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Mtro. Francisco Meza Estrada · Alumni UNIVA León

 

Oficialmente, pero sin que ninguna autoridad lo reconozca, nos encontramos en plena competencia electoral para el 2024. Todos los políticos se mueven para salir en la foto y hacen apuestas sobre los posibles ganadores para no quedarse descobijados. Es así y no podemos hacer nada.

Desafortunadamente, esto nos pone en la situación de que nos olvidamos de las soluciones a nuestros problemas y nos concentramos en quien habrá de resolverlos desde el poder, pero hasta el 2024. En este sentido, sí hay algo por reprocharle al presidente López Obrador que considera que con los cambios realizados el país ya se encuentra en un estado superior de desarrollo, cuando no es así.

Se ha afirmado arriba que estamos en plena competencia por el poder por las siguientes razones:

REFORMA ELECTORAL

El apremio con que se presenta la iniciativa para una reforma electoral es para competir con nuevas reglas y autoridades para el 2024 por parte del partido en el poder. Esto complica las cosas porque de no conseguirse su aprobación seguramente vendrán los señalamientos de corrupción y de lograrse, será la oposición la que termine denunciando.

El martes la reforma se pospuso y las tensiones siguen ahí. Morena espera tenerla para noviembre y la oposición busca la construcción de una iniciativa conjunta. Lo que parece muy complicado.

MORENA Y SUS CORCHOLATAS

El partido en el poder, de acuerdo con las reglas que ha establecido el propio presidente de definir al próximo candidato presidencial por encuesta, ha provocado intensas campañas simuladas por los principales aspirantes: activismo en redes sociales, giras por el país y declaraciones estridentes ponen a Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Adán Augusto y Ricardo Monreal a estar presentes en las principales noticias.

Una mención especial merece el caso de Ricardo Monreal que desde el inicio ha reclamado piso parejo para la competencia y nada a contracorriente para no quedarse fuera. Hoy es señalado por morenistas como factor de división y es prácticamente rechazado.

LOS BAMBOLEOS DEL PRI

El tricolor se ha venido bamboleando, pero recientemente algunos de sus aspirantes levantan la mano para entrar de lleno a la competencia e ir definiendo al candidato y la estrategia para el 2024.

La polémica atrapó por meses al líder del partido, Alejandro Moreno: por sus audios filtrados, las votaciones legislativas con Morena y su persistencia a mantenerse en la dirigencia, pero hace unos días creo todo un escenario para que priístas como: Beatriz Paredes, Claudia Ruiz Massieu, Enrique de la Madrid e Ildefonso Guajardo expresen públicamente su interés por ser candidatos. No son cualquier perfil y toman mano para proponer la mejor forma de competir.

A LA ESPERA DEL PAN

Acción Nacional parece como más aletargado en la competencia; sin embargo, desde hace tiempo Ricardo Anaya se mantiene combativo haciendo señalamientos al presidente. Se incorporan nuevos liderazgos como Lilly Téllez que provocan mucho ruido en las redes sociales. También el exgobernador de Guanajuato, Juan Carlos Romero Hicks ya expresó su interés por la candidatura.

Las opciones han ido apareciendo, pero la dirigencia se mantiene dubitativa ante la alianza con el PRI y los movimientos a su interior.

MOVIMIENTO CIUDADANO, EN SU CAMINO

El partido liderado por Dante Delgado ha decidido caminar solo en este sexenio y no hay visos de que pueda cambiar. A pesar de ello, los partidos de oposición lo consideran necesario en su alianza para no disgregar fuerzas. Se mueven, pero con su propia agenda y con sus propios liderazgos.

LOS SATÉLITES

Los partidos pequeños que antaño eran llamados “satélites” por girar alrededor del partido mayoritario no muestran cambios de órbita. Sus apuestas están definidas y su actividad está relacionada en tener una aceptable posición al momento de negociar con los partidos mayores.

IMPLICACIONES

La desaforada competencia electoral que vive el país nos pone en un contexto político de polarización, de constantes ataques, de fuego amigo, publicidad simulada, campañas negras, desvío de recursos, historias de complots, etc.

Para los militantes de partidos y ciudadanos empapados de la política es normal y hasta es combustible que aviva su interés; sin embargo, para el ciudadano ataviado en sus responsabilidades resulta engorroso y desgastante en un lapso de 2 años, de aquí hasta el 2024.

No es la mejor fórmula que los tiempos electorales se amplíen en detrimento de los tiempos de gobernar y dar resultados porque simplemente se dedicarán más a pelear que a trabajar.

 

 

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