
Sean Osmin Hamud Rui – Egresado de Maestría en Fiscal
Cuando decidimos organizarnos socialmente bajo un formato de política gubernamental, la intención era que la convivencia entre los integrantes de este grupo humano encontrara la manera de que vivir en comunidad fuera más o menos armónico y agradable.
Se crearon leyes e instituciones con esta finalidad, que, a lo largo del tiempo, se han ido modificando y adaptando en una pretendida mejora. En México, no es así.
Cada que se acercan las fechas electorales, siempre atestiguamos ejemplos de abuso, ilegalidad, manejo opaco de recursos y guerra sucia. Ello, desafortunadamente, no nos sorprende. Pero el día de hoy, al menos en Colima, el abuso y la ilegalidad campean cínicamente.
Es increíble que la iniciativa de reforma electoral de la presidenta Sheinbaum, que sigue en construcción, demagógicamente hable de reducción de gasto electoral como uno de sus elementos torales y, al mismo tiempo, ya haya material de promoción de diferentes pretendidas candidaturas, que obviamente no ha sido gratis.
Igualmente sorprendente resulta la retórica discursiva de quienes, con argumentos más que blandengues, intentan justificar o minimizar lo que está ocurriendo. Un verdadero insulto a la inteligencia pretender diferenciar entre una acción de posicionamiento y un acto anticipado de campaña. Nos creen párvulos.
Y todo esto resulta indignante de por sí, pero cuando lo ponemos en el contexto actual de inseguridad, impunidad e injusticia, nos hiere.
Aturde ver y escuchar a esta clase política, que pretende dirigir nuestros destinos, desfachatadamente violar la ley que se supone jurarán o juraron respetar y guardar. La paradoja se asemeja a aquella del gato, su caja y su existencia.
Como ciudadanos, nos corresponde reaccionar. Tenemos que asumir esta responsabilidad de denunciar, pero también de evaluar y decidir hacia dónde orientaremos el apoyo. Muy duro y triste, pero absolutamente necesario.
MICROCUENTO
Y como el navajas, miro pa un lado, miro pa’l otro, pero ahora viendo a todo mundo. Jocosidad, celebración y vino, mucho vino. Copa en mano, viandas en otra, murmullo y música en los oídos. Una experiencia para todos los sentidos. Larga vida al Sábora Fest.