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Crónica: Stanley Kubrick

Daniel Meza Real · Coordinador de Calidad Académica del Corporativo UNIVA

 

Con el sol entrando tenuemente por las ventanas empolvadas de la oficina del director de una escuela secundaria del Bronx, estaban sentados frente a un escritorio de caoba adornado con un globo terráqueo y algunas estatuillas, Jacob Leonard Kubrick y Sadie Gertrude de Kubrick, frente a ellos el director con expresión parca y a la vez, con un aire de comprensión. Después de deslizar hacia ellos una serie de papeles en una carpeta, les dijo sin desviar su mirada:

-Es bastante inteligente, no entiendo como sus notas son tan bajas- se recostó en el sillón y con un tono más relajado remató -Tal vez, sería bueno que le ayudaran a buscar alguna actividad que lo motivara más allá de la escuela.

El silencio de ambos padres alargó el camino a casa y aunque iban juntos, sus mentes volaban en solitario imaginando qué hacer para ayudar al pequeño Stanley de 13 años. Inesperadamente, Jacob se detuvo totalmente mientras fijaba su mirada en un anuncio publicitario fuera de una tienda de artículos fotográficos -Voy a comprarle una cámara.

Stanley Kubrick, primogénito de una familia judía, nació en Nueva York en el año de 1928, durante su adolescencia, esa edad en la que se forja la personalidad del ser humano, no sólo adquirió un gusto por la fotografía a partir del repentino regalo de su padre, sino que desarrollo un carácter extremadamente perfeccionista y meticuloso, una combinación que lo llevaría convertirse en uno de los iconos más importantes del séptimo arte.

A temprana edad, Kubrick llevó su afición a la fotografía al ámbito profesional y consiguió un empleo en la revista “Look” donde se dedicaba a hacer fotorreportajes de personalidades de la farándula; en poco tiempo se convirtió en uno de los fotógrafos más prestigiados del país.

Se dice que existe una línea muy delgada entre una gran afición y una manía, con Kubrick nunca se supo de qué lado estaba, era increíblemente perfeccionista casi compulsivamente, por lo que aunado a la fotografía desarrolló un gusto por un juego hecho a la medida para él: el ajedrez. Y por si esto fuera poco, también llegó a ser considerado un melómano, algo que muchos agradecieron al escuchar las bandas sonoras de cada una de sus películas.

En 1951, a sus escasos 23 años, mientras analizaba uno de sus reportajes para la revista, sobre un boxeador llamado Walter Cartier, se le ocurrió la idea de un documental. Sin tener conocimiento alguno sobre cine más allá que como simple espectador, fotógrafo y con un presupuesto que se limitaba a sus propios ahorros, se acercó a un conocido suyo que rentaba equipo para filmar y después de una capacitación exprés, salió a las calles a filmar su primer trabajo. El resultado fue una cinta de 13 minutos llamada “Day of the fight” en la que se relataba un día entero del boxeador antes mencionado.

Éste aunque era un producto sencillo y sin muchas aspiraciones, revelaba en sus detalles la perfección y el talento. Algunos meses después, mientras revelaba algunas fotografías para la revista, alguien tocó a su puerta gritándole que tenía una llamada. De mal humor por la interrupción, tomó el teléfono y después de una pequeña negociación, oficialmente vendió los derechos del documental a la compañía cinematográfica RKO. Al regresar al cuarto oscuro dedicó el resto del día, su entera concentración y trabajo a revelar las fotografías de lo que él sabía, que era el último de sus trabajos para la revista. Había encontrado su verdadera vocación.

Dos años después, Stanley repitió la fórmula, pero esta vez a lo grande con su primer largometraje “Fear and Desire”, el cual, tuvo un presupuesto de 13 mil dólares financiados a través de préstamos de amigos y familiares.

La película fue presentada solamente en algunos festivales de cine de arte y tuvo un escaso éxito, sin embargo, este fue el aprendizaje para su siguiente trabajo: “Killer´s Kiss”. En esta producción sobre un boxeador que se enamora de la esposa de un mafioso pudo ascender su presupuesto a los 40 mil dólares, y aunque no hubo ganancias, y muy poco éxito en taquilla a pesar de la buena crítica, logró un cometido mucho más grande: llamó la atención de James B. Harris, un productor de la NBC.

A partir de ese momento la carrera de Kubrick despuntó, ya que con la ayuda de Harris, filmó la película “The Killing” con un presupuesto de 320 mil dólares y un reparto en el que figuraban actores importantes de Hollywood.

