LA ÚNICA GUERRA QUE ES JUSTA, LA OTRA CARA DEL MUNIDIAL

Jorge Luis Padilla Zamora – Jefe de Mercadotecnia, Comunicación y RRPP

Una vez que rueda el balón, todo tiene un trasfondo más allá de lo deportivo. Cada 4 años; todos los países se reúnen en una competencia que les permite demostrar quién es el mejor en esta disciplina llamada “fútbol”. Si bien, el máximo evento deportivo son las Olimpiadas, donde incluso su isotipo representa la unión de los continentes y sus contendientes en la mayor parte son amateurs buscando la sana competencia; no alcanza a tener impacto social que tiene el mundial de soccer.

El arraigo de las personas por el fútbol nace de ser el deporte más popular del mundo, el de más fácil acceso, el que se puede jugar incluso sin balón. Pateando una lata y colocando unas piedras que simular dónde está la portería. Un deporte que promueve el trabajo en equipo, deporte que llega a ser aspiracional; dónde una persona busca hacerse una carrera, incluso para muchos países una oportunidad de mejorar su calidad de vida al hacerse profesionales.

Todos estos elementos facilitan que las personas lo lleven más a su vida diaria; que lo normalicen y aunque no lo practiquen son capaces de sentir la emoción de un gol. Porque eso logra este deporte; identidad con los colores que representa una playera. Cada 4 años cambia la sede de los mundiales, una gran oportunidad de mostrar la grandeza de un país; su cultura, su turismo, su gastronomía, su gente. Son escenarios que permiten el posicionamiento mundial por la gran cobertura que se tiene y que muchos países aprovechan para mejorar su imagen.

Y es ahí donde llega lo realmente hermoso del trasfondo deportivo. Cuando una selección tiene su partido; todo el país se une bajo los mismos colores de una bandera; no importa a quién le vas de tu liga local, si la persona que está al lado de ti tiene algún otro tipo de creencia o gusto; cuando el Himno Nacional de tu selección comienza a interpretarse al inicio de un partido, todos se unifican al unísono y entonan las notas que les da ese derecho de ser mexicanos, canadienses, franceses, argentinos, iranís o cualquier otro selectivo.

Todos se sienten representados por 11 jugadores que están en la cancha y son la cara de un país; donde todas las personas depositan su fe en que mostrarán que su país es el mejor contra otro que busca el mismo objetivo que es levanta la copa mundial

Para los países, es más que importante quién gana este mundial, porque es una forma muy sutil de mostrar la superioridad en un ámbito tan mundano como es el deporte, la única competencia que es válida para demostrar una supremacía con respecto a otro país de una forma sana; sin intentar contra la integridad de las personas dejando todo en la cancha.

Pero no solo ayuda a las naciones y sus personajes diplomáticos; también ayuda socialmente, porque vemos en las calles a personas de todos los países interactuando entre sí, limando las perezas que la historia nos ha dejado por momentos tristes dentro de nuestras páginas; ver a un inglés y un argentino conviviendo luego de la famosa “Guerra de las Malvinas” en el mundial del 1986 celebrado en México, es un ejemplo perfecto de cómo un balón puede ayudar a resarcir el tejido social lastimado de años de batallas.

El poder ver a potencias mundiales como Alemania, Inglaterra, Francia por mencionar algunas compitiendo contra pequeños países que no superan los 200 mil habitantes como Curazao; es un acto de humanidad; que si bien en los marcadores se puede ver una superioridad deportiva, el trasfondo nos dice que pueden competir de igual a igual en una misma cancha y con las mismas condiciones, llegando a ese termino llamado “igualdad” que tanto hace falta en nuestros países actualmente.

Grandes historias se han escrito en los mundiales, grandes momentos que se quedan en la memoria colectica de cada rincón del mundo. Más allá de quién gane, más allá de quién levante la copa, quién haya metido más goles, quién sea el mejor del torneo, lo realmente valioso se encierra en la unión que provoca un balón en un escenario internacional una vez que empieza a rodar.

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