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¿Qúe viene? – PASMO

Sean Osmin Hamud Ruiz – Egresado de Maestría en Fiscal 

Lo sucedido la semana pasada con familiares directos del secretario federal de Educación, oriundos de Colima, además de la natural indignación, ha generado numerosas reacciones encontradas. En lo personal, la amistad que me une con los hermanos Delgado desde hace muchos años —aquellos de preparatoria— hace que el sentimiento se vea afectado; espero que no así el juicio.

Dos aspectos deben destacarse: la relevancia en la política local y nacional del secretario y la distancia pública de las personas siniestradas. Resulta difícil contener las especulaciones y la búsqueda de posibles explicaciones del hecho. El remate lo otorga el actuar de la autoridad estatal.

Un acontecimiento tan lamentable y delicado —como tantos otros que hemos presenciado en los últimos meses— debió haber tenido un escrúpulo especial en su manejo, tanto a nivel técnico-policiaco como en materia de comunicación y resultados. El entregable, por decir lo menos, ha sido para lamentarse.

La pretendida eficiencia o efectividad que se quiso mostrar deja, además de vacíos importantes en lo referente a investigaciones y explicaciones confiables, una veta poderosa que alimenta elucubraciones poco sanas.

¿Qué era más importante? ¿Abatir a los presuntos —y subrayo presuntos— responsables, o capturarlos y averiguar de manera fehaciente no solo su responsabilidad, sino sobre todo los motivos?

Y es necesario recalcarlo: esta misma reflexión alcanza a todos y cada uno de los homicidios violentos que se cometen, un día sí y otro también, en nuestra entidad.

Hoy esta circunstancia se exacerba por quienes, desafortunadamente, protagonizan este capítulo; sin embargo, los hechos revelan una estrategia y un actuar de las instituciones de seguridad que siguen quedando muy lejos de brindar a la sociedad resultados satisfactorios. No nos queda más que el pasmo.

 

MICROCUENTO

Pobre niño sin saber qué hacer con tanto. En la inocencia de la infancia, pregunta si es posible la muerte, le pesan los siglos vividos. El padre, con desdén, simplemente niega con la cabeza. Entonces reflexiona, ojalá y apareciera por aquí algún humano y me mordiera.

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