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Entre Guacamayas y cajas chicas

Armando González Escoto · Director de Publicaciones del Sistema UNIVAArmando González Escoto · Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

A diferencia de los animales, los seres humanos somos persistentes en el arte de equivocarnos, a diferencia también de los animales, nuestras equivocaciones históricas no han alterado ni mejorado nuestra genética, particularmente en eso que se llama credulidad.

La credulidad es la inclinación a creer todo lo que se oye, se lee, o se ve, sin siquiera preguntarnos acerca del origen, veracidad e intencionalidad de quienes emiten tales o cuales narrativas. Las redes sociales y la misma internet son un amplio e infinito campo en el que se vierte una increíble cantidad de información sobre una infinita variedad de temas, cuyo común denominador es que a nadie le consta, pero todo mundo se lo cree.

No hace tanto que se anunció la muerte del Papa Benedicto XVI, y muchas personas e instituciones ya estaban escribiendo sus condolencias sin antes verificar la verdad de la noticia, que por otra parte era falsa. Y como ésta, miles más, todos los días y sobre cualquier asunto.

Si algo nos enseñó la pandemia del COVID fue a desconfiar por completo de las redes sociales y de sus múltiples canales, hasta llegar al punto de prácticamente no poder ya creer en nada ni en nadie, pues en estos medios todo mundo se dedicó a contradecirse de una forma espectacular.

Muchos de los datos e información que recibimos nos tienen con mucho pendiente, cuando que lo primero que deberíamos de hacer es cuestionar esa alarmante o escandaloso chisme que recibimos, la mayoría de las veces no otra cosa que infundios bien tramados y muy mal intencionados.

Desde hace unos días leemos, vemos y oímos por todas partes las escandalosas revelaciones de una “guacamaya”, unidos al contenido de una publicación acerca de cómo la 4T ha encontrado hábiles medios para seguir haciendo lo que se afirma, han hecho la mayoría de los políticos mexicanos: robar. Y apenas se publica, todo mundo lo da por hecho, pues lo exhibe una revista prestigiosa que, no obstante, desconoce la intención de quienes hicieron esas publicaciones y, sobre todo, si parten de un guacamayazo veraz o meramente fingido. En cuanto al beneficio “en efectivo” que creo eso significa “cash”, del referido libro, está tan lleno de inexactitudes y evidentes errores, que tal parece lo que urgía era publicar algo así, no precisamente con la sana y honesta intención de denunciar delitos, sino de arrimar leña al fuego pre-electoral que estamos viviendo.

Que muchos políticos están embarrados hasta la coronilla con el crimen organizado es algo que la gente dice, pero que consta tan poco, que no es posible hacer nada al respecto, cuando mucho, se pueden sacrificar algunas decenas de chivos expiatorios, invariablemente de las bases, pero rara vez, en este país, se llega a los cabecillas. Comprensible en un gobierno que pide a la pública opinión permiso para enjuiciar ex presidentes, como si no bastara la ley y los hechos honestamente demostrados.

Las cámaras legislativas y tras de ellos cientos de opinadores se desgarran las vestiduras y piden cuenta a la SEDENA para que les expliquen cómo pudo ser robada, que creo eso significa “hackear”, la información reservada de las fuerzas armadas, como si ese perverso deporte no fuera hoy tan común, y tanto, que el propio Pentágono estadounidense lo ha sufrido, pero bueno, es México.

 

Publicado en El Informador del domingo 16 de octubre de 2022.

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