Después de unas cuantas películas más, Stanley Kubrick era ya un director medianamente conocido por su meticulosidad y por tener un estilo bastante característico en el que presentaba un antihéroe que se enfrentaba al mundo y claro está, finales inesperados que causaban conflicto a algunos espectadores.

La década de los 60 estaba a punto de comenzar cuando Stanley acababa de ser despedido por Marlon Brando durante la preproducción de “One-eyed Jacks”. Kubrick, ya con una carrera que había arrancado y siendo conocido en el medio, se mantenía tranquilo en su casa haciendo lo que más le gustaba, jugar ajedrez y escuchar buena música; no pasaron más que un par de días para que se presentara a la puerta su viejo amigo Kirk Douglas, con quien había filmado 5 películas anteriormente, entre las que se encontraba el gran éxito antibelicista “Paths of glory”, que fue su primer obra polémica y la primera en ser rechazada por algún grupo político o social, en ese caso la armada de Francia.

Esta vez Douglas buscaba un sustituto para dirigir “Spartacus” y aunque Kubrick no tuvo oportunidad de intervenir en el guion, era una película con un muy alto presupuesto, lo cual, era la oportunidad perfecta para que el director se consolidara totalmente.

Tal y como lo auguró, la película fue todo un éxito tanto en taquilla como con la crítica, al grado que fue galardonado con tres premios de la academia.

Kubrick tenía al mundo del cine en sus manos y fue ese el momento para realizar sus aspiraciones artísticas y cinematográficas. Stanley era un amante de la polémica y del conflicto, realmente disfrutaba el hecho de tratar ante el mundo temas controvertidos que pusieran a la sociedad a pensar. Fue entonces que comenzó su siguiente proyecto: “Lolita”. El director quedó pasmado, como muchos, con la novela de Vladimir Nabokov, en la que se relata la historia de un hombre maduro que se enamora de la adolescente Lolita, de 14 años, jugando con la línea entre la perversión, el amor y el deseo de romper los más arraigados principios morales de la sociedad; esto para Kubrick hizo que fuera imprescindible llevarla a la pantalla grande.

Stanley se puso en contacto directamente con Nabokov y negociaron no solo la venta de los derechos de la novela, sino la participación misma del autor en la adaptación del guion. Por cuestiones legales y de censura, la película tuvo que ser rodada en Inglaterra con un presupuesto de 2 millones y tal y como se esperaba fue todo un éxito en todo el mundo, sin embargo, esta película era menos que un tentempié, frente a lo que se venía.

Algunos años después, en 1968, Kubrick alcanzó la cumbre de su carrera y cambió totalmente la historia del cine y de la ciencia ficción. Ese año se estrenó “2001: A Space Odyssey”.

Mientras en ese momento la ciencia ficción se limitaba a historias frívolas de platillos voladores y efectos especiales básicos con bajo presupuesto, él realizó una producción impresionante de 141 minutos y sólo 40 de diálogos en la que representó la evolución del hombre en una parábola de 4 millones de años llena de simbolismos y tecnología nunca antes vista en una película. Con tan poco diálogo durante el film, la música tomó un papel protagónico y Kubrick recurrió, como ya era su costumbre en sus producciones, a la música clásica con Richard Strauss y Aram Jachaturián o el compositor húngaro György Ligeti, y con esto convirtió a “Odisea del Espacio” en nada menos que un referente del cine y de la historia contada por el hombre.

Comenzando la década de los 70 y después del gran éxito de “Odisea del Espacio”, cualquiera creería que Kubrick no podría llegar más lejos, que había alcanzado el punto máximo de su carrera, sin embargo, el director se encargó de que a partir de ese momento los estrenos de sus películas fueran nada más y nada menos que acontecimientos culturales e históricos.

Durante esa época, cuando Stanley estaba en la búsqueda de nuevas ideas para una nueva producción mientras vivía tranquilamente en un pueblo de Inglaterra, recibió una visita de su viejo amigo, el escritor Terry Southern; aunque se conocían desde hacía años, a Kubrick le sorprendió la visita; después de invitarle una limonada en la terraza de su casa y mientras ambos veían como las hijas del director jugaban en el jardín trasero, hablaban de todo y nada, pero esto no podía durar mucho ante la desesperada curiosidad de Stanley.

Bueno, es hora de dejarnos de rodeos, ¿a qué viniste?- dijo Kubrick sin dejar de mirar la taza que lentamente ponía sobre la mesa.

Pensé que nunca me lo ibas a preguntar- respondió Terry con una sonrisa- te traigo algo que te va a interesar.

Stanley se quedó inmóvil esperando mientras su amigo sacó un libro de su maletín.

