesar de lo trágico, su madre estaba ahí de verdad y no estaba dispuesto a perderla de nuevo, ahora que recién comenzaba a conocerla verdaderamente. Tal y como si se tratara de una espina atorada en su corazón que no les permitía continuar con sus vidas, el confrontar el pasado hizo inminente la reconciliación entre las hermanas y les dio una nueva oportunidad con un hijo ahora compartido.

Todo iba viento en popa hasta que un año después, mientras Julia caminaba alegremente por la calle, fue arrollada por un policía que conducía ebrio matándola al instante.

Cualquier cosa que le recordara la ausencia de su madre lo repugnaba y, por otro lado, aquella banda universitaria se convirtió en una especie de dueto con acompañantes que era liderado por John y Paul; es en ese momento en el que deciden crear una nueva banda con un nombre inspirado en Buddy Holly and The Crickets (los grillos), esta era Long John and The Beatles (escarabajos), posteriormente se convirtió en The Silver Beatles y por último simplemente The Beatles.

Ya con este nuevo bebé, obtuvieron lo que sería su primer trabajo como músicos y él inició de su nueva vida como ídolos mundiales; fueron contratados para tocar en Hamburgo durante 48 actuaciones. Cada día eran más conocidos y decidieron como niños asustados ante la realidad adulta, tomar de la mano a Brian Epstein, un propietario de una tienda de discos que se ofreció a ser su manager por un pago del 25 % de sus ganancias; a partir de ahí, como una bola de nieve cuesta abajo, la fama creció y creció hasta un punto donde no hubo regreso.

El cuarteto de Liverpool se convirtió en el grupo musical más importante del mundo, no existía una sola locación donde las entradas no estuvieran agotadas y la cantidad de personas que los seguían en estadios y aeropuertos llegó a cifras simplemente absurdas.

Aunque los millones y millones de fans veían en el exterior al fenómeno musical más importante de la historia, dentro se vivía una lucha constante entre las dos cabezas de la banda, John y Paúl, quienes al ser ambos autores de más del 80 por ciento de las canciones, comenzaron a tener una batalla de orgullo y ego. Mientras McCartney se autoproclamaba como líder y se enfocaba siempre en querer gestionarlo todo para la banda, Lennon con su carácter polémico, se dedicaba a dar declaraciones rebeldes contra el sistema y vivir con una adicción a los ácidos y un sin número de sustancias que lo destruían más y más a cada momento.

La gota que derramó el vaso cayó en 1967 cuando muere su manager y amigo de toda la vida. Perdieron aquello único que los mantenía en el piso; ahora, huérfanos, tendrían que arreglárselas por si solos. A partir de ese momento Paul decidió, como se esperaba, tomar la dirección de la banda, lo cual provocó que John se volviera aún más rebelde y apático para con sus compañeros, la prensa y el público en general.

«El cristianismo se irá. Desaparecerá y se achicará. No necesito discutir eso; estoy correcto y se comprobará. Somos más populares que Jesús ahora; no sé quién se irá primero el rock and roll o el Cristianismo».

La popularidad de los Beatles comenzó a decaer con las primeras protestas de rechazo en Estados Unidos de parte de grupos conservadores, así como del Ku Klus Klan; las drogas y los inacabables problemas internos hicieron decaer la calidad musical de sus composiciones y por primera vez en 10 años se habló de la inminente separación.

John estaba tocando fondo, sumido en un agujero de problemas emocionales, adicciones y la soledad más horrible y desesperante, aquella que se siente en el corazón mientras se está rodeado de gente.

En 1968, John en su carácter de figura pública, deambulaba distante a la realidad en una galería de arte conceptual a la que fue invitado. Caminaba por los pasillos y saludaba a la gente que indudablemente lo reconocía, sin embargo, su mente, se mantenía en el limbo. Después de casi una hora tuvo un breve regreso al mundo y observó una de las pinturas sobre los muros, en un instante quedó fascinado, la pieza de arte que tenía frente a él se conectaba a su alma como si él mismo la hubiera pintado; desesperado caminó por los pasillos dándose cuenta de que todas las obras sin excepción tenían el mismo efecto. Era hora de conocer al responsable de su tremenda revelación espiritual; ahora corriendo recorrió prácticamente toda la galería preguntando por el pintor a lo que referían que en realidad era una mujer y le daban direcciones encontradas que lo mantenían dando vueltas, hasta que por fin, al fondo de una de las salas, sin tener seguridad fáctica de que fuera ella, la vio inmóvil frente a un cuadro en el que solo se leía la frase “Clava un clavo” y en una esquina la ficha técnica que develaba al autor: Yoko Ono. No sabía si era por la iluminación de la sala o su propia mente jugándole una broma, pero la veía como un ángel que lo estaba esperando. Se acercó lentamente y le dijo a su oído

–¿Puedo clavar un clavo?

