
Ana Karen González Guerrero – Alumna asistente en investigación
En los últimos años, el ser humano ha tenido a su disposición una enorme cantidad de recursos tecnológicos, por ejemplo, computadoras, teléfonos inteligentes, etc. Específicamente, la inteligencia artificial podría considerarse como una de las transformaciones más relevantes del siglo XXI; es una herramienta que, si se sabe usar de manera adecuada, simplifica procesos y potencia el rendimiento humano; sin embargo, su uso sin regulación puede generar riesgos significativos (Contreras, N., 2024).
Actualmente, muchos disfrutamos de la rapidez y automatización de la inteligencia artificial; la IA puede realizar tareas, hacer cálculos y recuperar datos con un “clic”; la tecnología digital nos da entretenimiento. Sin embargo, no hay que olvidar que el desarrollo de la inteligencia depende de la práctica cognitiva, la toma de decisiones y la resolución de problemas en entornos complejos; con el uso desmedido de la IA y de la tecnología digital, las funciones cognitivas humanas podrían verse gradualmente afectadas, dañando la inteligencia biológica (Alcázar, P., 2025).
A continuación, se presentan daños específicos en relación con:
1.- Memoria
Hay algo que denominaron “demencia digital”; se usó este término para describir el deterioro de las capacidades cognitivas causado por el uso excesivo de la tecnología digital. Generaciones pasadas lograban recordar muchos números de teléfono o muchos datos; sin embargo, ahora, cuando las personas dependen de dispositivos para almacenar información, es menos probable que la recuerden a largo plazo, lo que lleva a la pérdida de memoria (Shanmugasundaram et al., 2023).
Autores como Sparrow, Liu y Wegner (2011) introdujeron el concepto de “efecto Google”, el cual propone que, cuando las personas creen que la información estará disponible más adelante, su capacidad de retenerla disminuye, lo que provoca que las personas sean más propensas a recordar dónde encontrar la información que la propia información como tal. Ya ni siquiera nos molestamos en recordar la información consultada.
Se ha demostrado que el uso excesivo de la tecnología digital puede alterar estructuralmente la anatomía del cerebro; la adicción a internet se asoció con una menor densidad de materia gris en la corteza frontal del cerebro, que es la responsable de la toma de decisiones y el control de los impulsos (Shanmugasundaram et al., 2023).
2.- Atención
La IA puede filtrar la información relevante y resaltarla, ayudando a los usuarios a centrarse en la información solicitada; sin embargo, las constantes notificaciones, actualizaciones y redes sociales pueden desviar la atención de las personas de tareas importantes, creando un estado de atención parcial en donde el usuario divide y cambia continuamente la atención entre múltiples tareas o estímulos sin sumergirse exactamente en una; prácticamente, “estar en todo y en nada”. Esto conduce a una menor productividad, una menor retención de memoria y un mayor nivel de estrés (Shanmugasundaram et al., 2023).
Un estudio realizado por Microsoft Canadá (2015), mediante encuestas y electroencefalogramas, encontró que el promedio de atención humana sostenida había descendido de 12 segundos en el año 2000 a 8 segundos en 2013; el estudio lo atribuyó directamente al estilo de vida mediado digitalmente y a la adopción de dispositivos móviles.
3.- Pensamiento crítico / resolución de problemas
Podemos definir el pensamiento crítico como un proceso cognitivo multifacético que es fundamental para el desarrollo cognitivo y la capacidad de pensar con claridad y racionalidad; es indispensable para la resolución eficaz de problemas, la toma de decisiones y el conocimiento. La inmediatez del acceso a la información ha generado una disminución en el ejercicio del pensamiento crítico.
Se propone que la IA, al personalizar y seleccionar la información que recibimos, limita nuestra capacidad de buscar y evaluar información de forma autónoma, reduciendo la exposición a perspectivas diversas y contradictorias. Por otra parte, en un estudio empírico se dio cuenta de que el uso no supervisado de la IA en estudiantes reduce su capacidad para estructurar argumentos complejos, evaluar fuentes y desarrollar un razonamiento propio (Gerlich, 2025).
4.- Toma de decisiones
Gracias a toda la información que tenemos en internet, redes sociales, etc., es más probable que tomemos decisiones más informadas; sin embargo, justamente por el gran volumen de información disponible, puede producirse una sobrecarga de información, que ocurre cuando el cerebro tiene tanta información o está expuesto a tantos estímulos que se abruma su capacidad para procesarlo todo, complicando el proceso de toma de decisiones y potencialmente causando parálisis de decisión (Shanmugasundaram et al., 2023).
5.- Falta de aburrimiento
Tal vez este punto pueda llamar la atención, ya que ¿quién quisiera estar aburrido? Pero sentirse aburrido es importante para la reflexión; el tiempo sin estructurar o sin cosas que hacer estimula el desarrollo cognitivo, ya que le das la libertad a tu cerebro de imaginar situaciones, conocer el entorno y desarrollar la creatividad; también aumenta la tolerancia a
la frustración. Con las inteligencias artificiales y el entretenimiento externo, cada vez es menor la creatividad e imaginación que desarrollan las personas (Orozco, 2024).
La IA y los dispositivos tecnológicos avanzan cada vez más rápido; sin embargo, la falta de una regulación adecuada generaría grandes cambios. La IA tiene el potencial de amplificar nuestras capacidades, pero también puede interferir con nuestra propia capacidad innata de pensar, decidir y razonar, al igual que ocurre con los aparatos tecnológicos. Hay que garantizar que esta gran tecnología beneficie a toda la sociedad sin comprometer la seguridad global ni la evolución de la inteligencia humana. Hay que evitar que, el día de mañana, las máquinas piensen por nosotros.