¿Qué es esto?- preguntó ansioso Stanley.

Léelo y ya veremos que sucede.

Después de una discusión literaria, Terry se retiró y a partir de ese momento y hasta la mañana del día siguiente, Stanley Kubrick se dedicó a leer aquella obra literaria. Al terminar se sentó en su estudio, abrió el libro en la primera página, colocó una hoja de papel en la máquina Remington y con cierta violencia en sus dedos, escribió: “La Naranja Mecánica”.

En 1971 se estrenó la historia de Alex, un joven cuyas distracciones eran la violación, la ultraviolencia y Beethoven, a quién después de un procedimiento médico inhumano se vuelve “incapaz” de hacer el mal. No se sabe si la historia como tal o la manera en que la presentó Kubrick fue el detonante, pero la sociedad reaccionó como nunca había pasado con ningún filme anterior. Los periódicos en Reino Unido comenzaron a publicar notas sobre jóvenes que recreaban exactamente las escenas de la película y culpaban al director de una ola de violencia que se desató a lo largo de diversas ciudades. El rechazo hacia Kubrick fue tal, que comenzaron a amenazarlo a él y a su familia, al grado de que temía que sus hijas fueran a la escuela solas, por lo que tras una negociación con Warner Brothers se decidió cancelar cualquier exhibición pública de “La Naranja Mecánica” en el Reino Unido. Sin embargo, la película obtuvo 7 Premios BAFTA, 2 Premios Globo de Oro, 4 nominaciones a los Premios Oscar, 2 Director Guild of America, entre otros.

Después de la polémica de Naranja Mecánica, Stanley calmó los ánimos de la audiencia con una película que implicó un reto artístico y estético sin conflictuar los intereses del público y la sociedad. Con la película “Barrry Lyndon”, una adaptación de una obra de Shakespeare, en ella exploró sus propias innovaciones tecnológicas utilizando cámaras que él mismo adaptó para poder iluminar un set con tan solo unas cuantas velas, así mismo con un alto presupuesto utilizado en vestuario, escenificación y su ya conocido gusto por usar la música perfecta, logró transportar a cualquiera que viera la película al siglo XVIII.

Para 1980 prácticamente ya había hecho casi de todo, drama, comedia, ciencia ficción, etc. Sin embargo, decidió explorar un nuevo terreno: el terror. Como ya era costumbre en todas sus producciones, el director estaba encantado con una exitosa novela de Stephen King llamada “The Shinning” y junto con Diane Johnson, reescribió el guion para crear lo que se considera la mejor adaptación que se haya hecho de cualquier obra del escritor estadounidense y colocó el rostro de Jack Nicholson en las pesadillas de los miles de espectadores que llenaron las salas de cine.

Aunque Kubrick en esa misma época estrenó otro filme bélico de gran calidad llamado “Full Metal Jacket”, realmente, se excluyó del medio por un largo periodo de tiempo, en el que el aislamiento fue tan contundente que los medios comenzaron a especular sobre un mal estado mental, cosa que al director le molestaba de sobremanera, ya que sólo se dedicaba, después de toda una vida dedicada al cine, a disfrutar de su familia y ver crecer a sus hijas como el padre duro y disciplinado, pero intensamente amoroso y protector que era.

Después de 12 años de ausencia realizó un nuevo drama psicológico llamado “Eyes wide shut” basado en la novela Traumnovelle (Relato soñado), de Arthur Schnitzler y protagonizado por Tom Cruise y Nicole Kidman. El filme fue recibido con gran expectativa ante la prolongada ausencia del director y por la polémica censura que tuvo ante algunas escenas de desnudo, sin embargo, Stanley no pudo llegar a ver el éxito de la misma.

El 3 de marzo de 1999, Stanley Kubrick y su familia se sentaron junto con los actores en una función privada previa al gran estreno, las hijas del director no sabían si estar más emocionadas por la película de su padre o por estar sentadas junto a Tom Cruise, pero al comenzar la película no tardaron ni unos minutos en quedar totalmente ensimismados con la intensa trama, con las tomas perfectas y la música que los llevaba de regreso a las calles de Nueva York. Al finalizar los créditos la gente aplaudió y Kubrick, con una sonrisa en el rostro suspiró, vio a su familia y supo que había logrado vivir totalmente en plenitud.

4 días después, a los 70 años, murió de un ataque cardiaco mientras dormía, dejando a su paso un legado que marcó la historia del cine y que influyó a los grandes directores que, hoy en día, se basan en sus obras para seguir revolucionando al mundo.

 

 

 

 

 

 

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