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Entre el escrutinio y la intimidad de la vida privada y de la figura pública contemporánea: Mis reflexiones.

Adriana Villicaña Martínez – Directora UNIVA Campus Zamora

En estos tiempos, ser una figura pública requiere vivir constantemente una tensión permanente entre lo privado, social y lo que se demanda, así como la esfera íntima y personal. Una figura pública es aquella persona que se ha hecho relevante en la vida colectiva, ya sea por su responsabilidad empresarial, por su función política, su liderazgo social o, simplemente, por la actividad profesional que desempeña e incluso por las circunstancias y contextos involuntarios que la colocan bajo la lupa en el escrutinio de la opinión pública. Convertirse en una figura pública no es una elección de libertad, pero sí conlleva algunos efectos jurídicos, sociales, éticos y emocionales que pueden transformar profundamente la vida privada del individuo.

Desde el espacio público, las personas se convierten en figuras públicas, principalmente por la capacidad que tienen de influir en asuntos de interés colectivo, ya sea que hayan sido electos en un proceso democrático en el ejercicio del poder o la autoridad, o la participación en el debate público o incluso por la representación institucional. Todos estos aspectos convierten algunos individuos en referentes sociales, cuya conducta privada adquiere una relevancia pública. O puede ser que, en otros casos, gracias a las redes sociales o a los medios de comunicación sobre todo los digitales, se pueda colocar a una persona cualquiera en esta categoría, incluso sin su consentimiento, haciendo evidente que en el contexto público contemporáneo ya no depende únicamente de un poder formal, sino también de la exposición mediática. O los que, a través de manifestar sus ideas y mantener una voz posicionada en un tema específico, se convierten en “influencers”.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación establece criterios importantes en esta materia, indicando los derechos de la personalidad que no son absolutos, porque tampoco pueden ser anulados bajo el argumento de un interés público y, en particular, se sostiene que no cualquier persona puede ser considerada figura pública y que cualquier información puede justificarse como de interés general, pues existe una relación directa entre el hecho, su divulgación y la relevancia que este hecho tiene para el interés público. Este criterio que estableció la Suprema Corte evita que se comentan abusos mediáticos y también para preservar la dignidad de la persona.

En un nivel ético, el gestionar una vida pública y privada exige una alta congruencia. Uno de los elementos que podrían orientar las conductas de cualquier ser humano son los que propone la prueba cuádruple, muy utilizada en el ámbito rotario, un

principio de carácter ético ampliamente reconocido en las esferas de liderazgo empresarial; es decir: de lo que se piensa, se dice o se hace, primero, ¿es verdad?, segundo, ¿es justo para todos los interesados?, tercero, ¿creará buena voluntad y mejores amistades? y cuarto, ¿será beneficioso para todos los interesados?, en este marco, aunque no jurídica, aporta una guía práctica para las figuras públicas que buscan tener coherencia entre lo que se dice, se hace, se piensa y se vive, tanto que estemos en un medio público o en lo privado. Aplicando la prueba cuádruple, podríamos generar credibilidad y confianza social, y pues la congruencia personal adquiere un alto valor político. La reputación de una figura pública no se construye solo de decisiones formales, sino también de la percepción de la integridad que se proyecta y cuando existe alineación entre la conducta privada y el discurso público, se fortalece la legitimidad del liderazgo, incluso si no hay una infracción legal, la ética pública trasciende pues, la dimensión normativa y se instala en el terreno de la coherencia moral. El reto actual está en cuestionar y gestionar los límites entre la privacidad y la exposición en un entorno digital altamente intrusivo. Esto requiere actuar con responsabilidad en la comunicación pública, reconocer la confianza social y construir tanto en actos visibles y no visibles.

El marco jurídico mexicano establece algunos límites para proteger la dignidad humana, mientras que los principios éticos, como la prueba cuádruple, ofrecen una guía para la conducta personal. Es clave mantener una congruencia entre la ley, la política y la ética, y solo así será posible construir una imagen pública sólida, creíble y digna de confianza. Un influencer se mantiene no solo por la consistencia de lo que dice, sino lo que hace de manera consistente a través del tiempo. Un influencer relevante enseña, orienta, inspira o resuelve problemas. No basta con comunicar; hay que impactar positivamente en la vida de otros. Quien ayuda a otros a crecer, naturalmente se vuelve referente.

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