
José Carlos García Alvarez · Coordinador Académico de Ciencias Comerciales UNIVA La Piedad
Por estos días, en nuestro país llegó una nueva “moda”: vamos a prohibir lo que no nos gusta, lo que nos hace mal y ¡listo! Asunto arreglado. No nos gusta el narcotráfico, prohibimos los narcocorridos; no nos gusta la obesidad, prohibimos la venta de comida chatarra en las escuelas. ¿Será este el remedio de todos nuestros males? ¿De verdad todo aquel al que le gustan los “corridos tumbados”, “narcocorridos” y música que hace referencia a los capos de la droga es parte de un grupo criminal? ¿El prohibir estas “expresiones artísticas” (aunque no a todos nos gusten) será la solución para bajar los índices de delincuencia? Lo dudo, y mucho.
La descomposición social está muy lejos de ser solo una expresión musical que hace apología del delito. El problema está mucho más al fondo: padres ausentes, una economía precaria —aun con los aumentos sistemáticos al salario mínimo—, pérdida de valores, civismo, respeto… Pero todo esto no se generó gracias a un género musical. Sin duda, parece que promover una ley de este tipo es como querer tapar el sol con un dedo.
La tarea legislativa debería ser una de las más importantes del país: reformar leyes en pro de la sociedad, buscar equilibrios, promover la salud, el trabajo digno, una economía estable; procurar la seguridad en carreteras, ciudades, colonias, etc. Pero esta tarea les ha quedado muy grande a nuestros gobernantes. Y ¿cómo no? Si cuando se habla de una ley que no permita la reelección, la aplazamos hasta que podamos reelegirnos una vez más, o heredar nuestro puesto a un familiar, amigo o conocido. Entonces: “Hágase la ley, pero en las mulas de mi compadre”. ¿Cómo pedir leyes realmente importantes si tenemos políticos que no pueden comprobar estudios universitarios —algunos ni siquiera la preparatoria—, o cuya única experiencia laboral ha sido dentro de la política? Nunca en el sector privado, nunca en el día a día de un mexicano de a pie.
Pero esto no es del todo su culpa. Una vez más, disfrutemos lo votado. Nosotros los elegimos, votando o dejando de hacerlo. Ellos están ahí porque “el pueblo lo decidió”. Difícil tarea, más ahora que tuvimos que elegir al personal del Poder Judicial. El ciudadano promedio en México: ¿sabe cuáles son las funciones de los cargos que eligió? ¿Conocía plenamente a los candidatos? ¿Estará seguro de la decisión que tomó? El tiempo lo dirá…
En estos tiempos de prohibiciones sistemáticas, también se nos ocurrió la maravillosa idea de quitar la comida chatarra de las escuelas. ¡Qué buena iniciativa! Claro… si fuera acompañada de educación nutricional, de más horas y mejores instalaciones para la práctica del deporte, de concientización social sobre los beneficios de comer sanamente. Si, además, se cuidaran los alrededores de las escuelas, donde se sigue vendiendo de todo —incluso más que antes—. El prohibir no necesariamente contribuye a educar. Porque, además, recordemos que está
prohibida la venta, no el consumo. ¿Y el libre desarrollo de la persona? ¿Y el propiciar ciudadanos críticos?
¡Claro! Es más fácil prohibir que educar. En algún tiempo veremos el resultado de ambas leyes. Veremos cuánto disminuyó el crimen organizado, qué porcentaje de jóvenes dejó de consumir drogas, cuántos mexicanos se sienten seguros en su ciudad… Todo esto por no escuchar corridos. Corridos que se han escuchado siempre, que han sido parte del éxito de agrupaciones como Los Tigres del Norte, que sin duda son un ícono de la música mexicana y un caso de éxito económico digno de estudiar —tan es así que han dado charlas de negocios en Harvard—.
¿En realidad son las canciones el problema? ¿Es la comida chatarra el problema? ¿O será que simplemente es la forma de dar al pueblo un poco de circo para dejar de ver temas importantes, como la seguridad que no tenemos, los crímenes que se dan día a día, la obesidad de la que durante mucho tiempo fuimos líderes? Pero con esta nueva ley, todos seremos esbeltos. A todos nos alcanzará el sueldo para comer de forma nutritiva. Todos aquellos que trabajan en grandes ciudades y no pueden regresar a casa en horario de comida tendrán opciones económicamente accesibles y saludables para cuidar su cuerpo.
En fin. En esta era de prohibiciones, veremos cuál es la siguiente: ¿un libro? ¿Un periodista? ¿Un opositor? Todo es posible. La censura se ha usado siempre como herramienta de aquellos que quieren esconder la verdad. La experiencia siempre mostró que prohibir, lejos de educar, lejos de ser un beneficio, será una limitante de expresión para una generación que enfrenta problemas todos los días. Una generación que vive en un mundo complicado y que ha convertido esos problemas en inspiración para sus letras, como ha sido siempre en diversas expresiones culturales: el rap, la canción de protesta latinoamericana, el hip-hop, el grafiti…
Pero ahora parece más sencillo sancionar a un cantante o silenciar una canción que voltear a ver el verdadero problema. Vivimos en un país donde la censura está latente, porque es más fácil callar al que canta que capturar al que mata.