
Alfredo Sainez – Docente de la Licenciatura en Derecho
Las innovaciones tecnocientíficas han impulsado la transición de las sociedades orales y escriturales hacia sociedades digitales, particularmente la denominada Sociedad de la Información y del Conocimiento (SIC), en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial (4.0), caracterizada por el surgimiento de tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial (IA), empleada hoy en diversos ámbitos de la vida cotidiana. El ámbito militar no es ajeno a esta tendencia, como lo demuestra la investigación teórica titulada «Inteligencia Artificial como Multiplicador de Fuerza», sustentada ayer en el Aula Magna «Gabino Fraga» del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP) por Eugenio Herrera Alvarado, con la que obtuvo el grado de Maestro en Inteligencia para la Seguridad Nacional.
En este examen, en el que tuve el honor de participar como integrante del jurado, se destacó la manera en que la IA ha permitido a Ucrania compensar su inferioridad numérica frente a Rusia. Sin embargo, también se señaló la ausencia de una metodología cuantitativa en la investigación y se cuestionó si las lecciones derivadas de un conflicto interestatal como el ucraniano pueden transferirse y adaptarse rigurosamente al contexto mexicano para combatir al narcotráfico, particularmente cuando aún no existe una legislación específica que regule el uso de la inteligencia artificial. En este sentido, cabe preguntarse: ¿cuáles son las viabilidades jurídicas, operativas, económicas y presupuestarias para incorporar la IA en materia de seguridad? ¿Cuáles son sus alcances y límites para formular, implementar, ejecutar y supervisar políticas públicas transnacionales orientadas al combate del narcotráfico mediante la inteligencia artificial como «multiplicador de fuerza»?
A partir de la década de 1980, el concepto de «multiplicador de fuerza» adquirió especial relevancia con el desarrollo tecnológico al permitir equilibrar capacidades militares mediante una mejor conciencia situacional del espacio de batalla —o conciencia posicional, como se le conoce en el argot ajedrecístico— a partir de la recolección, el procesamiento y la transmisión de información. Este modelo exploratorio se alimenta precisamente de esos datos para identificar fortalezas y debilidades y, en consecuencia, facilitar la toma de decisiones.
La seguridad nacional y la seguridad pública constituyen dos de los fines esenciales del Estado: la primera orientada a la defensa frente a amenazas externas y la segunda a preservar el orden interno. Desde esta perspectiva, la razón de Estado encuentra su justificación en una visión teleológica sintetizada en el conocido apotegma de que el fin justifica los medios. Bajo este enfoque, la IA puede concebirse como un instrumento para fortalecer la seguridad del Estado y actuar como un verdadero multiplicador de fuerza, tal como se expone en la tesis mediante diversos ejemplos históricos —la Guerra del Golfo Pérsico, la Guerra de Irak, el empleo de drones por parte del Estado Islámico y, más recientemente, la guerra entre Rusia y Ucrania—. En todos estos casos, la inteligencia artificial se presenta, en términos de David S. Powell, como un elemento tangible o intangible que incrementa el valor de combate y la capacidad operativa de una fuerza militar.
El uso de la IA en el conflicto entre Rusia y Ucrania, por aire, mar y tierra, se manifiesta mediante la construcción de grafos y la utilización de drones dotados de navegación autónoma, tecnologías que han incrementado significativamente la efectividad militar al potenciar el reconocimiento del terreno y de los objetivos estratégicos. Asimismo, permiten procesar grandes volúmenes de información e identificar objetivos con mayor precisión y rapidez. Los avances alcanzados por Ucrania permiten observar el efecto multiplicador de la inteligencia artificial en distintos ámbitos de la operación militar. Basta señalar que, para 2024, ese país contaba con 243 empresas especializadas en inteligencia artificial y tecnologías de la información, además de 106 programas académicos enfocados en inteligencia artificial y aprendizaje automático. En este sentido, la guerra entre Rusia y Ucrania constituye un verdadero laboratorio de IA aplicada al ámbito bélico, cuyos efectos multiplicadores representan una auténtica revolución en la efectividad militar.
Aunado a este estudio de caso, convendría incorporar futuros análisis sobre el empleo de estas tecnologías en otros conflictos internacionales recientes, con el propósito de ampliar el marco comparativo y fortalecer las conclusiones de la investigación.
En suma, la inteligencia artificial, como tecnología disruptiva y emergente, puede comprenderse desde múltiples perspectivas: como medio, causa o efecto, según las circunstancias de modo, tiempo y lugar. Así lo demuestra el ámbito militar analizado en la tesis «Inteligencia Artificial como Multiplicador de Fuerza». Enhorabuena por este trabajo académico.
Y, si de circunstancias de modo, tiempo y lugar hablamos, hoy la inteligencia artificial Claude pronostica el triunfo de la Selección Mexicana de Fútbol frente a la selección de Chequia. Sin embargo, advierte que la República Checa suma apenas un punto y
está obligada a ganar para mantenerse con vida en el torneo. México, por su parte, ya aseguró su clasificación y le basta un triunfo, un empate o incluso una derrota para conservar el primer lugar del Grupo A. ¿Se dejarán llevar los jugadores mexicanos por la inercia de la comodidad y terminarán proyectando un escenario adverso? Ustedes, como siempre, tienen la última palabra.
Hagan sus apuestas.