
María Gabriela Hernández Hernández – Encargada de Psicopedagógico y tutorías
En el calendario pende una fecha que se lee 14 de febrero día del amor y la amistad y un sinfín de propuestas de mercadotecnia para dirigir los ojos a los escaparates, anuncios, promociones, paquetes alusivos, membresías y que probablemente viene a la mente que iré a regalar al novio, la novia el amigo, las amigas y a las personas que apreciamos, pero acaso reflexionamos en los regalos que recibimos por parte de Dios.
Cada día, Dios nos regala la vida, el canto de las aves, un nuevo amanecer, y la oportunidad de conocer a nuevas personas. Son regalos preciosos que nos permiten crecer, aprender y disfrutar de la belleza del mundo que nos rodea.
Pero ¿qué tan agradecidos somos por estos regalos? ¿cuántas veces nos detenemos a reflexionar sobre la bondad de Dios y la belleza de su creación? ¿cuántas veces compartimos estos obsequios con los demás, y nos conectamos con ellos a través de la amistad y el amor?
Dios en su infinito amor nos da cada día, sin cesar, sin esperar nada a cambios. Nos da la vida, la salud, la familia, los amigos, y la oportunidad de hacer un impacto nutricio en el mundo.
Y nosotros, ¿qué le damos a los demás?
La respuesta está en cómo vivimos cada día. En cómo apreciamos las pequeñas cosas, en cómo compartimos nuestro tiempo y nuestros talentos con los demás, en cómo amamos y nos dejamos amar.
En mi día a día donde me acompaña la vida, al abrir los ojos escucho el canto de las aves como una melodía a mis oídos, el inhalar el aliento de vida que siento en mis pulmones y mover el cuerpo para comenzar un nuevo día, lleno de presentes y oportunidades. Tengo presente que Dios me ama, y que me invita a vivir una vida plena y feliz dotada de inmensas dádivas.
Extiendo una invitación a abrir el corazón, y dejar que el amor de Dios fluya a través de ti como lo hace conmigo, ya que es parte de algo inmenso que todos nosotros y que mi vida y la vida de los demás tiene un propósito.
Así que hoy en el día del Amor y la Amistad, quiero agradecer a Dios por todos los regalos que me ha dado. Quiero agradecerle por la vida, por la amistad, por el amor, y la oportunidad de hacer un impacto nutricio en el mundo.
Es por eso por lo que reitero la invitación a que hagas lo mismo. Agradecer a Dios por los obsequios que te ha dado, y comparte esos regalos con los demás. Porque cuando lo hagas, descubrirás que la vida es un inmenso regalo precioso, y que Dios te ama más de lo que puedas imaginar.
Atte. Psic. María Gabriela Hernández Hernández
Encargada de Psicopedagógico y tutorías