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Religiosidad transformadora

Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

En nuestra cultura occidental, la religión ha pasado por diversas etapas que van desde un estatus de privilegio hasta condiciones de persecución radical. La misma idea de Dios ha conocido diversos abordamientos y aún, periodos de ateísmo militante, pasando de ser el principio absoluto de todo, al autor lejano del universo, para luego ser visto como fruto de una ilusión, o como una droga que aliena a los creyentes.

Desde la antropología filosófica alemana desarrollada sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, la religión, independientemente de Dios, fue replanteada  como una estructura permanente e integradora del ser humano, ya no fruto de la alienación como dijo Feurbach, ni la etapa transitoria de Comte, la neurosis incurable de Freud, o el opio del pueblo, según Marx.

Pero si la religión es ahora vista como estructura integradora, eso no excluye que pueda ser usada de múltiples maneras equívocas y dañinas, un ejemplo lo tenemos en el fundamentalismo musulmán y los extremos criminales a los que llega, o en aquellas sectas cristianas que han inducido a sus seguidores al suicidio colectivo, precisamente por el manejo alienante que en esos grupos ocurre. Al igual que en el caso de las ideologías y los partidismos políticos, la historia de las religiones está siempre poblada de claroscuros, por la sencilla razón de que las comunidades creyentes están formadas por seres humanos.

En México persiste una cultura cristiana ya de varios siglos, si bien la calidad de los cristianos experimenta muchas variables, la más común, el divorcio entre fe y vida, o el divorcio entre lo que debe creer un cristiano y un sinfín de creencias ajenas al cristianismo.

El divorcio entre fe y vida explica que se pueda ser muy creyente y a la vez muy corrupto, penosa realidad de la que no se escapan ni los “evangélicos” más entusiastas. La mezcla de conceptos doctrinales tiene que ver tanto con el sincretismo histórico nunca superado, como con el nuevo sincretismo entre fe cristiana y nebulosa esotérica, bastante en boga, y de enorme penetración.

Tenemos que recordar que el cristianismo es esencialmente una propuesta transformadora integral, no un medio para evadirse o una religión consoladora, mucho menos una doctrina que apapacha y consiente al creyente para que viva como le dé la gana. En la religiosidad mexicana se propende con mucha facilidad a este tipo de actitudes, sobre todo cuando se mal entiende la expresión que el Nican Mopohua, atribuye a la Virgen: “¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?”. Sin una adecuada y constante explicación esta frase favorecería la pasividad y el atenimiento, ¿para qué preocuparnos?, ¿no está para eso la Virgen? Entonces que ella haga todo mientras nosotros seguimos hundidos en la irresponsabilidad. Para este tipo de “creyentes” que no han sido formados en una fe adulta, madura y comprometida, las obligaciones se reducen a flores, velas y cohetes, no a un cambio de vida que contribuya a modificar las condiciones personales y las del país que tenemos.

Lo mismo sucede con numerosas agrupaciones “evangélicas” para las cuales lo importante es “sentirse salvo”, y aprenderse la biblia de memoria, lo que ocurra a la sociedad o la nación, no es su asunto, ellos viven para esperar el juicio final, nada más.

 

Publicado en El Informador del domingo 12 de diciembre de 2021

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