Construir paz desde lo cotidiano: justicia cívica para una nueva convivencia

Adriana Villicaña Martínez – Directora UNIVA Campus Zamora

La construcción de la paz es una expresión recurrente en los discursos políticos, religiosos y académicos. Sin embargo, su reiteración no siempre garantiza su comprensión ni su apropiación práctica. En ciertos contextos, incluso puede perder fuerza simbólica y pasar inadvertida. De ahí la pertinencia de detenerse en sus elementos constitutivos. Construir implica edificar; supone planear, destinar recursos, sentar bases y desarrollar procesos por etapas. Toda edificación sólida exige intención, técnica y continuidad.

En el contexto contemporáneo, el concepto de construcción de paz ha cobrado especial relevancia, aunque su fundamento teórico no es reciente. Se entiende como un conjunto integral de acciones orientadas a transformar conflictos violentos en relaciones sostenibles y pacíficas (Lederach, 1997). Esta definición invita a reconocer que los conflictos no son ajenos a la vida cotidiana: emergen en el hogar, en las aulas, en las interacciones digitales y en los espacios laborales. Lo esencial no es eliminarlos, sino aprender a gestionarlos.

Con frecuencia, la paz se asocia con acuerdos internacionales o con la ausencia de guerra. No obstante, esta visión resulta limitada. La paz, en su sentido más amplio, implica relaciones justas, instituciones funcionales, mecanismos no violentos de resolución de conflictos y formas de convivencia basadas en el respeto y la corresponsabilidad. En ausencia de estas condiciones, emergen violencias silenciosas como la exclusión, la discriminación, el abuso de poder y la indiferencia social.

En este marco, la justicia cívica adquiere un papel fundamental. Lejos de reducirse a la imposición de sanciones, se configura como un conjunto de prácticas orientadas a regular la vida en común con criterios de equidad. Su enfoque contemporáneo privilegia la prevención de conflictos, la reparación del daño y la restauración de los vínculos sociales.

Situaciones aparentemente simples —como conflictos vecinales, tensiones en entornos educativos o desacuerdos en redes sociales— evidencian la necesidad de mecanismos que privilegien el diálogo, la mediación y la responsabilidad compartida. La justicia cívica no solo establece normas, sino que promueve su comprensión, apropiación y cumplimiento, además del seguimiento de los acuerdos alcanzados.

El ámbito universitario se posiciona como un espacio privilegiado para la construcción de paz. En él convergen múltiples perspectivas, intereses y formas de interacción. Cada práctica cotidiana —escuchar antes de reaccionar, respetar las

normas sin necesidad de supervisión, reconocer los errores y reparar los daños— se convierte en una oportunidad para fortalecer o debilitar la convivencia.

El análisis de la interacción digital refuerza esta premisa: las respuestas pueden orientarse hacia la descalificación o el argumento; hacia la cancelación o el diálogo. En este sentido, la construcción de paz exige una ética de la comunicación que trascienda la inmediatez.

La justicia cívica se fortalece cuando se abandona una visión centrada exclusivamente en los derechos individuales y se incorpora la dimensión de las responsabilidades compartidas. Este equilibrio resulta esencial para la sostenibilidad de la convivencia social.

Desde una perspectiva estructural, el desarrollo de una cultura de paz implica no solo la eliminación de la violencia directa, sino también la transformación de las desigualdades que la generan (Galtung, 1969). Ello abarca los entornos laborales, educativos e institucionales, donde las condiciones de equidad y desarrollo influyen directamente en la calidad de las relaciones.

La complejidad de la violencia demanda estrategias integrales. La construcción de paz requiere una agenda que articule la educación y la investigación aplicada en contextos locales (Aguayo Quezada et al., 2021). En esta línea, la implementación efectiva de la justicia cívica supone el fortalecimiento previo de una cultura del diálogo, del encuentro y de la corresponsabilidad.

Asimismo, el diseño de políticas municipales eficaces debe integrar acciones como la mediación en espacios escolares, la dignificación del espacio público y la organización comunitaria. Estos elementos favorecen la justicia restaurativa y la resolución pacífica de los conflictos.

Los gobiernos locales desempeñan un papel estratégico en este proceso al vincular objetivos globales con realidades comunitarias, promoviendo prácticas de convivencia y participación ciudadana (Institut Català Internacional per la Pau, 2021). En este sentido, las instituciones educativas, en particular las universidades, asumen una responsabilidad ampliada como formadoras de ciudadanía.

Las comunidades universitarias no solo reproducen dinámicas sociales, sino que también pueden transformarlas. La manera en que se abordan los conflictos cotidianos, se facilita el diálogo y se construyen acuerdos incide directamente en la formación de los liderazgos del futuro.

La paz en el entorno educativo no constituye un ideal abstracto, sino un proceso dinámico que se construye mediante prácticas concretas, decisiones colectivas y

una apuesta permanente por la dignidad humana. Se trata de una narrativa en movimiento, estrechamente vinculada con la inclusión y el desarrollo social.

Desde esta perspectiva, la comunidad universitaria se reconoce como un agente activo en la construcción de una nueva convivencia. Su participación incide no solo en el presente inmediato, sino también en los entornos sociales, profesionales y políticos que contribuirá a transformar en el futuro.

Construir paz desde lo cotidiano implica no normalizar la violencia, no justificar el abuso y no permanecer indiferentes ante el daño. Supone asumir el conflicto como una oportunidad de aprendizaje y transformación.

La paz, lejos de ser un simple discurso, se configura como una práctica cotidiana. En este proceso, la justicia cívica se consolida como una herramienta fundamental para fortalecer el tejido social. Cada acción orientada al diálogo, al respeto de las normas comunes y a la búsqueda de soluciones justas contribuye a su edificación.

La construcción de una nueva convivencia no responde a decretos, sino a prácticas consistentes. En lo cotidiano se encuentran las bases de una paz duradera.

 

Fuentes consultadas

Aguayo Quezada, S., Peña González, R. y Espino Armendáriz, S. (2021). Violencia y construcción de paz. Ciencia, 72(1), 24–31.

Galtung, J. (1969). Violence, peace, and peace research. Journal of Peace Research, 6(3), 167–191.

Hernández, A. P. y Torres, L. (2024). Metodologías para construir la paz en el ámbito municipal. Centro de Investigación y Acción Social (CIAS por la Paz).

Institut Català Internacional per la Pau. (2021). El papel de los municipios en la construcción de la paz.

Lederach, J. P. (1997). Building peace: Sustainable reconciliation in divided societies. United States Institute of Peace Press.

Revista Copala. (2025). Paz en movimiento: Narrativas educativas.

Comunicación Sistema UNIVA

Author Comunicación Sistema UNIVA

More posts by Comunicación Sistema UNIVA
Share