Ella, sin perder ni un segundo la atención contestó -Puedes hacerlo si me das cinco monedas.

John sonrío levente y dijo -Te doy cinco monedas imaginarias si me dejas clavar un clavo imaginario.

En ese momento ella giró su cabeza hacia él y ambos se sonrieron. Fue ese simple gesto en sus rostros lo que concretó la conexión más fuerte que pudieron haber tenido en sus vidas y que jamás se rompería sin importar cualquiera de las dificultades que se presentasen.

Lennon encontró la verdadera felicidad y comenzó a llenar esos vacíos que lo atormentaban; prácticamente se convirtió en una nueva persona, totalmente en conexión con su espiritualidad y lo más importante: repudiaba la fama y la fortuna, porque no eran más que “placeres mundanos”.

Esta nueva vida aunada a los problemas entre John y Paul, fueron el tiro de gracia para la banda y en abril de 1970 anunciaron y firmaron oficialmente su separación.

El mundo pareció haberse desgarrado ante la noticia, sin embargo, para John los 70 fue una década de vitalidad y encuentro espiritual. Fue una liberación total, como una oruga al transformarse en mariposa.

Lennon era ahora un activista del pacifismo y un hombre que disfrutaba del mundo con una espiritualidad y una soltura que trascendían. Su vida cambió totalmente y esto despertó al artista nato que descansaba en su interior, nunca en su carrera tuvo tanta inspiración como en ese momento.

Junto con Yoko formó la banda Plastic Ono Band con la que publicaron una docena de discos de larga duración con éxitos como «Give peace a chance», «Power to the people» o «Some time in New York City».

Pero fue en 1971 cuando puso al mundo de cabeza, sentado detrás de un piano, en una habitación completamente blanca y con compases lentos y profundos, le cantaba al oído a la humanidad “Imagine all the people living life in peace”.

“Imagine” fue convertido en todo un himno para una sociedad que vivía en constante conflicto y que necesitaba una voz de esperanza para un futuro que no se veía nada prometedor.

Naturalmente, su música fue todo un éxito en ventas y se posicionó en los primeros lugares de popularidad a nivel mundial, en buen y mal sentido, ya que comenzó una fuerte batalla ideológica contra el presidente Nixon, que era el representante del sistema que él tanto criticaba. Pero esta situación no volvería a comérselo vivo como sucedió con los Beatles, así que decidió desaparecer del ojo público para dedicarse completamente a disfrutar la vida con su familia.

“Hay gente irritada conmigo porque no hago música. Si yo hubiera muerto en 1975, sólo hablarían de lo fantástico que era y cosas así. Lo que les enfurece es que yo seguí viviendo y decidí que lo más importante era hacer exactamente lo que me apetecía”.

Fue hasta principios de 1980 que el ex beatle salió del encierro en que se encontraba para publicar su más grande demostración de amor hacia Yoko con “Double Fantasy”, un disco lleno de poesía musical dedicada a su esposa y su hijo de la manera en que él sabía hacerlo.

En diciembre de ese mismo año “el sueño terminó”, un fan perturbado decidió que John era el responsable de acabar con los Beatles y a manera de venganza le propino una serie de disparos fuera del apartamento donde vivía en Nueva York. Aunque fue llevado de inmediato al hospital, no pudo sobrevivir.

Al día siguiente, Yoko declaró en los medios que no habría funeral y que el amor de su vida rezaba por la humanidad, así que todos debían seguir su ejemplo.

Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas se regaron en Central Park donde le fue edificado un monumento. Esa tarde trágica el mundo despedía a la ahora leyenda y millones de personas en el mundo cantaban a coro imagine con lágrimas bañando su rostro.

 

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