Revoluciones sin consciencia

Vladimir Ponce – Director de Mercadotecnia en Wenova México

En sentido estricto, la palabra «revolución» tiene un significado que designa un cambio radical, el cual implica dejar atrás el orden establecido y que, en varias ocasiones, va acompañado de violencia e imposición. En la historia se entiende como un fenómeno que puede resultar benéfico al propiciar reformas sociales, culturales e incluso científicas. Las creencias pasan a convertirse en conocimiento o, por el contrario, a ser olvidadas y perderse para siempre en el devenir del tiempo.

Por otra parte, tenemos el asunto de la conciencia que, a grandes rasgos, puede entenderse como la capacidad de percibir el entorno de manera objetiva y de reflexionar sobre uno mismo. Esta problemática tiene ecos en la historia occidental con el conocido «Conócete a ti mismo», inscrito en la entrada del famoso templo griego de Delfos, donde la sociedad de aquel tiempo acudía a solicitar los favores de los dioses por medio del oráculo. En conclusión, parece que un sujeto consciente es aquel que reflexiona sobre sí mismo y sobre su entorno, analiza su realidad y prepara cambios, dando pie primero a revoluciones individuales y, con ello, también a transformaciones en su círculo más íntimo.

¿Cómo se generan en la actualidad estas revoluciones? Pongamos como premisa que conocerse a sí mismo no es una tarea sencilla, especialmente ante las múltiples distracciones que presentan la tecnología y la ciencia contemporáneas, las cuales parecen prometer una felicidad constante. Nada más alejado de la realidad que vivir en un mundo donde no se experimente el sabor de la derrota o del rechazo.

Parece que muchas de las implicaciones derivadas de las reformas resultan, en numerosos casos, polémicas. Tenemos el ejemplo de las personas que deciden cambiar de sexo porque, en el proceso de autoconocimiento, se perciben con un género distinto al asignado al nacer, o de quienes afirman identificarse como animales. Algunas de estas categorías o grupos sociales han logrado el reconocimiento de ciertos derechos dentro del marco jurídico; otras, en cambio, no.

El debate surge cuando la comunidad acepta estas posturas o cuando simplemente las rechaza, pues, desde la lógica de una percepción objetiva, no todos consideran válidos sus argumentos. La discusión, por tanto, permanece abierta.

 

Considera qué sórdidos, qué estúpidos, en una palabra, qué vulgares son la mayoría de los hombres, y verás que es imposible hablar con ellos sin renunciar a una gran parte de ti mismo.

 

Arthur Schopenhauer

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