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Adrián Barragán · Médico Cirujano. Baterista de Ave Eva.   

 

Antes de que comiences a leer uno de los muchos capítulos que he tenido en mi vida, te invito a que dejes lo que estés haciendo, cierres los ojos e inhales y exhales profundamente 5 veces.

Recuerdo aquel día que salí de la primaria contigua a la secundaria de mi hermano, quien por cierto me lleva 3 años, nuestra madre pasaba por los dos y yo tenía que esperar alrededor de 40 minutos en el lugar en donde acordábamos el encuentro. Era un día soleado y el clima tenía buena pinta, todo parecía muy normal, cotidiano, vaya; lo que no sabía era que ese día cambiaría mi vida para siempre; era el día en que alguien verdaderamente tocaría mis entrañas.

Aquel día mi hermano salió con ese par de crápulas que junto conmigo formábamos el perfecto crew de la salida. Abel traía un CD quemado (una técnica de piratería doméstica) y no paraban de hablar de él, y yo que siempre he pertenecido a la generación más chica e inquieta de mi círculo de amigos, no me quería quedar atrás en los comentarios sobre aquel portal dimensional del que tanto hablaban, así que hice la pregunta que ustedes harían, y de pronto de la mochila Chenson azul con negro de mi hermano, salió el discman Sony con sus respectivos audífonos de diadema, el mismo que mi padre le había comprado en uno de sus tantos viajes de trabajo, dentro de él, un disco pintado con plumón negro que decía: “RHCP, SKA-P, BOB MARLEY, Y +”. Meses después de no parar de darle vueltas a esas canciones, fui consciente del torrente transformador de vida que se había inyectado en mí.

Todavía recuerdo cómo el ruido externo de aquellos autos que pasaban por la calle y los gritos de la señora que vendía churritos se esfumó, y de cómo esa música me dio la bienvenida a otro mundo. Ese mundo, donde algunos sabemos, no existen las fronteras y donde la libertad sensorial se conecta con la divinidad creativa de la existencia y con cualquier otra cosa con la que uno se identifique pasionalmente. Ese día cambió mi vida para siempre y agradezco de todo corazón que mi alma haya sido tocada.

En verdad, es de agradecer al universo el haberme mostrado la arteria más rápida y sin escalas que conecta mi mente, mi cuerpo y mi corazón; así como el haberme acercado a toda esa gente que, con su conocimiento y experiencia, me ha llevado a tocar fibras muy sensibles.

La música generó en mí, precozmente, la capacidad de asombro hacia el mundo exterior e interior, pudiendo viajar y conocer parte del planeta con el simple hecho de darle play al reproductor, de conocer gente con la que conecto de otra manera y de dejar atrás un idioma como barrera, de aprender a ser yo mismo con ideales compartidos, y lo más importante, a “vivir” la vida sin prejuicios y dejar vivir a los otros en un mundo en el que cabemos todos y todas.

No hay nada en el universo que suceda sin motivo. Esto nos lo dicen las ciencias desde hace tiempo: es el famoso principio de causa y efecto.

Les invito a que volvamos a tocarnos, a que ahora eliminemos -aunque sea por una única ocasión- esa insana distancia de la que tanto se habla y volvamos a inspirar a alguien con un abrazo, con un apretón de manos, con una caricia, con un pellizco, y que nos toquemos a nosotros mismos y nos demos cuenta de que todo es perfecto en nuestro cuerpo y que tenemos la capacidad de curarnos de cualquier cosa que no pertenezca a nuestra naturaleza saludable, que se nutran de cultura, se llenen de experiencias y aventuras, que salgan a la calle, cierren sus ojos y respiren el aire que sale de entre los árboles más cercanos, porque es ahí donde somos tocados por Dios.

Hay neurosis porque no hacemos otra cosa más que alimentar nuestras infinitas identificaciones, dejando más y más de ser nosotros mismos, la identificación es el resultado de nuestra mecanicidad, nuestra negligencia, nuestra incapacidad para estar atentos y plenamente conscientes. Como Buda declaraba, si no estás atento,

estás ya muerto.

Ramiro A. Calle, Salud física a través del yoga

 

Suena:

Toca – Perotá Chingó

Tocarte – Jorge Drexler ft. C. Tangana

 

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