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Sí, es posible… ¡Soy sobreviviente!

Ana Lucía Villafaña - Coord. de Procesos de Titulación y Vinculación

Nunca olvidaré aquella mañana de noviembre en la que, gracias a que hice la cita con la promoción de octubre, vi por primera vez mi tumor: un cráter negro asomándose en la pantalla, mientras el radiólogo medía y realizaba anotaciones en su “maquinita”. Lo único que expresó fue: “¿Cuándo tienes cita con tu gine?”, a lo que respondí: “El viernes”. La cita la había sacado previamente, sabiendo que me pediría los resultados de la mamografía. Noté un poco de premura en su respuesta, pues aseveró que tendría los resultados para esa misma tarde, por si deseaba adelantar la cita. Quise no darle importancia; sin embargo, era evidente que ese “cráter negro” era algo. Esas serían las primeras de muchas señales que me indicarían el diagnóstico antes de tenerlo oficialmente.

Cuando llegué a la cita con mi ginecóloga, me confirmó lo que temía: “Tienes una bola. Lo están marcando como un Bi-RADS 4 y necesito que te hagas una biopsia. Esta categoría no representa ni asegura que sea maligno; aun así, requiere biopsia para descartar”. En ese momento me diría una frase que, a lo largo de todo el proceso, volvería a escuchar repetidamente: “En cáncer no hay suposiciones, necesitamos certezas”.

El doctor Óscar no tenía citas hasta dentro de una semana; de cualquier manera, me pidieron enviar los resultados de mis estudios, argumentando que “según lo que vea él [el doctor], puede abrir un espacio entre citas para ti”. Los envié esa misma tarde. A la mañana siguiente (tan solo unas horas después), recibí una llamada del consultorio para decirme que el lunes el doctor podría realizar la biopsia a mediodía. Otra señal. Aún recuerdo que esa noche tenía programado un live de Instagram. No sé cómo, pero lo hice; sinceramente, traté todo el tiempo de que el proceso no me detuviera.

En ocasiones miro hacia atrás y me resulta fascinante cómo —yo, que me dedico a las comunicaciones integradas del marketing—, justo una de sus técnicas, la publicidad, me salvaría la vida.

El viernes siguiente a la biopsia recibí múltiples llamadas y mensajes de parte de mi ginecóloga para informarme que ya tenía mis resultados y quería verme en su consultorio. Nuevamente estaba en otro conversatorio en vivo y, cuando por fin le respondí, me dijo: “Vente ahorita, aquí te veo”. Otra señal.

Al llegar, confirmó lo que temía: era un tumor maligno de un centímetro en la mama izquierda. Requería nuevos estudios para identificar el tipo de tumor y descartar metástasis. Le solicité que me explicara los posibles panoramas, desde el mejor hasta el peor. Gracias a Dios, estuve en el mejor.

Después de revisar varias opiniones médicas y de escuchar expresiones como: “Estamos ante un buen panorama”, “es una detección temprana”, “ojalá todas llegaran como tú”, “así quisiéramos que fueran todas las detecciones”, tomé la decisión de dónde y con quién atenderme.

Tres semanas después de haberme realizado la mamografía, dos citas con la ginecóloga, una biopsia, múltiples estudios de laboratorio, radiografías, contrastes, ecografías y resonancias, el día 3 de diciembre fui diagnosticada con un carcinoma ductal infiltrante con receptores hormonales positivos.

Como se trataba de una detección temprana, después de una cátedra —con una amplia y profunda explicación sobre mi tumor y el tratamiento que debía llevar—, mi cirujano oncólogo realizó una cirugía conservadora, es decir, extirparon solo el tumor y conservaron la mama.

El día de la cirugía, primero realizaron un renio: inyectaron una sustancia (dolorosa, por cierto) en la mama, con la que se tiñe el ganglio centinela. En mi caso, se tiñeron dos. Después se colocó un arpón que “agarró” el tumor con su entorno y lo extirparon en cirugía. Afortunadamente, el resultado de patología indicó que los ganglios fueron negativos.

Posterior a la cirugía, realizaron un estudio OncoType, con el cual se determina si yo era paciente para quimioterapia. La gran noticia me la daría telefónicamente mi oncólogo: no necesité sesiones de quimioterapia, por lo que solamente me dieron 36 sesiones de radioterapia.

Muchas veces me han preguntado: ¿cómo fue que me detectaron?, ¿por qué decidí hacerme el estudio?, ¿si sentía algo?, ¿si me dolía?, ¿si noté algo diferente?, ¿si vi algo? La realidad es que no. Cada mes sentía una molestia en ambos pechos, ya que tengo fibrosis, y para ser totalmente sincera, cada año en octubre me daba por revisar y estar más atenta a la información sobre la prevención del cáncer de mama. También cada año, en ese mes, a causa de la comunicación masiva sobre este tema, me realizaba estudios y siempre salía todo bien.

Honestamente, fuera de la molestia mensual, no sentí nada. Recuerdo que uno de los médicos que vi en mi recorrido por obtener otras opiniones, con respecto a mi tumor, comentó: “Mira, la publicidad sí sirve”. Mi tumor estaba ahí, creciendo, escondido y asintomático, sin que yo lo supiera.

Una vez que concluí las radios, comenzaron las visitas de seguimiento. Cada tres meses me revisaba mi oncólogo para descartar nuevas apariciones. La probabilidad de una reincidencia era baja, aunque no nula. Lo pude comprobar un año después de concluir las radiaciones y de estar libre de cáncer: en mi revisión trimestral detectaron nuevamente un tumor.

Como se trataba de una reincidencia, lo que procedía era la mastectomía radical. Después de algunas citas y valoraciones, por decisión propia me sometí a una mastectomía radical bilateral con reconstrucción y extirpación de ganglios centinela. Extirparon ambas mamas y, como se tiñeron los ganglios de ambas axilas, los extirparon también.

Como mis tumores tenían receptores hormonales positivos, un mes después de la mastectomía también me extirparon los ovarios, y actualmente llevo un tratamiento para bloquear todas las hormonas de mi organismo, que debo tomar durante cinco años.

No puedo más que estar agradecida con Dios por esta gran oportunidad de vida, por mis grupos de apoyo. Tengo una familia maravillosa que luchó hombro con hombro conmigo, mis amigos, compañeros de trabajo, mis médicos… Sin duda, las oraciones de tanta gente a mi alrededor me dieron la fortaleza para superar el proceso. Estoy agradecida con mi cuerpo, por permitirme luchar, y con mis heridas, las huellas de mis batallas, de las que he salido triunfadora.

Es cierto: nadie quiere ser conocido por tener cáncer, pero sí por haber sobrevivido. Y sí, el spot de Discovery Home & Health tenía razón: la detección temprana salva vidas. ¡Aquí estoy… soy sobreviviente!

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