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Top Gun: Maverick, y el conformismo del blockbuster

José Alejandro Domínguez Islas · Estudiante de la Licenciatura en Producción de Medios Audiovisuales UNIVA Guadalajara

 

Recientemente, por fin, pude ver Top Gun: Maverick, otra secuela de legado que llega a una cartelera que se beneficia de la nostalgia y propiedades intelectuales, las cuales los estudios aprovechan para un negocio que la pandemia logró entorpecer durante un tiempo. Sin embargo, la más reciente cinta de Tom Cruise, tiene mucho más que una añoranza del pasado o acción genérica, logra surcar los cielos a terrenos que ya muy pocos blockbusters se atreven volar.

Segunda parte de la original Top Gun (1986), el Capitán Pete “Maverick” Mitchell tendrá que volver a la academia Top Gun, ahora como instructor de doce pilotos que afrontarán la misión de destruir una base enemiga que requerirá de hazañas aéreas, y un par de milagros para lograr el objetivo.

A simple vista, quizá una película más para exprimir la fama del clásico ochentero o ser propaganda a las fuerzas estadounidenses. Y en parte lo es. No obstante, es un cubetazo de agua fría en lo que es la experiencia dentro de la sala de cine, a su vez de lo que sucede en la propia industria.

Cuando en 2012 llega a salas The Avengers, provocó un hito cultural en lo que el cine representa. Lo que ha provocado que los superhéroes dominen la taquilla, año tras año, sumándose a este grupo las ya conocidas secuelas de legado, cintas como la trilogía más reciente de Star Wars (2015-2019) y Jurassic World (2015-2022), o Ghostbusters: Afterlife (2021), historias para una nueva generación con nuevos protagonistas, pero en la que vuelven personajes de las cintas originales. Los remakes como Aladdín (2019), El Rey León (2019) y Mulán (2020) también se han unido a este nuevo modelo que en muchas ocasiones busca calcar y replicar la misma historia con el mayor giro novedoso siendo la transformación al live action.

Cintas que en ocasiones se les refiere más como productos, sin apelar a un ingenio más allá de lo familiar y convencional, simplemente buscan entregar al consumidor lo antes posible una película para que sea vista por todo mundo y nos sigamos acostumbrando a la idea de un blockbuster en específico, el de la nostalgia prefabricada.

Tom Cruise no es ajeno al modelo de las secuelas, las seis películas de Misión Imposible son prueba de ello. Pero si por algo es conocido el actor y productor, no solo es por llevar su cuerpo al límite en los distintos largometrajes que realiza, sino la propia experiencia de verlo en pantalla.

Como espectadores, se nos ha acostumbrado en los últimos años a lo digital, esto incluye a las productoras que, en su afán de tener una producción más sencilla, cargan más trabajo a la postproducción para las escenas de pantalla verde, criaturas o personajes, y todo aquello que no es real o efecto práctico. El problema es que con ello también afectan al departamento de VFX (Visual Effects o efectos visuales).

Según el portal Inverse, para películas como Jurassic Park (1993), se realizaron 63 tomas con VFX, sin embargo, un blockbuster en la actualidad tiene alrededor de 2,000 tomas, y muy poco tiempo para realizarlas. Esta es la razón por la que recientemente, hay producciones como Spider-man: No Way Home (2021), Black Widow, o el avance de She-Hulk, tengan tomas que se ven raras e irreales, ante un poco cuidado en la edición, que también es consecuente por la explotación de estos artistas visuales a los cuales se les pide una gran carga laboral a contrarreloj, y que aun sabiendo que el resultado no es óptimo, seguimos pagando por ello ante una preferencia a ver algo familiar sin requerir nuevas propuestas.

El director de fotografía de Top Gun: Maverick, Claudio Miranda, comenta sobre su trabajo en un vídeo detrás de cámaras para Fujinon, en el que afirma que “¡esto no es una tontería de pantalla verde!”, ya que también menciona las dificultades de grabar al elenco dentro de los aviones, realizar las tomas de combate aéreo y usar en lo más mínimo el recurso del CGI (Computer Generated Image, en español, imágenes generadas por computadora).

La falsa necesidad, tanto para productores y audiencias, de estar arraigado a la tecnología para solucionar todo, plasmada en la propia realización de una cinta que desde sus primeras escenas sentencia este discurso, en la que un almirante le dice a Maverick que los de su tipo están en extinción y pronto ya ni se necesitarán pilotos que pueden desobedecer órdenes o sentir agotamiento dentro de una misión, a lo que el protagonista (y casi como si Cruise también lo pensara) responde que quizá era cierto, pero ese día no iba a llegar hoy.

El actor se niega a dejar morir la experiencia de lo real ante una industria que cada año le demuestra que actualmente ya no es el camino económicamente viable. A la fecha de hoy, el largometraje ya lleva en su haber más de 800 millones de dólares en su recaudación mundial en tres fines de semana, siendo hasta ahorita la más taquillera del año.

Ante esta dependencia como espectadores a lo irreal y escapista, me parece aplaudible que Tom Cruise, además de todo el equipo detrás de sus producciones, se mantenga firme en una industria que cada vez se sostiene más de lo falso en su realización. El cine contiene una magia y un sentido inverosímil en muchos aspectos, a pesar de los elogios que le hago a Top Gun: Maverick, no demerito las producciones que requieren de muchos VFX para apantallar al espectador, pero si algo se puede aprender de este caso, es que las empresas consideren ofrecer proyectos de esta índole más seguido, y que nosotros como audiencia les demos una oportunidad en favor del blockbuster que aún puede apantallarnos en una fantasía dentro de lo real.

 

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