
César Froylan Ramírez Zavala - Estudinate en Licenciatura en Derecho
Cuando hablamos de las motivaciones que fundan nuestros anhelos, seguramente viene a nuestra mente una lista inmensa de cosas que queremos lograr y tener en nuestra vida. Hace poco, en un chat de la universidad, varios compañeros compartían los sueños que desean alcanzar, los cuales van desde comprar una casa, estrenar un auto, viajar, conocer pueblitos mágicos de nuestro país, entre otras cosas.
Vivimos una era de estancamiento económico; vemos violencia, personas que viven en condiciones de pobreza, abusos, discriminación, y las redes sociales nos permiten observar la escasez de valores. Estamos ante una realidad que aleja de nosotros todo aquello esperanzador, que nos hace sentir que, para lograr aquello que más queremos, tendremos que armarnos de una coraza que nos ayude a esquivar los obstáculos, pero que, ante todo, no permee en la razón de nuestros esfuerzos.
Quizá ya elegiste ser contador(a) público(a). Ahora mírate lográndolo: con la capacidad de crear las mejores estrategias fiscales, proponiendo tácticas que beneficien a la empresa o, mejor aún, encontrando un plan que permita mejores condiciones de vida a las personas que están a tu lado, dando lo mejor de sí mismas para cumplir sus metas.
¿Qué ocurriría si tu vocación se dirigiera a la ingeniería? Estoy seguro de que de tu mente saldrían ideas inspiradoras; harías uso de las ciencias y las matemáticas para diseñar, construir, mantener y mejorar sistemas; propondrías estructuras más innovadoras, seguras y futuristas; desarrollarías tecnologías que facilitarían procesos, haciendo más eficiente y productiva una idea.
Existen muchas profesiones. Estoy seguro de que en más de alguna te has proyectado, pero hay algo, siempre en el fondo, que nos impulsa a ir hacia lo que más nos agrada. ¿Quieres ser médico y ofrecer tus conocimientos buscando el camino más corto hacia la recuperación de tu paciente? ¿O prefieres ser solamente quien hace lo que le toca, quien no se esfuerza por dar el extra, que no desea mitigar el dolor de otros, que no busca hacer extraordinario el día gris de alguien que acudió a ti buscando resolver una necesidad, que confía en tus capacidades y en tu profesionalismo?
Esfuérzate por conducirte hacia aquella vía en la que el único trayecto es rumbo a la mejor manera de hacer las cosas; hacia donde alcanzas el grado de satisfacción que te permite ser leal al niño pequeño que, dotado de gracia e ilusión, se imaginaba ejerciendo su más grande pasión. Estoy seguro de que tú también tuviste, muchas veces, sueños así.
¿Cómo lograrás alcanzar lo que deseas?
La respuesta está en ti: en tus motivaciones, en tus anhelos, en el compromiso superior que nace de ti, en la lealtad interior de tus deseos más nobles. Y si ya sabes hacia dónde quieres ir, prepárate y aprende todo lo que puedas. No dejes el más mínimo sentimiento de duda en tu camino de formación: lee, analiza con detenimiento, ten un espíritu curioso que te conduzca a adentrarte en el ecosistema del conocimiento más denso, uno en el que tú mismo estructures, con asombro, aquello que consideres vital; que, al mismo tiempo, te haga contener esa emoción
por lo que vas descubriendo y haciendo parte de ti, aquello que será tu herramienta y que hará mancuerna con tus talentos mejor desarrollados.
Si eres parte del grupo de personas que aún se pregunta: ¿Para qué soy bueno? ¿Cuál es mi talento? ¿Qué profesión podría hacerme más feliz? ¿Con cuál podría tener una vida más plena? —podrías preguntarte también— ¿Qué necesidad deseo cubrir?
Si quieres hacer algo, busca la mejor manera de llegar cansado a tu cama, pero con la satisfacción de haber transformado el día de alguien. Que aquello que hagas para sostener tu vida económica tenga el extra de ir acompañado de lo más esencial en tu vida: tu pasión por las cosas que haces.
Debemos reprogramar nuestra mente, orientarla hacia la esperanza, levantarnos cada día más libres, más sanos, más vivos; motivados a aprender, movidos a emprender en respuesta a una necesidad, dando ese paso, objetivando aquello que más deseamos.
Te pregunto: ¿Qué haces para generar abundancia? Y esto no solo hace referencia a lo económico, sino a sentir todos los días ese estímulo de paz, de compromiso con los que están a tu alrededor; esa convicción de que permaneces siendo parte de una comunidad que, en la suma de sus esfuerzos, pone todo de sí para transformar su realidad y ser promotora del cambio hacia lo bueno, capaz de avivar tu ingenio para atraer la prosperidad que tanto deseas.
Piensa ahora: ¿En este momento, cuál es tu rol de vida? Quizá aún eres dependiente de tus padres, y entre tus motivaciones está devolver, en algún momento, todo el esmero y cuidado desinteresado que has recibido de ellos. Ese también es un buen motor de impulso para incentivar tu camino al éxito, y es muy loable que quienes te están sosteniendo te acompañen en la conquista de cada objetivo alcanzado.
Cuando sientas menos motivación por continuar algo, vuelve al amor del principio: donde tu sueño era más brillante en tu interior, donde su calor encendía tu corazón y tus fuerzas hacían lo impensable. Dale paso y deja que tu recuerdo lo avive; permite que sea más vibrante para resurgir. Mentalízate: solo tú conoces el ardor de tus anhelos. Siente tu ser disfrutando ese momento.
Vivir con pasión cada instante es un signo vivo de la convicción de nuestras elecciones. La vocación está en el ser; esa inspiración hará que tu actitud sea la correcta. Si conviertes lo que piensas y lo materializas, harás que se vuelva realidad. Esa es la mejor manera de concretar los sueños. Dios ya te dotó de los elementos necesarios, de las capacidades y talentos que harán que construyas lo que más anhelas.
Tu autonomía, la libertad financiera que deseas, el éxito en lo que alcances, solo son una traducción del empeño, de la pasión, de ese sentimiento intenso de entusiasmo que pones en lo que te encanta. Sé un aficionado de tus sueños y aviva en ti el impulso de conseguirlos cada día.