
Jorge Luis Morales – CEO de Socio Consultoría
Cuando preguntas a las personas sobre el valor más importante en su vida, todavía se alcanza a vislumbrar una respuesta, casi al unísono, en nuestra cultura mexicana: la familia. Esta conexión profunda se manifiesta en un entramado de cuidado y apoyo que, aunque no podríamos cuantificarlo a nivel emocional, tiene un costo económico y social que nuestro país parece seguir ignorando. A este tipo de actividades de cuidado se les conoce como Trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Este tipo de actividades representan una fuerza invisible que sostiene la economía, pero que perpetúa una de las mayores brechas de inequidad en el ámbito profesional.
El desequilibrio entre el tiempo que se dedica al trabajo remunerado y aquel dedicado a las responsabilidades del hogar es una realidad que afecta a millones de profesionales, pero cuyo impacto repercute especialmente en las mujeres. Se trata de una “doble jornada” que no solo agota la energía, sino que limita las oportunidades de desarrollo, actualización y ascenso en el mundo empresarial y académico.
El valor oculto de la economía mexicana
Con motivo del 25N (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres), el INEGI reportó que, el valor económico del Trabajo Doméstico y de Cuidados No Remunerado ha alcanzado cifras históricas. En el año 2024, este trabajo invisible representó cerca del 23.9% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, con un valor estimado de 8 billones de pesos. Para ponerlo en perspectiva, este valor supera a sectores clave como el industrial.
Profundizando en el detalle, la mayor parte de esta riqueza la generan las mujeres. Datos de Forbes y el INEGI señalan que las mujeres aportaron al bienestar de su hogar el equivalente a más de $82,339 pesos anuales por labores no remuneradas.
Este dato no solo es una cifra económica impresionante; es la evidencia de que las mujeres están asumiendo una carga desproporcionada de las tareas de cuidado. Mientras el hombre promedio solamente participa, ellas dedican la mayor parte de su tiempo a cocinar, limpiar, cuidar a los hijos y a los adultos mayores. Este desbalance tiene un efecto directo y perjudicial en el desarrollo profesional de la mujer:
1. Menor participación laboral: A pesar de los avances, la tasa de participación femenina en el mercado laboral mexicano sigue siendo una de las más bajas de la OCDE. Muchas mujeres se ven obligadas a optar por empleos de menor exigencia o a pausar sus carreras para atender las responsabilidades del hogar.
2. Brecha Salarial: El tiempo y la energía invertidos en los trabajos domésticos no remunerados reducen la disponibilidad para la capacitación o las jornadas
extendidas, lo que impacta negativamente en el acceso a puestos de liderazgo y, consecuentemente, amplía la brecha salarial.
La flexibilidad y corresponsabilidad como camino de desarrollo integral
Romper la brecha de género y promover el desarrollo equitativo de hombres y mujeres en el ámbito profesional requiere un compromiso multisectorial. Las universidades juegan un rol crucial al fomentar la conciencia y la formación en nuevas habilidades de conciliación.
Sin embargo, el cambio más urgente debe gestarse en el mundo laboral a través de dos ejes:
● Corresponsabilidad: Las empresas deben dejar de asumir que las responsabilidades de cuidado recaen únicamente en las mujeres. Se debe promover activamente la participación de los hombres en el cuidado a través de permisos de paternidad extendidos y una cultura que valore el tiempo en casa para todos.
● Flexibilidad: La adopción de modelos laborales flexibles (teletrabajo, horarios escalonados o jornadas reducidas) es la herramienta más poderosa para permitir que profesionales con grandes responsabilidades de cuidado puedan mantener su compromiso laboral sin sacrificar su vida personal. Esto no solo favorece la equidad, sino que impulsa la lealtad, la salud mental y la productividad en el largo plazo.
El desafío es grande, pero la meta es clara: construir una sociedad donde el tiempo que se le dedica a la familia y al hogar sea un acto de amor y no una barrera para el desarrollo profesional. El futuro de un México más equitativo y productivo depende de nuestra capacidad para valorar y re-distribuir este tipo de deuda no remunerada.
Ahora te dejo la reflexión a ti, ¿cómo crees que la educación y la capacitación profesional podrían ayudar a las mujeres y a los hombres a promover la corresponsabilidad en el hogar?