
Ericka Juárez Colchado – Asistente de dirección plantel Querétaro
En un mundo que evoluciona a pasos agigantados, ser mujer hoy significa navegar entre el legado de un pasado opresivo y las victorias de un presente en constante transformación.
A veces me pongo a pensar en cómo era la vida para las mujeres de antes, mi abuela y mi bisabuela, y se me hace un nudo en la garganta. En esos tiempos, ser mujer significaba casi siempre quedarse en casa, cuidando a los niños o al marido y a la familia entera, sin derecho a votar, a trabajar y, mucho menos, a estudiar algo que te apasionara. Las veían como si no tuvieran voz propia, como si su opinión no valiera lo mismo. En México y en muchos lugares, era normal que el papá o el esposo decidieran todo: con quién casarse, si podías salir o no. Era durísimo y muchas vivieron vidas enteras sin poder elegir de verdad.
Y ahora, míranos, poco a poco hemos ido cambiando todo eso. Yo misma veo cómo cada día más mujeres están saliendo a trabajar en lo que se propongan: oficinas, fábricas y puestos altos; ya no solo forman parte de los equipos, también toman decisiones grandes e importantes. En la política también tenemos a mujeres muy destacadas; en el Congreso ya hay paridad y están casi mitad y mitad.
Para mí, ser mujer hoy significa eso: ser agradecida con las que vinieron antes y lucharon por nosotras. Y quiero hacer hincapié en que ser mujer y luchar día a día no significa hacer la guerra ni destruir lo que el hombre, por naturaleza, vino a hacer y le tocó; significa poder tener un lugar digno en la sociedad y que, juntos, podamos sacar adelante este mundo hermoso por el bienestar de nuestras futuras generaciones. Porque si nuestras abuelas no pudieron opinar, hacer o decir lo que les gustaba, nosotras lo estamos haciendo. Gracias también a todos los caballeros que hoy nos dan un lugar, porque yo hice tres y tengo uno más.